Itinerancias: Radio Estación Municipal, Lago Verde (III parte)
Patricio Ramos, Cuidadano - 10-09-2018

(Crónicas Fronterizas)

Ese verano del 84-85 ha sido pródigo en aventuras. El viaje por rutas ignotas y aparentemente deshabitadas constituyó permanente promesa de diversión en esa época. 

Una vez que salimos de la Tapera, como era menester en esos años, debimos volver a la Estancia Río Cisnes, pasar a Gendarmería Argentina, luego seguir camino a Gobernador Costa, por la Ruta 40, existiendo un atajo pasando por la Estancia El Puma. Desde Gobernador Costa, se vuelve a la Cordillera al sector de Río Pico. En aquel poblado pasamos al establecimiento de don Honorio Alonso, de quien recuerdo su gran boina y que cantaba con una pequeña guitarra la Milonga del Porqué, de José Larralde. No mencioné la vez anterior que en Senguer, cuando íbamos a la Tapera, cargamos un poco de nafta donde “Lautico”, y comimos algo que bien pudieran haber sido Milanesas (ignoro la razón por la cual sabe tan rica la comida allende los Andes).

Llegamos a la Aldea Las Pampas, y ahí empezaba realmente lo bueno, recuerdo que en una tranquera tenían oreando un tremendo cuero de Jabalí, bicho que ya para esos años causaba estragos en aquel sitio. Debíamos vadear el río Las Pampas, que queda junto a la Aldea. Una vez cruzado, se manejaba hasta Gendarmería y ahí lo de siempre por esos años: burocracia, conversación y mate. Todo lo anterior, siempre bordeando el Río Pico. Enrumbamos hacia la frontera, y llegando a ella nos encontramos con el Río Píldora. En aquella época había dos modalidades para cruzarlo –por lo que recuerdo- una era, y eso cuando estaba bajo, vadearlo derechamente con nuestros vehículos, y la otra forma (casi todo el año) que te cruzara una máquina, tal vez un tractor con coloso o una retroexcavadora a la que amarraban un carro…todo muy improvisado pero demasiado efectivo. Esta vez cruzamos con la Datsun 1500, sin ningún problema, años más tarde nos cruzaría un tractor. A Lago Verde había ido años antes en avión, sobre las alas de la empresa Aerocor (no sé si se escribe así). Experiencia hermosa y mareadora.

En fin, cruzando El Píldora se podría decir que estábamos en Lago Verde.

En Lago Verde nos alojamos en una pensión, al otro día a reconocer el terreno, las pegas ahí serían la electrificación del gimnasio de Lago Verde y además unas reparaciones a la antena de la Radio de la Municipalidad, creo que algo se haría en la Posta también, puedo equivocarme. La gente que trabajaría con mi papá era poca, por lo que supongo él también metería manos a la masa, es decir al cemento. Con mi hermano Juan Carlos, nos encargaríamos de algunas labores menores y livianas. Todo divertidísimo, pienso hoy.

Ese verano fue bastante fundamental para la vida de este su servidor (nota personal: evidentemente el “bastante” está demás pero, esta vez, le agrega vigor a la expresión) pues en aquella ocasión conocimos a una pareja, la que junto a un amigo de ellos, nos presentaron en vivo lo que era una quena, una zampoña y un charango, instrumentos musicales que solo imaginábamos en aquellos años del aislamiento de verdad en esta Parte del país. Por esos días, hubo tertulias todas las noches, y recuerdo mis ganas de ir a esa casa y ver como tocaban esas personas –verdaderos marcianos para esos pagos-, ellos demasiado generosas en su arte. Desde esa época que la música me ha acompañado como una amiga en cada paso que he dado, y en cada caída de las muchas que he tenido, sirviendo como bálsamo efectivo contra las penas y la soledad, permítaseme esta autoreferencia.

Como es tradicional en estos relatos, se me viene a la mente una escena de pesca, una trucha Arcoíris inmensa, 8 kilos que acababa de sacar un señor que hacía cabotaje en la zona del Río Pico o Figueroa en la parte chilena. Sepa el lector que esos peces no se han vuelto a ver a partir del año que se construyó el camino desde Chile al Río por allá en los años 90´s. Típico de estos pagos, siendo esta historia repetida en muchos de los cursos de agua de Patagonia. En efecto, hacer un camino también es sinónimo de catástrofe para lo que a la pesca se refiere en ríos y lagos cercanos. Dinamita, carburo y redes se oye a modo de rumor a menudo, no me consta, sin embargo “por sus frutos los conoceréis”, como decía el evangelista. “Una cosa por otra” -me dice mi sabio viejo- “camino es sinónimo de progreso”. Sin embargo, lo anterior también muestra la miopía tradicional en el manejo de un recurso escaso en otras partes del mundo y en el propio país… continuará.

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