Junta de Vecinos El Claro: Juntos desde siempre
Francisco Mardones Pino, Periodista - 25-10-2017

Tendríamos que retroceder muchos años para comenzar a contar esta historia desde el principio. Los primeros habitantes del sector El Claro llegaron a poblar la zona antes de que Coyhaique fuera Coyhaique.

Esos pioneros tuvieron hijos y algunos de esos hijos todavía viven ahí, en los sectores de Río Claro (como les gusta llamarle a ellos), Panguilemu, Camino a Cerro Huemules y Las Antenas y tienen cuerda para rato. Ellos y sus nietos (algunos bisnietos y tataranietos también) son quienes nos ayudan a contar un pedacito de esta historia que tiene algo en común: siempre se han unido para trabajar en conjunto por el desarrollo del sector.

Hernán Raúl Mera Mardones, presidente de la Junta de Vecinos Nº 19, El Claro:

“50 años atrás ya se empezaron a agrupar los campesinos para buscar el mejor desarrollo de lo que se producía en esos tiempos”, comienza contando este dirigente vecinal que nos recibió en la sede de la junta vecinal ubicada a un costado del Liceo Altos del Mackay.

Explica que esos primeros vecinos agrupados fueron formando, en esos años, comités de pequeños agricultores que buscaban apoyo económico y préstamos para comprar maquinarias que les permitieras aprovechar mejor el corto tiempo bueno que había entre noviembre y marzo para trabajar la tierra.

“La historia de esta junta de vecinos comienza en el año 1976, cuando no había nada. Hubo una pequeña mediagüita hasta que después se logró hacer este edificio que se ha ido mejorando. Primero habían bancas, después una sillitas de colegio y hoy tenemos algo más cómodo”, dice acerca de esta sede que pretenden renovar en el corto plazo.

A los dirigentes de ese entonces les reconoce que “lucharon por otros avances, esencialmente la electricidad, por allá por la década de los ochenta”. Y es que desde esa época, los objetivos de la comunidad eran el desarrollo campesino, la llegada del agua potable rural, de la electricidad, del agua para el riego. Objetivos que se vinieron a alcanzar recién a finales de la década de 1990.

Hernán Raúl Mera, presidente de la junta de vecinos Río Claro

Con el tiempo nacieron otras agrupaciones con otros intereses, como el club deportivo que se fundó por el año 1950 y que hoy destaca por tener una buena infraestructura y organización.

Hernán dice que hoy la junta de vecinos sigue luchando por los proyectos que interesan a los vecinos y sigue siendo un voz que une a cientos de personas cuando tienen que ir a visitar a las autoridades para conseguir apoyo.

Hernán desde pequeño ha visto cambios en la zona y entiende que El Claro no es el mismo que en aquella época. Aún así, la llegada de los denominados “parceleros” (que ha cambiado la fisonomía social del paisaje del sector) es motivo de conformidad por los vecinos, pues significa que la comunidad ha hecho un buen trabajo para convertir el sector en un lugar ideal donde vivir y bien organizado, con ciertas comodidades.

Faustino Mera Cárdenas, vecino y ex agricultor:

Son mayoría los Mera en este sector. De esto no hay duda. “Yo fui fundador casi de esta sede, cuando era una casa muy chiquitita, éramos poquitos. Soy agricultor del sector. Fui agricultor, porque ahora tengo bastante edad y no puedo seguir”, comenta don Faustino Mera.

Acerca de la época en que comenzó el esfuerzo en conjunto señala que “trabajamos muy bien, muy organizados. En ese tiempo tiempo fue don Eduardo Frei (Montalva) Presidente, que nos ayudó mucho cuando recién se había fundado Indap. Las primeras fundaciones de Indap fuimos nosotros los agricultores que fuimos socios de Indap y tuvimos un comité muy bueno, se fundó la cooperativa Cocaco (Cooperativa Campesina Coyhaique) y así fuimos trabajando hasta que llegamos a la edad que uno tiene ahora. Yo tengo 76 años”.

Los hijos de don Faustino estudiaron gracias a ese trabajo y ahora viven y trabajan, en Temuco y en Coyhaique.

