Los buenos aires de una década difícil en el territorio del Áysen
Oscar Aleuy Rojas, Colaborador - 28-08-2013


Toda esa increíble década de los años 30 estuvo en el territorio de Aysén haciendo sufrir a una comunidad en formación. Acaso sea el primer movimiento uno de los más difíciles de soportar, ya que estaba todo armándose, preparándose, enhebrándose recién un envión inicial que dolía.. Pasearé por entre aquella neblina, a ver si logro salir al otro lado. Corrían los primeros días del invierno de 1932 cuando ocurrió el fatídico accidente del camión que iba llegando al Balseo luego de trasponer el puente viejo, con un cargamento de unos 8 individuos de tropa, algunos de los cuales no pudieron sobrevivir cuando el vehículo se precipitó a las heladas corrientes. Todos los carabineros viajaban en la carrocería del viejo camión y todos por parejo iban protegidos por sus mantas de castilla, algo que empeoró su situación cuando cayeron al río, ya que no pudieron nadar. Hay un monolito recordatorio en esa recta que enfila hacia el puerto por el camino antiguo.

Aquel mismo invierno en Puerto Aysén, el secretario municipal rogaba a los comerciantes se apresuraran en presentar las cuentas, facturas o vales que tengan en su poder, firmados y timbrados por el Secretario saliente para proceder a su cancelación. Por esos centros comerciales de la calle Chile Argentina funcionaba en esos tiempos el recordado Teatro Imperio de Aniceto Laibe, un lugar cómodo y espacioso, tanto así que daba para mucho, incluso para veladas de boxeo, mitings políticos y hasta para una frutería. Se llamaba Frutería La Central y venía llegando de Puerto Montt para exhibir su mercadería y el propietario no encontró mejor local que éste del teatro Imperio. Llegó a un acuerdo con el propietario, que arrendaba todo lo que venía por el camino y en un dos por tres el elegante biógrafo desplegó verduras frescas  que se iban surtiendo por las llegadas  periódicas de los próximos Coyhaiques o próximos Fortunas, o próximos Huandad como se acostumbraba anunciar. A ello había que agregar aromáticos pejerreyes y centollas que provocaban las delicias de quienes se quedaban alojando en el cómodo hotel.

En forma paralela se avanzaban las obras del camino a Coyhaique, debiendo sortearse puntos de gran dificultad como los Farellones y los Caracoles, por todos los de aquella época conocidos. Este llamado camino internacional estaba a cargo del “intelijente y activo injeniero” (sic) don Roberto Avaria, cuyo injerencia fue fundamental para llegar a rematar las obras en unos pocos años. En la época que hablo se habían comenzado recién a modelar los presupuestos para iniciar las obras de los Caracoles, un sinuoso camino ascendente que proponía anchurosas alternativas de avance, primero para carros y luego para los primeros camiones. Se sabía que la firma Durán Saavedra era la proveedora de los pertrechos necesarios para complementar la obra de los trabajadores, incluso instalando una pulpería en el Arenal que nuestros ancianos siempre recordaron cuando los entrevistaba hace unos treinta años atrás. Paralelamente a estas obras se estaba construyendo ya en los años 30 el camino a Ibáñez, a cuyo cargo se encontraba el contratista Rudecindo Vera Márquez, quien años más tarde sería un eficiente alcalde del puerto. Era fundamental para don Chindo el trabajo de despeje de mallines y selvas para iniciar el próximo año la implementación de la carpeta de ripio en aquel dantesco trabajo de construcción. Y eso no es todo, pues también se atacaba la construcción del primer camino de Valle Simpson a Balmaceda cuyas obras estaban a cargo del contratista Delfín Jara, con penosos episodios del avance.

El 31 de Diciembre de 1931, Puerto Aysén se preparaba para recibir el nuevo año y por todos lados se notaba cómo iban y venían los preparativos, grupos, familiares, vecindades y grupos sociales de diversa categoría. Sin embargo, a pesar de que en el hotel Español, en el Plaza y el Imperio cada cual entregaba las mejores ofertas para que todo salga a pedir de boca y queden los comentarios para los días siguientes, no hubo ni habrá nunca tan bellas fiestas de año nuevo como las celebradas en el mar, cuando uno u otro barco se quedaban ahí en el muelle atracados. El vapor Colo Colo estaba aquel año ahí y dicen los que estuvieron que no hubo ni habrá momentos de jolgorio como ese, algo que fue comentado y recordado por siempre en medio de las apreturas económicas imperantes y de la conflagración bélica internacional, cosas que incidían con mucha notoriedad en el precario territorio.

Lo demás se dejaría caer con el tiempo, se abrirían nuevos rumbos para una provincia en un principio fatídica en todo sentido, llegarían formidables líderes, se generarían una cohesión comunitaria de primera línea, capaz de derrotar cualquier adversidad y, sobre todo, se produciría una unidad espontánea, llena de bríos frente a las carencias, nacerían las instituciones y todo comenzaría a fortalecerse hasta lograr fundaciones, incorporaciones, tomas de conciencia, abrazos al forastero, geniales conductas de superación y aplicación correcta de estrategias para la vida. Será ese el verdadero comienzo de un territorio muchas veces abandonado e incomprendido en todas sus formas. Así nos lo muestra la historia.

El Divisadero TV
Entrevista al subsecretario de Economía en Aysén
Ver todos
Noticias Recientes
Puerto Cisnes: Detienen a dos sujetos e incautan marihuana y clorhidrato de cocaína
Caminata canina de 2K se realiza este sábado en Coyhaique
Sindicato pide al Gobierno gestionar celeridad en ejecución de planes de empleo en Chile Chico
Consejeros priorizan instalación de mamógrafo en Hospital de Cochrane
Portada
Cultura
Los talleres del área formativa que trae el festival Patagonia en Escena 2018
Panoramas
Muestra museográfica en Villa Mañihuales