Ñirehuao y Baño Nuevo, áreas de faenamientos y movilizaciones
Oscar Aleuy Rojas, Colaborador - 17-09-2013

Ñirehuao se constituye en el primer trozo de pampa elegido por los ingleses que llegaron a administrar tierras. Un área de valle pampero que servía con gran aptitud para las faenas de acorralamiento y faenamiento de la masa ovina más gigantesca de que se tenga memoria. Una vez elegido el lugar se inició un rápido plantío de arboledas que eran alamedas y sauzales  a modo de protección, al mismísimo estilo de muchas estancias ganaderas diseminadas en los aledaños argentinos. Al lado de este sector estaba Baño Nuevo, a unos 14 kilómetros como motor procedimental para  el ganado que llegaba de faenas de esquila, un lugar plano y en línea recta para albergar en la misma dirección gran cantidad de masa ovina, similar aunque diferentes en funciones, cuerpos de viviendas diseminadas en espacios que no presentan ni calles ni manzanas en dirección oriente-poniente. En los tiempos que se sitúa esta crónica (1968), Ñirehuao había sufrido expropiación por la Cora, Corporación de la Reforma Agraria, lo mismo que Baño Nuevo que ya presentaba bien delineadas sus dos partes, la antigua y la nueva, la que levantó la sociedad y que se caracterizaba por la presencia de árboles crecidos junto a los baños de las ovejas y la reciente, que estaba delimitada por algunos cuadros de asomos de manzanas y otras referencias visuales de ciudad. Al centro de la vida, como siempre en Aysén, la cocina. Pero no era el cuarto grasiento ni fumoso, sino el área real donde almorzaba y mateaba la peonada desde las siete de la mañana cuando el cocinero llamaba a desayunar formalmente antes de las faenas. Ya se había construido una especie de cancha de fútbol donde una docena de peones se reunieron muchas veces a jugar para que unos cuarenta observadores no se perdieran detalles de los lances futboleros y de sus correspondientes libaciones de vino y malta. A este sitio deportivo se sumaban otros auténticos espacios para la reunión cotidiana, como la casa de huéspedes para unos seis comensales y otro fogón dormitorio cerca de ahí para otros cinco alojados, que se unía al dormitorio grande para peones que era capaz de albergar unas quince personas más o menos sin olvidar que se añadía una sala especial para tomar mate y jugar a los naipes. Los lugares de trabajo estables en la estancia eran sobre todo donde se faenaban animales en el llamado matadero, donde había dos matarifes trabajando en jornada de mediodía para formalizar la mayor cantidad de gente en el galpón de esquila, la construcción más grande donde laboran una treinta personas por una temporada al año en el mes de enero. En total en el villorrio vivían y convivían unas setenta familias y sus quehaceres no eran motivo para no compartir en reuniones de grupos donde se exaltaba la alegría triste del peón pobre y se iba de aquí para allá buscando destinos. Había corrales y pesebreras para las cabalgaduras y un pequeño almacén que se abría sólo si alguien iba a comprar. También existía un galpón de secado de cueros, una jaula para perros y un gallinero junto a la llamada pieza de guardar. Los baños eran pozos negros como se acostumbró durante mucho tiempo en todos los puntos campesinos de la provincia. Aún hoy se acostumbra ese tipo de servicio llamado el fondo, que es una letrina con techo y puerta cerrada donde hay que respirar por la boca para no llenarse el cerebro con las fetideces. En Ñirehuao había una visita mensual de médico, enfermera y dentista. Funcionaban un centro de madres y un club deportivo con cincuenta socios activos. La escuelita no daba abasto, debiendo recibir, además de una población estudiantil local, aquellos estudiantes que venían cabalgando desde lugares cercanos. Los caminos eran pésimos, sortear distancias era una verdadera odisea para movilizarse a los lotes Santa Gabriela, La Esperanza, Arroyo El Gato y algunas fincas de los alrededores donde vivían y producían ganaderos y campesinos solos. Había un boliche que era el más concurrido por su cercanía y por su gran surtido, que estaba ubicado a unos tres kilómetros de la frontera. Se llamaba Almacén La Estrella y también ofrecía expendio de licores y gaseosas y se había convertido en un concurrido punto de reunión entre comunidades chilenas y argentinas. Los habitantes de las pampas llevaban una forma de vida especialmente de ellos, absolutamente conscientes de lo que vivir así significa, gente desamparada y solitaria que se agruparon y no se esparcieron para enfrentar los enormes desafíos en medio de un lugar, plantando árboles que cerraron toda intromisión de las amenazas (viento, frío, coacciones y gente extraña a ellos). Había una diferencia fundamental entre Ñirehuao y Baño Nuevo, porque mientras en el primero las familias se formaban ahí rápidamente por su conformación natural para habitar, con correo, escuela y lugares públicos, no ocurrió lo mismo con Baño Nuevo que se quedó como estancia donde acudían los peones solos a hacer uso de los servicios laborales habituales de la estancia, sin formar núcleos familiares ni grupos citadinos. Se trató en ese tiempo de empequeñecer la inmensidad de la pampa, tratando de formar una agrupación resguardada con sauces que hagan las veces de muros naturales, con espacios públicos, espacios de juegos, de reuniones, capilla, escuela, plazoleta. Ya entonces había que pensar en eso y se hizo, incluso en un lugar de mateadas públicas cerca de la cocina de peones y definir el centro de reuniones y accesos públicos inmediatamente al lado del camino que llevaba a Argentina a fin de lograr una rápida masa de gente que se pasara a quedar para siempre.
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