“Se han hecho muchas cosas, se han arreglado caminos, el mismo cementerio. El presidente que tenemos es muy bueno, ha hecho muchas cosas conjuntamente con la misma gente”, destaca este hombre de trabajo.

Sobre los primeros cambios revolucionarios en la zona, recuerda cuando llegó la electricidad a su casa: “se pudo tener más comodidades. Nos costó un poco, esperamos, pero llegó la luz. Antes nos alumbramos con lámparas Petromax, a gas. Teníamos un cilindro de cinco kilos, lo íbamos a cargar a Coyhaique y con eso nos alumbrábamos”.

Faustino Mera Cárdenas y Paula Arana, casi 50 años de matrimonio

Paula Arana, 61 años viviendo en Panguilemu:

La señora Paula es esposa de don Faustino y de entrada nos comenta que llegó a los seis años de edad a la zona y lleva en Aysén “61 años, casi 50 años de matrimonio”.

“Todos esos años trabajábamos en el campo. Los hijos se educaron, trabajan, fueron tres. Por Dios que se sufrió. En aquellos años, cuando nos casamos el 68′ nevaba un metro de nieve en el campo. Un campo hermoso, porque ahí veía la ciudad. Criamos los niños, tenemos todos los recuerdos”, dice con algo de nostalgia, principalmente porque ahora ahora la salud no la acompaña mucho, ni a ella ni a su esposo, entonces la vida en el campo se hace un poco más difícil.

“Es una maravilla que nosotros tenemos. Así como estamos aquí, así también nos despiden y eso es triste”, Paula Arana.

Paula tiene muy lindos recuerdos de esa niñez. “Nosotros nos educamos acá en la escuelita de Río Claro. Yo llegué el 56′ acá a la región con mi papá, estudié acá. Mi esposo es mayor, estudió primero acá en la escuelita de Río Claro y la mayoría de los pobladores que estamos aquí somos vecinos, amigos, compañeros de curso”, nos cuenta con mucha alegría, porque muchos de esos compañeros siguen siendo vecinos y se reúnen en la junta de vecinos, como el día en que se realizó esta entrevista.

“Es una maravilla que nosotros tenemos. Así como estamos aquí, así también nos despiden y eso es triste. Cuando ya los mayores se van yendo, los vecinos más antiguos, es muy bonito lo que hace don Raúl (Hernán) para despedirlos. Vivir toda una vida cerca de ellos, conocidos, familias”, señala.

Sobre toda esta historia de unidad que tienen en común, doña Paula dice que es muy importante trabajar en conjunto “porque aquí nos juntamos compañeros de colegio, mi marido con la familia Oyarzún y todos los hijos de pioneros. Los hijos y nietos no creen la vida de antes…”.

Misael Sudán López, ex agricultor y ganadero:

Consultado sobre cuántos años lleva vivienda en el sector El Claro, responde rápido: “83 años, toda una vida”.

Nació en el sector y vive en el camino a Cerro Huemules, “ahí fuimos diez hermanos nosotros. En esos años era pura montaña, montes, bosques. Ahora no hay ni leña”

Dice que la vida “ha cambiado en 300 o 400%. Antes éramos poquitos, hijos de pioneros. El padre mío llegó acá cuando no era nada, no existía ni Coyhaique”.

En aquellos tiempos, los campos era fiscales y su padre pidió 184 hectáreas, donde finalmente se criaron ellos. “Era muy poco campo para diez hermanos”, así es que comenzaron cada uno a buscar su propio camino.

Sobre el trabajo en el sector “empezamos por los años 40′ o 50′”. “Soy fundador de esta asociación gremial, antes era comité. Uno de los fundadores. Fuimos cinco que estábamos en esta escuela”.

Es en cierto modo chistosa la historia que cuenta: “Había un auxiliar aquí, un tal Cáceres, e íbamos a pasear donde él las tardes, los días sábados y domingos y a la vez le echábamos traguito pa’dentro. Y una vuelta nació esto de hacer un comité. Apoyamos el asunto los cinco que habíamos y quedó de presidente el mismo Cáceres. Hicimos una casita por ahí, esa era la sede. Se empezó a formar, empezaron a inscribirse más ‘gallos’, más gente y mire cómo está hoy esto”.

