El legado de William Saunders
Oscar Aleuy Rojas, Colaborador - 05-09-2013


Hablar de William Saunders es estar junto a hombres y figuras que marcaron importantes sendas de progreso para que el pueblo de Coyhaique mantuviera firmes sus bases de crecimiento.

Don William en el recuerdo había nacido en la sureña Punta Arenas y su descendencia británica le entregó fortaleza y decisión para venirse a habitar a la inhóspita tierra de Aysén.

Durante sus inicios, el señor Saunders destacó preferentemente por sus acciones de administración de la estancia de los ingleses en su base de operaciones de Coyhaique Bajo y también allá en Puerto Cisnes. Era un destacado funcionario de Vialidad. Manejando junto a muchos otros la difícil etapa de abrir caminos nuevos para una provincia semi abandonada. Don William era empleado de la firma Campos-Menéndez de Magallanes y la vida de las compañías le fue llenando de profundas vibraciones acerca de esta tierra que se le mostraba entera. Era una tierra donde todo estaba por hacer.

Su lucha se centraba especialmente en conferir el progreso a cada uno de los centros de poblamiento de las nacientes aldeas,  entregando esfuerzo y voluntad, tesón y entusiasmo, al igual que muchos como él que día a día se incorporaban al avatar de la provincia. Unido a su esposa Helen, inglesa como él, y que le acompañó muy cercanamente en los tiempos de su cometido como administrador de la estancia de la escuela agrícola, donde procedían a demostrar sus dotes de inteligencia y corrección.

Fue en 1941, cuando ocupaba el cargo de regidor en la Municipalidad de Puerto Aysén, cuando una provincia entera dependía de la ingente labor de esta circunscripción, que le vieron desplazándose con sacrificio entre ambas ciudades, tratando de cumplir horarios difíciles, misiones urgentes, compromisos ineludibles.  Después vendrían sus descollantes participaciones en la Ogana como gran dirigente, dentro de las filas del Rotary Club, las Juntas de Adelanto, los centros de padres, la Liga Protectora de Estudiantes, los clubes deportivos.

En una de las obras grandes en que estuvo presente don Willy fue en la solemne inauguración del Grupo Escolar en 1949. No existen fotos del histórico instante, y creemos que aquello constituye un lamentable descuido. Se le vio junto a su esposa compartiendo minutos de gloria con profesores y autoridades, con una comunidad esperanzada en la magnífica obra que recibía por parte de los constructores, arquitectos y autoridades educacionales de la época. Eran los tiempos de gran dificultad, cuando había que afianzar a todo trance el futuro académico de cientos de niños y jóvenes en edad escolar.

Se insertó plenamente entre la comunidad de los ingleses que comandaban los destinos de la producción y administración dentro de los ámbitos de una estancia donde no podía faltar de nada. Confundido entre los sucesos de una economía indetenible, con extraordinarias confluencias organizativas, una actividad social sin precedentes y un espíritu comunicacional a ultranza, los trabajos de aquella estancia con don Willy y su esposa a la cabeza resultaron verdaderamente descollantes.

La noticia de su muerte impactó a una comunidad abigarrada, poco habituada a imponerse de urgentes acontecimientos. Don Willy fallecía en plena vía pública, a la vista de muchos que le rodeaban, en los mismos instantes en que se encontraba apoyado en una de las ventanillas del antiguo Banco del Estado de la calle General Parra, cuya antigua construcción aún existe. Allí, en el preciso momento en que el destacado administrador inglés efectuaba un depósito, un fulminante ataque cardíaco le hacía caer al suelo, siendo infructuosos los esfuerzos de sus amigos y conocidos para devolverle a la vida.

Con la muerte de William Saunders se cerraba todo un capítulo de abnegación y entrega de este gran hombre al que Coyhaique y la provincia le quedaron debiendo bastante. Gracias a él, numerosas instituciones se vieron favorecidas y crecieron. Hizo grandes y muchísimos amigos, tanto él como su mujer, una dama de alcurnia que inspiraba gran respeto. Con ella viajaría Isla de Pascua, permaneciendo allí por espacio de tres años para regresar a Coyhaique a continuar trabajando.

Nuestra gente coyhaiquina hay que seguir conociéndola, no sólo a través de estas columnas, sino de la historia, de la trayectoria y de sus obras, haciendo lo posible por estar a su lado, y traer hasta el presente sus profundas huellas de tiempo.

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