El sector de la Estancia Ñirehuao en la década del 10
Oscar Aleuy Rojas, Colaborador - 03-04-2017

Hace 93 años atrás se estaban produciendo movimientos sigilosos en el sector de Coyhaique Alto y Ñirehuao, conocido por entonces como el Campo Bandera, donde se atenuaban los manchones de bosque de ñire para dar paso al coironal raleado. Hacía poco que Juan Antonio Carrasco Noches, conocido como el gran bagualero del Bandera, a las órdenes de la administración inglesa, había descubierto un gran cementerio indígena en las inmediaciones del Monte Coyhaique, un pico de  unos mil metros de altura, haciéndose famoso por ello. Míster Mac Donald asesoraba a su colega administrador Míster Anderson en la Estancia Coyhaique y por esos lados cercanos a la frontera poco y nada se veía, salvo las mangas en gigantescos corrales de ovejas en número superlativo y gran cantidad de caballares.

Por entonces, el trazado caminero propuesto por la Comisión de Límites había sido descartado por improbable y, en cambio, se había optado por seguir una huella al sur del río Coyhaique con destronques y despejes a través del monte raleado en un anchor de 20 metros y con inclusión de envaralados en sectores mallinosos. Por ahí se deslizaba el nuevo camino incluso hasta las faldas del Cerro Mano Negra que era un poco más alto que el anterior, hasta encontrarse con dos lagunas entrecerradas por un monte disperso, llamadas Del Toro y Escondida. Ya en esos lejanos tiempos se advertía una mancha extraña en la senda recién construida, que quedó para siempre bautizada como la Meada del Toro. Saliendo del campo Bandera y unos 8 kilómetros en dirección al Norte aparecía el famoso Puesto El Zorro, una construcción de fierro galvanizado hecha de palo amordazado y con un corral contiguo. Desde ese punto y hacia el Este partía el camino a Río Mayo, constituyéndose el lugar en punto de término de la llegada del proyectado Ferrocarril que la Compañía planificó para unir Puerto Chacabuco y hacer nacer un punto de llegada y acopio de la lana para las estancias existentes. Y de paso obviar el difícil tránsito de las carretas por caminos poco confiables. Hubiera sido una solución maravillosa ese proyecto, pero no llegó ni siquiera a iniciarse. La construcción de dicho ferrocarril había sido informada por el Ingeniero José Koch en 1915 y estaba proyectada su ejecución para 1917.

Coyhaique Alto era un lugar plano y extenso y curiosamente lo que más llamaba la atención era la presencia de dos grandes vergeles o huertas de regadío de 5 mil hectáreas cerca de un brazo del río Coyhaique, lo que llamaba la atención por ser éste un lugar de suyo nevador, con hasta 60 centímetros de nieve o más. Por ese lado se alargaba el camino de 75 kilómetros hasta Río Mayo y se alzaba la llamada Casa Coyhaique construida por la Comisión de Límites por esta década y que con el correr del tiempo sería la Comisaría Fronteriza. También se había levantado una Casa de Ovejeros con palo amordazado y techo de zinc, una Cocina de Peones, una Pesebrera y un Baño para Ovejas de unos 23 metros con corrales, secadero y galpón. La Casa de Ovejeros de Coyhaique poseía algún tipo de comodidades intermedias, con tabiques empapelados con imágenes de la segunda guerra recortadas de viejas revistas.

En pleno invierno, llegar a la Estancia Ñirehuao desde ahí era largo y penoso a pesar de la poca distancia, por un camino ascendente hacia el Noreste. En un momento determinado el camino pasaba por un portezuelo de nombre Punta El Monte cercano a unos mil metros de alto con cerros escarpados. Se notaba el gran viento y se comentaba que la nieve alcanzaba hasta los 60 centímetros. Al descender hacia el Este, en la depresión del Arroyo Ñirehuao, aparecía el Cañadón Casa de Piedra, con una casa del mismo nombre que se emplazó en el lugar y que fue visitada y ocupada por Perito Moreno en 1896. El suelo aparecía cubierto de una especie de lava rojinegra con arcillas y elementos de humus vegetal. Por doquier, a través del Arroyo Goichel, grupos de avestruces alcanzaban al camino y cóndores planeaban a gran altura.

