Wiñol Tripantu: relatos mapuche y williche sobre el inicio de un nuevo ciclo
Este hito o celebración, que es significativo tanto para el pueblo mapuche como para una diversidad de pueblos originarios, nos sorprende al presentar el invierno como el inicio de un ciclo, como la estación que nos regala la esperanza de cambios y renuevos que en estos días que vivimos, parece que se añoran de manera más apremiante.
Redacción, Diario El Divisadero - 25-06-2020

Solsticio de invierno, la renovación desde el origen.

El solsticio de invierno es el momento preciso del mes de junio en que se produce la noche más larga del año; cuando el sol alcanza su punto más lejano en el hemisferio norte y comienza a avanzar de regreso al hemisferio sur, esto ocurrió este año 2020 al atardecer del 20 de Junio (https://www.cultura.gob.cl/agendacultural/ministerio-de-las-culturas-conmemora-junto-a-los-pueblos-originarios-el-solsticio-de-invierno/).

El pueblo Mapuche conmemora el Wiñol Tripantu (vuelta del año). Respecto del concepto, explica Daniela Quelín que “este es un evento cósmico, se le ha llamado también We Tripantu, o año nuevo, que es un concepto que entiendo se haya aplicado porque permite hacerlo más  entendible, pero en rigor no es un año nuevo más, ya que para el mundo mapuche el tiempo no es lineal, nosotros vamos viviendo ciclos que empiezan y terminan una y otra vez…” ( Exposición para estudiantes de UACH sede Coyhaique, 19-06-2020).

Hoy los medios de comunicación de todo tipo, y en especial los digitales y las redes sociales nos permiten encontrar mucha información e imágenes que nos llenan de significados y definiciones de eventos como éste que estamos viviendo. Sin embargo, es el testimonio personal, el que mejor nos permite entender esta experiencia en un nivel más local e íntimo, conversando con mujeres mapuche y williche que han vivido en distintos territorios de Aysén y desarrollado su propia reflexión y entendimiento del ser indígena, a partir de sus historias personales y familiares, haciendo un proceso de apropiación de los símbolos y las celebraciones desde lo personal y lo han proyectado a su quehacer comunitario.

Este hito o celebración, que es significativo tanto para el pueblo mapuche como para una diversidad de pueblos originarios, nos  sorprende al presentar el invierno como el inicio de un ciclo, como la estación que nos regala la esperanza de cambios y renuevos que en estos días que vivimos, parece que se añoran de manera más apremiante… al respecto, resulta clarificadora la reflexión de Daniela Quelín: “Es interesante como el nuevo ciclo se marca con la estación del invierno, que bajo la mirada occidental es un ciclo de muerte, un ciclo de término, sin embargo para nosotros el invierno es un ciclo de renacer, de prepararse de tener el newen, la fuerza vital para volver a nacer, eso es lo que se celebra, por eso vemos como los árboles se marchitan por fuera, en las hojas, porque toda la fuerza vital de ese árbol, la energía, está en las raíces para renacer y eso es un ciclo que a nosotros también nos marca, uno lo siente, se da cuenta que nuestro cuerpo, el kalül también siente este ciclo que termina, a nosotros los mapuche no nos pertenece la tierra, nosotros somos de la tierra, somos uno con la tierra y por eso sentimos estos procesos”. (Exposición para estudiantes de UACH sede Coyhaique, 19-06-2020).

Teresa Millacari, (Chile Chico - Asociación Antü ñi Fotum): “Todo lo que tiene espíritu se renueva” 

“Nací en Puerto Cristal, luego cuando el trabajo de la mina se terminó y Puerto Cristal se despobló, fuimos con mis papás y mis hermanos a vivir a Puerto Aysén y luego el 2007, me vine con mis hijos a vivir a Chile Chico, yo me reconocí y acá empecé a participar en la agrupación  Antu,  pero nosotros siempre hemos sabido que veníamos descendientes de familias indígenas, por parte de mi mamá y mi  papá, pero nunca habíamos investigado como llegó mi familia acá a Aysén, luego por un estudio, me sorprendí de saber que por ejemplo mi familia materna, era de las antiguas que se establecieron cruzando por Argentina y llegando a Cerro Castillo".