Misael Sudán López y su esposa, Delia Mera González. Vecinos del sector camino a Reserva Huemules

Hoy, a sus 83 años obviamente le cuesta llegar a las reuniones de la Junta de Vecinos, así que es indudable preguntarle por qué sigue viniendo: “Me gusta venir a ver cómo está aquí a lo que fue antes”, responde.

“Es importante dialogar y conversar qué es lo que más falta nos hace y ver si la directiva nos consigue lo que más precisamos”, agrega comentando que esas necesidades van desde mayor seguridad hasta conseguir créditos para los agricultores.

Sebastián Mera, tercera generación:

Distinto a lo que se podría imaginar, esta experiencia de unidad y trabajo en conjunto no es solo de los adultos mayores o de personas adultas. Los jóvenes y niños también están presentes y forman parte del futuro de esta histórica Junta de Vecinos.

Sebastián Mera, nieto del actual presidente de la junta de vecinos Nº 19, asegura que le gusta vivir en El Claro. “Porque tengo mi campo y me gusta andar en caballo, forrajear”, cuenta.

Incluso, no duda en decir que cuando sea grande le “gustaría trabajar en el campo, porque es divertido”. Pero a sus pocos años, tiene claro que prefiere que el sector “fuera así como está”.

Tres generaciones juntas. El pequeño Sebastián Mera, su padre Hernán Mera Cárdenas y su abuelo Hernán Raúl Mera Mardones, actual presidente de la Junta de Vecinos.

Celestino Oyarzún, toda una vida en El Claro:

“El asunto de la luz eléctrica en Coyhaique, el asunto rural comenzó en el sector de Río Claro, específicamente en el sector Las Antenas. Y el gestor ahí fue Pedro Oyarzún Solís (su hermano). Él, en conjunto con la Iglesia de Coyhaique ,que en ese tiempo estaba el Padre Bruno, empezaron a conseguirse algunos materiales en Santiago, en Puerto Montt, y mandaron para acá. Una vez que juntaron material, se lo entregaron a Edelaysén y empezaron a hacer los trámites”, comenta muy entusiasmado don Celestino Oyarzún.

De hecho, antes de conversar con nosotros, anduvo averiguando fechas y nombres de algunos próceres de la zona.

Ahí comenzó la historia de la electrificación rural, no  hace muchos años, pero significó un cambio. “Rotundamente -complementa-, pudimos tener televisión. Antes nos alumbrábamos con lamparitas a parafina no más, velas, chinchones de grasa, con lo que había. Cambió el estándar de vida del campesinado”.

“El sector nuestro, El Claro, Panguilemu, es de mucho riesgo de sequía. Hace algunos años atrás -cuenta- tuvimos sequía. Se secaron los pozos, las norias, los arroyos bajaron de caudal. En el año 2007 o 2008 comenzó también la inquietud de una comunidad de riego”. Se agruparon, hicieron un proyecto, fueron a la DGA y “afortunadamente nos salió el proyecto y pudimos hacer una instalación, una represa en la parte alta de El Claro y de ahí hicimos dos piscinas más abajo que están funcionando. Acumulamos el agua hasta agosto u octubre y de ahí esperamos que llegue el verano. Con esto se favoreció mucho a los chacareros. hay mucha gente que tiene invernadero y ese era el objetivo principal”, relata.

Hoy son 27 socios son todos pequeños agricultores. Algunos tienen sus huertas para consumo familiar y en otros casos, es el principal sustento del hogar. “Incluso tenemos agua para nuestro ganado, en poca escala”, dice.

Celestino Oyarzún, hermano del fallecido Pedro Oyarzún, uno de los dirigentes que batalló por llevar la energía eléctrica a Río Claro

Inclusive recuerda que la primera Feria Hortícola se hizo en el recinto Ogana, “ahí hacían su feria a las cuatro o cinco de la mañana y a las nueve de la mañana ya no quedaba nada” y dice que ahí participaron muchos horticultores del sector.