A unos 30 kilómetros de Coyhaique Alto estaba Ñirehuao. El río Ñirehuao se llamaba Goichel en su primer curso. Nacía del cerro Katterfield, recibiendo desde su orilla izquierda las aguas del Arroyo Mano Negra por cuyo alrededor se desplazaban valles extensos en unos 45 kilómetros. Fue ahí que llegó a establecerse el colono Juan Richards, quien tuvo posteriormente que ser desalojado y vender sus ocupaciones. Por aquel puesto de Richards pasarían en tiempos antiguos los exploradores Fischer y Steffen hacia 1897, cuando el colono galense vivía allí con su hermano Guillermo, a la orilla del Arroyo Richard, afluente del Ñirehuao. Constituía aquel el único punto en medio de esos valles y cordilleras, siendo aquellos terrenos extremadamente feraces y pródigos para labores ganaderas, no así para las agrícolas.

La Compañía, conocedora de estos antecedentes, tuvo en Ñirehuao sus más fervientes espacios para la explotación ganadera, considerándolas como una de las mejores de todas sus tierras concesionadas. La sección Ñirehuao se dividía en 20 potreros y 11 puestos provistos cada uno de un corral y anexos distribuidos en diferentes campos, a saber, Punta El Monte, Puesto 10, Pampa Alta, De los Borregos, Laguna Escondida, Puesto Chico, Los Vacunos, El Mallín y El Mallín Grande. La ubicación de la estancia propiamente tal ocupaba el mismo lugar que antaño dispusiera para ello el galés Juan Richard. Las construcciones encontradas eran las siguientes:un Baño para Ovejas de 28 metros, con corrales de aparta y secaderos; el Galpón de la Carpintería, el Galpón de Carneros, la Caballeriza, una Bodega Anexa, el Gallinero, la Perrera, la Casa de Administración con Cocina, Lechería, Galpón para Leña, Establo, Bodega, Almacén, Casa del Almacenero, Casa del Cocinero, Comedor de Peones, Comedor de Ovejeros, Dormitorios para 50 individuos y Cocina. Junto a la Estancia existía un gran Corral de Hacienda de 145x100 metros, construido con palo a pique y divisiones de tranquillas.

Una notable Casa de Administración presentaba espacios muy cómodos y bien pensados, construida con madera de ñire forrada con tingle, un corredor abierto en el primer piso, una mansarda con tabiques exteriores de poca altura que buscaban el segundo piso, ventanas en forma de lumbreras o claraboyas,  y en el exterior una espaciosa quinta que contribuía a reforzar el estilo británico de la construcción.

A unos 13 kilómetros rumbo al Este, se avizoraba el muy renombrado Baño Nuevo que, como su nombre lo indica, era un área destinada a baño, con una construcción para tal efecto de unos 30 metros, un galpón, una casa de madera de zinc y una cocina. Por ahí se observaban las ruinas de Puesto Viejo, la Estancia de la Comision de Límites y la Casa Steinfeldt, que constituían construcciones precipitadas y adhoc para visitas inspectivas de autoridades argentinas durante pasados litigios pero absolutamente inútiles después.

Finalmente, una sección conocida como Arroyo Verde, también de concesión de la Sociedad ganadera comprendía tres secciones separadas, a saber, una cruzada por el Arroyo Verde; otra atravesada por el Arroyo Seco y la última al Noroeste de la Loma de Cantausch. La estancia mostraba una pequeña población compuesta por una pulpería, una posada para viajeros, un cuartel de policía y una reunión central para el escaso movimiento de la argentina Pampa Senguer. Parece ser que, como bien lo mencionan algunos estancieros del lugar, los trabajos de producción y esquilas se realizaban en la misma sección, llevándose inmediatamente la lana al puerto, pero la contabilidad y la administración se efectuaban en el lado argentino.

Por ese mismo sector funcionaba ya entonces la conocida Aldea Beleiro, familiar lugar argentino donde mucha gente chilena llegaba a efectuar compras y a solazarse con las haciendas y actividades camperas del hacendado Rafael Beleiro, un gallego gordo de acreditada fama y renombre que tenía ese boliche con su socio Pérez, donde se vendían quillangos, botas, whisky, provisiones y calzado y se tomaba la mejor cerveza en medio de un viento implacable. Este sector pertenecía a Río Mayo, donde también estaban los negocios de Delfín Jara, Miguel Zerkis, Alberto Hasin y Francisco Uad.

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