"Mi abuela materna hablaba bastantes palabras en mapudungun, porque su mamá, mi bisabuela, hablaba sólo mapudungun, mi abuela hablaba con los labios muy juntos y yo no le entendía mucho, me acuerdo de su forma de vivir, porque ahora entiendo que todo lo que hacía era por apego a su cultura, cuando era chica no entendía eso pero me sentía orgullosa de mi abuela, porque era muy diferente a todos. Nosotros íbamos a su casa en los veranos, ella vivía en Murta, su casa era como un galpón de canoga, con techo de tejuela, tenía un fogón al medio de la cocina, del techo colgaba una cadena donde ponía su olla, usaba una de esas ollas grandes, con patitas.  Yo de adulta conocí una ruca, en Temuco, y ahí entendí que para mi abuela su casa era su ruca, era igual…"

"Mi padre nos contaba siempre de cómo ellos se criaron, y ahí aparecía esta celebración del We Tripantu, que él recordaba y él decía que ésta era una fecha especial, que las aguas estaban benditas… Él se crio cerca del sector El Avellano, en un campito que está frente a Fachinal y se acuerda que en la noche del 24 de junio a los niños los levantaban de madrugada a bañarse en el arroyo que estaba cerca, los levantaban para que se bañen porque esa agua era bendita, también decía que se hacía harta comida, se carneaba un chancho, pero yo creo que ellos como eran niños ya no lo celebraban como lo hicieron los más antiguos, porque mi papá se acuerda que también lo celebraban como la noche de San Juan, se confundía un poco…  pero ahora, nosotros que nos hemos preocupado de recuperar el sentido que tiene esta celebración. El sentido que tiene es el del inicio un nuevo ciclo, todo se renueva, es un nuevo comienzo, las aguas se renuevan, todo lo que tiene espíritu se renueva, el pelaje de los animales y nuestro espíritu también se renueva, nuestro ser, nuestras energías, la tierra descansa para cargarse de energía para recibir las siembras…”.

Nora Catrian (Coyhaique - Comunidad Catrian Pinda): “Nosotros somos de la tierra y eso es lo primero que se respeta”

“Nací en Purranque, mis abuelos eran de San Juan de la Costa y de ahí fueron viajando hacia la Willi Mapu, mis padres llegaron a Aysén buscando mejores oportunidades de vida, yo actualmente soy Ñizol de mi comunidad".

"Yo creo que uno es mapuche desde que lo pare la madre, se es mapuche desde que se nace, nosotros fuimos criados así, pero hay que recordar que en una época a quienes hablaban mapudungun los castigaban, los perseguían. Siempre se nos educó en nuestra cultura, pero también había miedo… de cómo nos fueran a mirar".

"Lo principal como mapuche es respetar la ñuke Mapu, nosotros somos de la tierra y eso es lo primero que se respeta, sabemos de dónde venimos, yo sé quién fue mi abuelo y mi bisabuelo, y yo siempre digo: nosotros tenemos que andar con la frente en alto, porque nosotros no hemos robado a nadie. Nuestros ancestros eran gente muy sabia,  eran tan sabios que cuando pasaba un eclipse ellos sabían por qué pasaba, sabían cómo prepararse  para sobrevivir, los que realmente queremos nuestra cultura no les tenemos miedo a nada, porque las pestes siempre vienen de afuera, pero nosotros somos sanos porque mantenemos nuestra forma de vivir con lo que nos da la naturaleza".

"Esta fecha del cambio de ciclo, para nosotros es muy importante: lo esperamos, es el tiempo en que  le pedimos a nuestro padre sol y a nuestra madre luna que nos ilumine, que las siembra nos vaya bien, que las enfermedades no mutilen mucha gente, tenemos que rogar por toda la humanidad… la lluvia está lavando la tierra, viene el renuevo de los árboles, los brotes, las verduras". 

"De los recuerdos que tengo de niña, de mi familia en esta fecha, es que se preparaban,  ellos criaban chanchos , aves, se hacía el mudai, todo se preparaba con lo que la tierra nos daba, las cecinas, dos o tres días antes se carneaba un cerdito, el año nuevo lo esperábamos con una cena especial, se pedía al lado del fogón que nos dé el alimento para el año, que no se olvide que era el día de San Juan;  nosotros danzábamos alrededor del fuego… es maravilloso lo que se siente cuando uno hace el choique purrun y con las palmas de las manos … el choique es un pájaro, es la danza que hace ese pájaro”.