Acerca de los resultados de trabajar en equipo, don Celestino asegura que “este sector afortunadamente ha sido muy unido. Siempre nos hemos juntado y hemos tenido agrupaciones y hemos funcionado bien”.

El Agua Potable Rural (APR) también fue una batalla en conjunto: “Nosotros pensamos que íbamos a ser unos 30 o 40 integrantes, pero cuando se supo que iba a venir el agua potable se nos hicieron chicos los libros de registros. Yo creo que en este minuto hay 160 socios, porque se pobló tanto el sector que todos necesitamos agua. Hubo años en que tuvimos que andar sacando agua del río con bombas y alcanzaba para la semana”, dice.

Y a él no le cabe duda: “El APR cambió la vida acá, como la luz eléctrica”.

Desafíos pendientes y sueños a futuro:

Es tan linda la historia en común que tienen los vecinos del sector Río Claro que ciertamente comparten su visión ante los muchos desafíos y sueños que quedan por cumplir.

Hernán Mera, presidente de la Junta de Vecinos Nº 19 Río Claro, destaca que los proyectos nuevos siguen beneficiando las necesidades aún básicas de los pobladores del sector.

Uno de esos proyectos es la dotación de extintores para las viviendas del sector, empezando por los hogares más lejanos de Coyhaique, donde los equipos de emergencia tienen menos posibilidades de llegar a tiempo ante un incendio… una necesidad súper básica.

65 hogares fueron beneficiados con extintores de 6 kilos y cada uno de los beneficiarios fueron capacitados en su uso. “Tuvimos un par de casos ya. Una vecina vino a dar testimonio de lo importante que fue para ella haber tenido ese extintor porque pudo salvar su casa. Pareciera una cosa sin mayor importancia, pero si se presenta la situación, está. La vecina, cuando vio que su casita estaba incendiándose, se acordó del extintor. Le dijo al hermano que lo sacara y le dijo cómo usarlo y salvó su casa”, relata.

En cuanto al desarrollo de los horticultores, señala que todos estos logros “vienen de la mano con los caminos” y nos comenta que se está trabajando en la pavimentación de 15 kilómetros dentro del sector y el estudio previo ya está casi terminado. “Va a significar un avance espectacular, un sueño para muchos pobladores pioneros que antes con suerte transitaban a caballo y ya están contentos con lo que hay”, dice categórico.

Lo que sí, espera que este emblemático proyecto “no se vaya a quedar arrumbado por ahí”, lo que implica hacer un lobby permanente con todos los actores políticos que tienen que ver con la toma de decisiones.

Sobre ese proyecto, Celestino Oyarzún cuenta orgullos que “en febrero de 2011 teníamos invitado al Seremi de Obras Públicas y yo le pedí la pavimentación del camino de la pasarela Pinuer a la Escuela Río Claro. El gallo me quedó mirando y me dijo: ‘Señor Oyarzún, lo voy a anotar en cuaderno, pero puede que alguna vez…’. Llevo tantos años que a lo mejor voy a alcanzar a ver algo de o que pedí. Ahora están con los estudios, pero si Dios quiere quizás en unos dos años más vamos a tener el pavimento”.

Paula Arana comparte una historia que todos acá nos comentaron: El fin de la Escuela de Río Claro. “Sentimos mucho cuando se quemó. Sentimos mucho porque nos borraron el nombre de la escuelita, como sector, como pioneros”. Sus tres hijos estudiaron allí, igual que ella y su esposo. Hoy una de sus nietas estudia en el Liceo Altos del Mackay, instalado en la misma ubicación de la desaparecida escuelita.

“Yo venía a caballo a estudiar”, dice Celestino Oyarzún, recordando que “es la primera escuela que hubo en la región que la hicieron los pioneros, nuestros padres trabajaron acá. Ellos hicieron la escuela, por eso es que el sector es tan unido, de ahí aprendimos nosotros”.

