VIAJE AL CIELO DE LOS CANALES
Ricardo E. Ortiz Barría
Redacción, Diario El Divisadero - 08-08-2008

 

Alberto Achacaz Walakial (1929 -2008)

 

 

 

La tarde del pasado día lunes a los 79 años de edad, emprendió el viaje final hacia el cielo de los canales, el artesano kawesqar Alberto Achacaz Walakial, uno de los últimos hablantes de dicha lengua.

Escribir acerca de quien era uno de los últimos representantes de los denominados canoeros australes, aquellos nómadas navegantes que durante siglos, surcaron los canales entre la isla de Wellington y la zona de Punta Arenas, llegando hasta desembocadura del Río Baker y el lado sur de la Península de Taitao en nuestra región de Aisèn y su pueblo, no es fácil, por ello, compartiremos con ustedes algunos fragmentos del libro testimonio del periodista e investigador magallánico Carlos Vega Delgado “Cuando el cielo se oscurece” (Samán Arkachoè), Historia de Vida, testimonio alacalufe de Alberto Achacaz Walakial. Punta Arenas 1995. En el, este navegante pescador y artesano, relata como eran la vida y las costumbres de su pueblo “Los kawésqar, hombres y mujeres sabíamos nadar (lales). Los niños también aprendían. Se comenzaba en la orilla del mar, de a poco, avanzando hasta llegar a lo profundo. Nadábamos moviendo los brazos hacia delante y los pies hacia los costados. Las mujeres también lo hacían así. Ellas aprendían a bucear (skoi). Se tiraban al agua como buzo-ranas. Se sumergían pataleando. Se tiraban desnudas (tayeskas) y después cuando salían, se ponían la ropa. No se enfermaban. No sé qué es lo que tenían. No les venía resfrío, nada. A veces se tiraban al agua con el tiempo nevando y escarchando. Claro, entonces había mariscos (...)”.

     Drásticos y definitivos fueron los cambios de su hábitat y el progresivo desaparecimiento de su gente, a los que dolorosamente debió asistir durante el siglo XX  uno de los últimos kawesqar puros. Nacido  en Puerto Edén en 1929 (según su acta de nacimiento) se dice que Walakial, porque ese era su nombre originario, tenía se dice, cerca de 90 años. Obligado por razones de sobre vivencia, debió emigrar a hace ya 25 años, a la ciudad de Punta Arenas junto a su compañera Margarita Auxiliadora Edén Molinari, mujer de la misma etnia originaria, que falleciera también en la misma ciudad en 1999.

Desde muy joven, Alberto Achacaz debió triste, callada y dolorosamente asumir que ya no saldría en su hallef (canoa) a cazar y a mariscar que sus ropas confeccionadas de cuero de lobo marino serían desechadas, que el uso de la grasa de foca o lobo, que era la forma única y natural para impermeabilizar el cuerpo que su gente venia utilizando por milenios para proteger sus cuerpos del helado y lluvioso clima había sido “prohibida”. Así fue como a comienzos de los años 80 junto a su Margarita, inevitablemente, debió enfrentar  un nuevo y  muchas veces hostil cambio en sus vidas. La vulnerabilidad social y  el abandono de parte de las autoridades a que ambos estuvieron expuestos, debe llamar aunque ya es demasiado tarde, a una seria y profunda reflexión. Ya están casi totalmente extinguidos, estos verdaderos resguardadores de nuestra memoria ancestral, que muy poco o nada hemos sabido reconocer y valorar. Varias veces se hizo público, el estado de abandono en que vivieron, las serias dificultades de adaptación a la urbe que debieron enfrentar, pero nunca fueron tratados con la sensibilidad social que requerían, ellos eran seres distintos, y manifestaban sus emociones no con la palabra sino con la expresión triste y desesperanzada de sus rostros, era en ellos en donde se veían clara y constantemente reflejados, sus sordos y desgarrados clamores. En reiteradas ocasiones,  su desamparo fue noticia y prestamente, hay que decirlo, las autoridades de turno, aparecían prestas y diligentes, diagnosticando inequívocamente y con gran certeza que “ellos no están en estado de extrema pobreza, su real condición es de abandono y vamos a implementar todos las medidas del caso”…luego…, al fugarse micrófonos, cámaras, grabadoras o plumas comprometedoras, de nuevo el olvido, el silencio y la indiferencia; en tanto nosotros, los “civilizados, progresistas y globalizados”, seguimos sin ser capaces de reaccionar, asistiendo una vez más como fríos e insensibles espectadores, a un verdadero “asesinato” ancestral.

Nos será difícil  el no seguirlos recordando, ella trashumante, sin renunciar a su genética y ancestral condición de recolectora, recorriendo con sus canoas en miniatura de cuero de lobo marino y sus canastillos de junquillo las calles y él, en la plaza de Punta Arenas, ofreciendo sus artesanías, elementos todos, fabricados con técnicas heredadas de sus antepasados. Y más importante que eso, verlos hablar y comunicarse en lo que era uno de sus más preciados tesoros, su lengua kawesqar, especialmente su Margarita una de las pocas hablantes, quien hasta su muerte, mantuvo y difundió las costumbres y tradiciones de su pueblo.

Con la partida del último kawesqar puro, ha desparecido uno de aquellos irrecuperables eslabones, que nos unían con la memoria ancestral de la única etnia originaria de nuestro extremo austral, que por su condición de nómadas navegantes, logró relacionarse con los yámanas, los selknam y más al norte con los chonos.

Alberto Achacaz Walakial se ha ido, cerró sus ojos para siempre la tarde del pasado lunes, ha emprendido el viaje final al reencuentro con su Margarita, para juntos, iniciar el camino hacia el  paraíso del Xolas, en el límpido, diáfano y puro cielo de los canales.

 

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