Elena Lepío (Puerto Aysén - Asociación Williche  Ayuntün Mapu): “a Dios todopoderoso y a la Naturaleza, que es la fuerza de este mundo”

“Yo nací en Repollal, en 1951, en el sector que le dicen Ascención o Repollal Medio, no en la parte del pueblo, nací en el campo, ahí me crie, mis padres eran de Chiloé, de allá llegaron todos, abuelos y bisabuelos,  donde vivíamos era una vida igual para todos, sin diferencias por apellidos, González, Lepios o Millaloncos, viví ahí hasta los 22 años, que me vine a Puerto Aysén, yo soy Williche, las costumbres pueden ser parecidas con los hermanos del centro, pero  no son iguales, nosotros vivimos muy ligados a lo que el mar nos da".

"Se compartía siempre en comunidad, también en los momentos difíciles como el terremoto del 60, que siempre se habla de  Valdivia, pero de otros lugares como las islas, de cómo afectó en esos lugares nada se sabe, era cruel vivir en esas islas esos años, un abandono del estado…en la isla  todo se compartía, se hacían mingas para hacer una casita o para trabajar las siembras…"

"Nosotros en la isla era una sola palabra que se dividía en tres: curandera, partera y machi era la misma, a medicina natural de las yerbas, las plantas y las algas lo utilizaban las curanderas, allá la machi es la consejera, casi siempre era una mujer, las abuelas, ellas curaban pero de verdad sí,  yo ahora no creo … puede haber una persona que todavía cure, pero como las personas de antes…"

"En la fiesta de San Juan se celebraban las dos cosas, mi raza… la raza indígena entonces,  hacía algo especial, cerdito, chapaleles, o sopaipillas fritas, la uminta que era el chapalele redondo, era “El año de los indígenas”, así se le decía y San Juan por la parte cristiana, era algo familiar, en su casa o con amigos, yo creo que los papás eran muy cristianos igual, se pedía por todo, a veces uno se olvida, pero en esos años se respetaba, se hacía una oración antes de comer, eran los padres que pedían a Dios todo poderoso y a la naturaleza que es la fuerza de este mundo, se pedía por el bien de la salud, porque con la salud se puede trabajar, en esos años no existía  el materialismo como hoy, nadie pedía por tener plata, no era esa necesidad de dinero, pero Dios nos daba para vivir…no sé cómo lo hicieron los padres, a veces uno ve que la gente no encuentra conformidad y se pregunta cómo se hacía antes, cuando no había ni una ayuda".

"Bueno, se hacía una cena y al otro día asado de pescado o carnecita, pero vivíamos más del mar, la pesca, papas y mariscos  lo que más se comía era robalo y después la sierra como de octubre en adelante, en esos años el mar estaba muy sanito, limpio, no conocíamos la marea roja…”

"En los testimonios y reflexiones anteriores se aprecia el sentido profundo de esta fecha, su vínculo con la naturaleza y en algunos casos con las creencias cristianas, una celebración que con el paso del tiempo ha ido cambiando desde un acto íntimo y familiar,  a ser un evento  que se ha instalado progresivamente en el espacio de lo público, para recordarnos que hay diversas formas de entender el tiempo y los fenómenos del universo, y que depende de nosotros abrirnos a estos  conocimientos, tan antiguos, que por lo mismo resultan novedosos a quiénes no hemos sido educados para reconocernos como parte de un pueblo originario, sin embargo en Aysén  por nuestra cercanía permanente con la naturaleza en sus distintas formas, encontremos tal vez, que escuchar el llamado a ser uno con la tierra, agradecerle y respetarla,  puede ser más simple de lo que pensamos y una oportunidad para nuestra propia renovación, urgente y necesaria".

Material preparado por el área de comunicaciones de la Dirección Regional de Patrimonio, Aysén, con las colaboraciones de Sergio Sánchez, Daniela Quelín, Teresa Millacari, Nora Catrián, Elena Lepío. Compilación y entrevistas: Alejandra Muñoz. 

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