“Le pedimos al Ministerio de Educación que se hiciera un centro que siguiera conservando el nombre, pero no sucedió así. Después le cambiaron el nombre. La pelea nunca está perdida”, Celestino Oyarzún

Dice que la escuela terminó muriendo por la llegada de alumnos conflictivos trasladados desde otras escuelas municipales de Coyhaique. “Al final la terminaron quemando la escuela y no se pudo levantar. Se cerró y nosotros le pedimos al Ministerio de Educación que se hiciera un centro que siguiera conservando el nombre, pero no sucedió así. Después le cambiaron el nombre. La pelea nunca está perdida. De repente, en una de esas vamos a lograr recuperar ese nombre”, dice acerca de ese sueño colectivo.

Hace poco, un vecino encontró por casualidad el letrero original de la Escuela Río Claro que sobrevivió al incendio, porque justo antes lo habían mandado a reparar, pero no se logró porque justo de quemó la escuela. Ese hallazgo hizo rebrotar el deseo de que el Liceo Altos del Mackay recupere el nombre de la escuelita de Río Claro.

“En el año 1929 ya habían unos palos parados”, dice Hernán Mera. “Si le hubieran puesto ‘Los Altos de Río Claro’, ya hubiéramos quedado conformes. Altos del Mackay suena bonito, pero se perdió la identidad. En cuanto a eso hubo harta controversia y se sigue disconforme con esto. Se fue el alcalde que hizo esto, llegó el nuevo alcalde y se le presentó el problema y se sigue con el problema. Ahí se perdió la identidad de lo que había. Lo que hubo”.

Pese a todo esto, hay muy buena relación con la dirección del Liceo Bicentenario, puesto que han trabajado proyectos en conjunto, rescatando el siempre presente espíritu de colaboración que siempre ha destacado en este sector. La junta de vecinos se ganó un proyecto para adquirir cámaras de seguridad, y esas cámaras también vigilan las instalaciones del liceo que queda al lado, a cambio de que el establecimiento educacional le preste Internet a la sede de la junta de vecinos.

Proyección a futuro 

Con la llegada casi masiva de nuevos vecinos al sector, también se generan desafíos a la vez que grandes expectativas. Por un lado, los grandes predios de importante agricultores se están achicando, pero esto termina beneficiando a los pequeños horticultores.

Por otro lado, quienes venden lo hacen a buen precio, como destaca Celestino Oyarzún: “La gente anda todos los días comprando parcelas acá y están subiendo de precio. Entonces a lo mejor eso nos va a favorecer si quisiéramos vender, porque vamos a tener parcelas con agua, con luz, a futuro nos viene el camino pavimentado”.

Sin embargo, con más personas aumentan los robos al interior de los hogares, los robos de animales o el aumento de perros vagos que termina siendo un dolor de cabeza para quienes tienen pocas ovejas que son atacadas.

La seguridad “es uno de los temas que más preocupa a los vecinos hoy”, dice Hernán Mera, por lo que la junta de vecinos está trabajando en conjunto con varias instituciones para mejorar esas condiciones.

También el sector se ha visto revitalizado por la llegada de hoteles pequeños, restaurantes y eventos anuales masivos como la Expo Patagonia y las fondas de Fiestas Patrias, lo que coloca a El Claro como un naciente polo de desarrollo económica y turístico.

“Son factores importantes de promoción de nuestro sector. Sin embargo, muchas veces estas áreas de entretención masiva deberían tener una mejor presentación en sus accesos, en los caminos, porque hay mucha basura. El turista va mirando el camino, observando el entorno y hay demasiada basura y a ese tema no se le ha hincado el diente si estamos hablando de que el turismo va a ser un eje principal de desarrollo”, dice Hernán Mera.

Como muestra un breve ejemplo: después del pasado 18 de septiembre entre la Municipalidad de Coyhaique y la Junta de Vecinos retiraron 1.166 kilos, más de una tonelada de basura desde el camino que une la sede vecinal y el puente Piedra del Indio.

El futuro trae consigo muchos desafíos y oportunidades de crecimiento y desarrollo, pero sin perder la identidad de la zona. Eso es lo que piden. Don Misael Sudán, el vecino que más años lleva en la zona, dice que le gusta como está El Claro en la actualidad y pide que el desarrollo venga acompañado de “gente de trabajo, por supuesto. En ninguna parte va a progresar un sector o un campo si no se trabaja”.

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