El primer trabajador de la Copec en Aysén 1927
Oscar Aleuy Rojas, Colaborador - 02-09-2013


Cierta tarde de invierno llegaba a la radio Santa María donde me encontraba en pleno jueves de grabaciones, don Vicente Muñoz Ballesteros, el primer trabajador de la Copec de Puerto Aysén y Coyhaique. Venía acompañado por dos parientes, que le ayudaban a subir las escalinatas del frontis y a sentarse en una silla para esperar que termináramos de grabar. Cuando finalmente salí, había caído la noche y don Vicente estaba ahí, en silencio y quieto, esperando pacientemente. Alguien de los que permanecían a su lado, creo que una secretaria morena, me comentaría días después que en ningún momento ninguno de los tres habló una sola palabra.

El tiempo se ha encargado de realzar y acentuar la imagen de este buen hombre, trabajador de los principios en medio de una demasiado ancha calle Chile Argentina del principal puerto ya la sazón la capital del territorio. Digo esto porque a medida que avanzan los años, el trabajo recopilatorio se engrandece y cobra dimensiones valóricas inmensas. Yo no sabía quién era este hombre, hasta que alguien me deslizó una carta que la familia había querido escribir al programa de los domingos. Días después apareció don Vicente en persona y le estreché lo más suavemente posible sus callosas manos de viejo. Creo que escuché decirme que estaba muy bonito lo que escuchaba los domingos y que le gustaría aparecer ahí con su voz, y lo mismo de siempre, que algunos que salían sus voces habían llegado mucho después que yo. Lo que vino después es lo que siempre ocurre, activar grabadora, invitar a conversar, registrar todo.

Avanzaba por la vida con muletas, pues había tenido un feo accidente con una máquina en un aserradero. Según un cronista de la época, este señalado despachador de bencina trabajó la friolera de 9 mil 125 días sin faltar una sola vez a la labor. Esto equivale a alrededor de cien mil horas laborales y en esos días el asombro se hubiera instalado alrededor de la noticia. Hoy no.

Fue en 1927 que comenzaron a despacharse los primeros litros de bencina como producto a la venta en la provincia de Aysén, y era en los únicos depósitos disponibles que consistían en surtidores muy especiales que se ven en fotos antiguas, de estructura hexagonal altos y angostos, y a los que cubría siempre una esfera redonda en la parte superior. Hubo varios. En calle Chile Argentina se podían observar dos y también uno aquí en calle Baquedano que según lo que me han contado fue instalado y explotado por don Saturnino Galilea y otro por el casi nunca nombrado italiano Molettieri. Fue ese año justamente en que hicieron su aparición los primeros vehículos motorizados que ocupaban los escasos caminos de trocha angosta entre las estancias, especialmente el tramo que endilgaba desde la Administración de la Escuela Agrícola hasta Puesto El Zorro, Coyhaique Alto, ruta Punta El Monte, Ñirehuao hasta entroncar en El Balseo. Anterior a eso los vehículos circulaban por sobre esos malos caminos de las estancias y muy pocos disponían de combustible que traían de los poblados argentinos para autosurtirse. Como había pocos transportistas, ellos, los privilegiados José Calvo y Chepo Muñoz surtían a los camioneros.

Cuando se instaló Copec en el puerto fue una fiesta, ya que los escasos camioneros de entonces sabían que no tendrían que ir a conseguirla a nadie, menos ir a la Argentina a comprarla. Ahí vieron por primera vez al joven con muletas. Ganaba un sueldo de 180 pesos y era afable y acomedido con los exclusivos clientes ayseninos. El primer agente para la zona de la Compañía de Petróleos de Chile estaba ahí, trabajaba y representaba en Aysén. Se llamaba Luis de la Quintana. Pero quien ayudaba, estimulaba y aconsejaba verdaderamente al novel trabajador Muñoz era don Francisco Pancho Quezada, uno de los camioneros más emblemáticos de las primeras rutas ayseninas. Gracias a él, gracias a sus gestiones y la fuerza de sus convicciones, pudo llegar la agencia de la Copec a esta zona. No sólo puso la fianza que se necesitaba para el trámite (una especie de cheque en garantía actual), sino que además por la defensa a ultranza de esta alternativa, conformando una seguridad total para el cometido. Posteriormente pasaron como agentes por la Copec don Fidel Henríquez Cornish, don Roberto Cárdenas y don Ramón Fernández Diez.

En un principio la bencina se vendía en galones de 18 litros, las recordadas latas de gasolina. El litro costaba 85 centavos y los pequeños depósitos de almacenaje que quedaban en un local comercial que estaba justo en el lugar de expendio, permanecían siempre abarrotados de latas, en un tiempo en que los niveles de seguridad eran bastante precarios.

Se le brindó un justo reconocimiento en Julio de 1962 a este trabajador vitalicio Vicente Muñoz Ballesteros, cuyo retiro se produjo por los años 80. El mismo pidió el día que fuera homenajeado, que el premio y el estímulo que recibiría por parte de la Municipalidad, se lo entregue don Pedro Schulteiss, quien fuera el primer chofer que efectuara el recorrido Coyhaique-Aysén. En esa época don Pedro ya había fallecido, y Muñoz no lo sabía, por lo que se le asignó el honor a su amigo Pancho Quezada.

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