Cerro Mackay: Vigilante e imponente
Redacción, Diario El Divisadero - 24-02-2018

Este cerro constituye la postal más reconocible de Coyhaique, la capital de la Región de Aysén, fundada el 12 de octubre de 1929, justo al norte del cordón Divisadero del que el Mackay constituye su elevación más occidental. 

a montaña se alza hasta los 1.205 metros de altitud sobre el valle labrado por la confluencia de los ríos Coyhaique y Simpson. Desde el punto de vista geológico, si bien las tierras bajas de la ciudad son resultado de la sedimentación marina, la estructura del Mackay y su vecino oriental, el Divisadero, corresponden a cuerpos de roca intrusiva y cuellos volcánicos del cretácico superior, conformados ambos por rocas de estructura columnar y superficies apenas cubiertas con una delgada capa vegetal. La ladera sur del cerro, en cambio, muestra una pendiente suave y cubierta de frondoso bosque de ñirres, lengas y coigües.

Desde el sur hay un sendero que conduce a través del bosque hasta la laguna que existe en las cotas superiores del macizo y más allá, hasta el soberbio mirador de la ciudad de Coyhaique, que se extiende al norte del cerro. Por otra parte, la buena calidad de su roca ha convertido a la montaña en un centro cada vez más visitado por los escaladores deportivos, que ya han abierto y equipado varias rutas en paredes con más de 300 metros de desarrollo y dificultades de hasta 5.11. También se han abierto varias rutas de escalada tradicional, algunas de las cuales llegan hasta la cumbre por la cara oeste.

Se desconoce el nombre del primer ascensionista, aunque al respecto debe considerarse que toda esta zona formaba parte del territorio Aoniken o Tehuelche. Tras ellos, el capitán Enrique Simpson habría sido el primero en reconocer el área en que actualmente se emplaza la ciudad de Coyhaique, luego de remontar, a fines del año 1872, el cauce del río Aysén.

No hay claridad acerca del origen del nombre y tal como acota el historiador regional, Leonel Galindo, siempre ha habido cierta confusión entre el cerro Divisadero y el cerro Mackay.

Cuando el explorador Hans Steffens arribó a la zona en 1897, denominó al cordón en que ambos se emplazan, como “Cerros de la Bellavista”, aunque, más tarde, se conoció una cartografía argentina donde se le denominaba “Cordón Divisadero”. 

Al decir del propio Galindo, “al cerro que se parece al peñón de Gibraltar, hoy día la gente le llama Mackay erróneamente”, ya que con anterioridad, habría sido conocido como cerro Divisadero y aún antes, en tiempos de la familia Foitzick, una de las fundadoras de Coyhaique, como cerro “Las Candongas”.

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Una ruta para su ascenso

Se parte por aclarar que en el sector inferior el Cerro Mackay no tiene una ruta única y bien definida. Esta es solo una alternativa de varias posibles, pero se ha empleado aquí porque está libre de problemas de acceso a propiedades privadas.

Una vez en el puente (km 0,490 msnm), bajar al canal (seco, salvo durante lluvias) y avanzar por él en sentido ascendente. Se rodea una casa blanca (¡con perros muy inquietos!) y luego se encuentra un canal afluente que viene desde la derecha. Subir el peldaño y seguir avanzado por dicho canal afluente. Seguirlo hasta su nacimiento, en una bocatoma (km 0,54, 539 m). Atención que algunas decenas de metros antes de la bocatoma existe un alambre (la parte más baja de una reja) que cruza a la altura del cuello, que podría no notarse si se está distraído o si hay poca luz.

Dejado el canal, seguir orillando la quebrada por la izquierda, por un bosque de pinos. Existe una huella muy tenue, casi imperceptible. En km 0,74 (587 m) se llega a un sector bastante empinado, donde la huella ya desaparece. Remontarlo y orientarse hacia la izquierda.

Una vez arriba de este tramo empinado, se cruza un pequeño sector de matorrales y se llega a una pradera abierta, cercada. La cerca se puede cruzar en una puerta ubicada pocos metros a la izquierda (Este), junto a unas casetas de madera.

Ya en la pradera, seguir el ascenso en dirección Sur. Se alcanzará un camino de carreta, y se pasará junto a una pequeña estructura de madera empleada al parecer para cargar vehículos (km 1,12, 646 m).

Luego, el terreno se abre de nuevo. Girar hacia al Suroeste y seguir apuntando hacia la cumbre. Se cruzará un camino vehicular de ripio (con permiso, sería posible llegar hasta aquí en auto) cercado a ambos costados. Tras cruzar dicho camino, se debe atravesar una gran pradera, en dirección a la quebrada que se forma al pie de la cara Este del Mackay.

Al terminar la pradera y el inicio de la quebrada (km 2,25, 717 m), se llega por fin a un sendero claro. De aquí en adelante, es mucho más fácil, aunque mucho más empinado también. La huella asciende por bosque nativo sin novedad, pasando sobre barreras de madera y piedra que se han construido en el lecho de la quebrada para prevenir aludes. En el km 2,35 aparece una bifurcación, pero es irrelevante porque ambas huellas se unen a los pocos metros (la de la izquierda es más empinada y más corta). En el km 2,66 (857 m) se cruza una vertiente, la única fuente de agua de la ruta.

Tras la vertiente, se sigue ahora por el lado Oeste de la quebrada que hemos venido siguiendo. El terreno es aún más empinado, y si ha llovido hace poco o si hay nieve puede ser muy resbaloso. La meseta se alcanza en el km 3,26 (1.127 m) punto en que el sendero gira bruscamente hacia el Norte, y luego adquiere rumbo Noroeste. Este tramo es una delicia para caminar, casi plano, por el fotogénico borde del acantilado, bajo la sombra del bosque nativo y con Coyhaique a los pies. Un lujo. En el km 3,62 (1.140 m) existe una transición brusca de bosque joven a bosque maduro, y desde este punto los troncos están bellamente recubiertos de líquenes ("bosque barbudo").

El sendero, siempre claro, sigue avanzando casi plano hacia el Oeste. En el km 4,02 (1.174 m) existe un excelente mirador de Coyhaique al borde del acantilado. Vale la pena detenerse un buen rato ahí, porque desde la cumbre vista no hay vista, pues los árboles impiden apreciar el paisaje. A pocos metros de este mirador existe un refugio tosco de troncos, que si bien no serviría en caso de lluvia de algo podría ayudar contra el viento.

Para llegar a la cumbre misma (1.205 m), hay que caminar 175 metros más por el bosque barbudo en dirección al Oeste. A pocos metros de la cumbre existe un fogón y varios alambres colgados entre los árboles.

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