La primera y segunda ocupación en Cisne Medio
Oscar Aleuy Rojas, Colaborador - 29-08-2013


Corrían los días gloriosos de mis espacios radiales en 1995, cuando a mis manos llegaban legajos, papeles, fotografías, álbumes familiares, libros de los abuelos, todo en una agrupación de objetos preciados que tenían mucho que ver con el lenguaje escrito más bien. De vez en cuando  me llegaban mates, herramientas, marcas a fuego, papelería comercial, carnets de enrolamiento o seguridades varias de los primeros pioneros que hasta aquí vinieron. Cierta vez recibí un antiguo libro de versos gauchos y cerca de la fecha, con un lapso inferior a dos semanas, un libro amarillento de un profesor aisenino empastado en géneros verdes y otro con cuero de nonatos, donde se contaba con mucha dificultad y desprolijidad la historia de la primera provincia.

Los documentos eran cosa de todas las semanas, las cartas para los concursos que conservo en su mayoría y otras se me perdieron por prestarlas, en fin. Recibí en la fecha que comento un documento relacionado con los primeros pobladores de Cisnes Medio, comprendiendo que el sector está dividido en tres: Alto Cisnes, Cisnes Medio y Cisnes propiamente tal, identificado como el Bajo Cisnes. Cosas de los pobladores.

Por allá por el medio Cisnes o Cisnes Medio hubo gran historia, aunque no para comentarla hoy, más bien quiero referirme y detenerme en las figuras de todas esas gentes magníficas cuyas presencias se quedaron grabadas aquí en la memoria y más profundamente aún, en las memorias de quienes compartieron con ellos y los conocieron directamente. El cuadro se pinta más o menos siguiendo este derrotero. Una docena de familias ocupan las primeras hectáreas de tierras y se hacen dueños espontáneamente. Pero no estamos hablando del 55 ni menos del 65. Hablamos de antes o durante, pero más de los principios de los 50, cuando yo era un bebé y me revolvía en el Coyhaique de esos tiempos. Ahí hacían su aparición las familias éstas, los Opazos de Miguel, los Arias Huentequeo, los Sandovales, los Loayza Campos, los Hurtado Canales, los Rosas de doña Amable, los Aguileras, los Aguila Opazo, los Cortés Sandoval, los Becerra y los Sandovales de don Máximo. ¡Qué parvada de personajes! Tal vez a usted le va a interesar algunas otras familias que no aparecen aquí y que usted conoce. Me pregunto qué espera para escribirme un listado a la manera que usted cree que es.

Todo esto comenzaba en el llamado Roce de Lucho en ese sector hermoso y victorioso de Río Grande, justo en este sector de Cisnes Medio. Seguramente un tal Lucho, cuyo apellido ignoro, se dedicó a acarrear troncos, ramajes y destronques para iniciar un gran roce que duró meses. Era difícil organizar los espacios y ganarle la batalla a la selva para el despeje, ya que en esos sectores de Aysén las selvas vírgenes siempre fueron impenetrables y espesas, de tal modo que sigue siendo incomprensible para puebleros como nosotros comprender la profundidad de este quehacer, parecido a faena de titanes, ahí, justo en ese ámbito extraño e impensado, donde en tiempos prehistóricos habitaron incluso monos e hipopótamos según últimos descubrimientos y asombrosas conclusiones.

Una media década más tarde, hacia los 55 ya comienza a haber destinaciones frecuentes de pobladores que se viene a quedar. Es aquí donde se aprecia con claridad el carácter de los cisnenses, la propensión del movimiento que les iba a caracterizar y esa especie de media vuelta que da la historia al querer señalar una separación entre los de antes y los de después de los 50. Ahora uno está de frente a otros rostros, a nuevas familias, a distintas actitudes. Es como decir, llegamos cuando ya estaba todo funcionando y los despejes y las radas y algunas sendas ya estaban paradas,  inventadas y listas. A lo mejor es cierto, aunque no hay que cantar victoria, ya que estos nuevos integrantes de la segunda ocupación también sabían hacer bien las cosas. Hablamos de los Figueroa Solís, con el rubicundo pionero Pascual y Carmelo Bahamondes, de Orozindo Rivera y doña Clorinda Opazo y su esposo José Mansilla.

Más al sur, en donde uno divisa la bonitura de Lago Las Torres, se había poblado también el famoso Humberto Gálvez, conocido por su mula de pilchero de color Chupilca llamada Paula, un rimbombante nombre en medio de las sendas solas.

Finalmente, nos estamos quedando esos típicos personajes que se adhieren al poblado que cobra vida y se quedan ahí, relegados a un acto de soledad máxima, y entonces los recordamos, en todo pueblo los hay y existen, y corren a la par con la institucionalidad de la vida formal. Ahí en Cisnes Medio respiraba Antonio Huelet, el minero del bigote ancho que nunca se sacaba una grasosa bombacha negra, cuyo color cubría la suciedad y las manchas eternas. Le acompañaba en sus correrías Nasadel Jaramillo al que todos nombraban Cuero Seco. Nombro también al terrible ladronzuelo Colipe, extraordinariamente rápido para apropiarse de lo ajeno, especialmente hacienda vacuna y lanar.

Y quedan marcadas en la memoria las evocaciones de las muertes por accidente, Hueicha cruzando el Cisnes crecido fallece por inmersión, Sánchez cortando un árbol a hacha muere aplastado por éste en el campo del mayor Rodríguez y don Cayetano cae risco abajo al soltársele la cincha a su caballo.

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