Las divisiones socavan la confianza y la credibilidad de la ciudadanía
Redacción, Diario El Divisadero - 30-08-2018

El traspié sufrido por la propuesta gubernamental sobre salario mínimo ha dejado en evidencia la fuerte división política que sigue instalada en nuestro país.

Y aún cuando se trata de divergencias propias de cualquier democracia, no debemos olvidar que lo que está en discusión es el ingreso básico que comenzarán a recibir miles de trabajadores y trabajadoras a contar del próximo mes y desde marzo de 2019.

Eso en lo teórico, porque en la práctica las cosas están supeditadas a un acuerdo legislativo y ciertamente que también, a la voluntad del Gobierno por destrabar este conflicto.

No debemos olvidar que todos los gobiernos siempre proponen una batería de conceptos como la unidad, el respeto y la tolerancia, la equidad, la justicia social y una mejor distribución de los ingresos, los que definitivamente se transforman en las ideas fuerza más reiterativas y permanentes de las autoridades de turno, incluidas por cierto las actuales.

Y no es otra cosa que poner en valor el sentido común, una variable que suele ser tremendamente acertada al momento de analizar con frialdad, la contingencia que enfrentamos como sociedad. En muchas ocasiones hemos sostenido que todo aporte ciudadano, o del mundo privado, permite complementar la mirada del Gobierno y adaptar las medidas y políticas públicas a los verdaderos intereses de la comunidad.

En Aysén existe un clima de confianza permanente, porque al tratarse de una comunidad pequeña, quizás cuesta menos ponerse de acuerdo en aquellas metas colectivas que más se anhelan desde el tejido social. Por ejemplo, para enfrentar la grave contaminación atmosférica de Coyhaique, se necesita dejar de lado el aprovechamiento político y apostar por una efectiva alianza público-privada para salir de esta adversa realidad. Y no nos cabe duda que en otras materias como el desarrollo productivo, el mejoramiento de la calidad de vida de la gente y muchas otras variables, donde la lógica apunta en esa dirección, incluido lo concerniente al salario mínimo, y más ambiciosa aún, una idea siempre vigente de poder establecer un sueldo mínimo regionalizado, que reconozca el costo de la vida en este territorio del país.

Pero para que se logren estas metas, la cooperación entre el sector público y privado, debe necesariamente fluir y jamás verse condicionada a factores ideológicos. No perdamos de vista que un mayor desarrollo pasa necesariamente por reforzar las confianzas, por generar unidad y por gestar una asociatividad público-privada que se haga cargo de las demandas más sentidas de la población y de buscar soluciones para ellas.

En temas laborales, sociales, políticos, económicos, culturales, filosóficos y todo lo concerniente al desarrollo de Aysén y de su gente, todo lo que sea aporte, colaboración, consenso, ayuda, y mucho. 

Nuestra región tiene hoy otras pretensiones y debemos poner nuestros esfuerzos y nuestra mirada en el futuro, y hacerlo con tolerancia y respeto. Es sin duda una apuesta al Aysén de todos, es una mirada a las potencialidades de este territorio y a la posibilidad de explotarlas y aprovecharlas con mucha creatividad y con mucha plusvalía en los exigentes mercados internacionales y hacer que esas divisas que se obtienen por la explotación sustentable de nuestros recursos naturales, sean equitativamente distribuidas y transformadas en beneficios sociales colectivos donde el sentido de equidad esté siempre presente.

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