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Banff: Un festival de cine a la medida de Aysén

Martes 9 de Febrero del 2010
Por Patricio Segura Ortiz Periodista psegura@gmail.com

Difícil tarea es la de decir algo nuevo sobre el Festival de Cine de Montaña que se desarrolló el fin de semana en Coyhaique. 

Se ha destacado ya el esfuerzo desplegado por los organizadores para traer lo más selecto de producciones audiovisuales que no sólo muestran las bellezas naturales del planeta sino además las destrezas de hombres y mujeres que enfrentan a esta Gaia con coraje y respeto unidos a un profundo amor por lo que este bello hogar celeste nos regala.

También se ha dicho que fue una gran oportunidad para ver documentales de calidad internacional.  Incluso, que Coyhaique se incorpora así a un circuito de muestras audiovisuales que incluye piezas de los prestigiados festivales BANFF y el Feel Rock Film Tour.

Y otros han alabado que se genere como una alternativa más a las opciones culturales que ya existen y que hay que aprovechar, como el teatro Achen que se ha dado por estos días, el cine infantil de los jueves, el ciclo de documentales sobre Patagonia que se inicia hoy en la biblioteca, el Festival de Cine Patagonia Aysén de fines de abril o la muestra Cinema Austral que un joven investigador social desarrolla.

Por cierto que mucho se podría expresar sobre el gratamente sorprendente y concurrido Festival de Cine de Montaña.  Pero en esto, hay dos aspectos que convocaron particularmente mi atención.

Lo primero, que nuestra región debe saber aprovechar sus condiciones naturales de pristinidad para diferenciarse.  Debe avanzar en ello y toda acción tiene que apuntar a potenciar esta distinción, no matando lo que la hace especial sino poniéndolo en el sitial que le corresponde.

Algo ya dicho en ocasiones anteriores.  Ejemplos hay por montones.

Donde el turismo no sólo esté definido por la tranquilidad y hermosos paisajes presentes, sino también por lo que hace su gente, quienes acá vivimos.  Restaurantes, hoteles, residenciales, transporte, guías, pero también el ciudadano de a pie, con una sensibilidad ambiental especial, serán el plus de nuestra región.

Donde la producción agropecuaria y marina también sea diferenciadora.  Con carne, frutas, bosques, pesquerías manejadas sustentablemente, para beneficio local y cuya ventaja comparativa sea provenir de Aysén.

Donde la educación técnica y universitaria, y la investigación, también tengan su eje en la naturaleza.  Que llegue el día en que un joven de otra zona del país (o el mundo) se diga “si quiero estudiar ecoturismo o ingeniería ambiental, a Aysén debo viajar”.  El Centro de Turismo Científico y la Escuela de Guías de la Patagonia son ya un claro ejemplo de ello.

Y por cierto que el Festival de Cine de Montaña va en esta senda.  ¿Dónde más vida al aire libre, naturaleza, que en esta pródiga Patagonia?  Es un camino que ya siguen muchos otros países -como Canadá, cuna del Banff- donde se vive el concepto de cultura de montaña, de cultura al aire libre.

La idea debe ser aprender a vivir y sentir orgullo de lo que somos.  Desechar paulatinamente el lastimero llanto que se escucha demasiado seguido entre ciertos dirigentes y autoridades.  Que estamos lejos, que hace frío, que llueve, que la nieve, que la escarcha, que la plaza pentagonal, que las casas de madera es la letanía a la que dan ganas de responder “por si no se lo han explicado, esto es la Patagonia”.  Para arena, mar y sol la gente tiene La Serena o Cavancha en Iquique.  Y para concreto, mall y autopistas, Santiago.  Eso por decir algo.

Que se entienda que las dificultades que viven personas y comunidades en esta tierra austral se deben precisamente al modelo social neoliberal e individualista que ha abrazado Chile, sistema que las replica en Arica, Antofagasta o el Caribe.  La culpa no la tiene el territorio, y si de vivir mejor se trata, alternativas muchas existen sin destruir el suelo que pisamos, los ríos que nos dan vida, el aire que respiramos, el alma que nos hace sentir comunidad.

Lo segundo que noté fue que este festival también quiso ser un aporte a la gente de Aysén al destinar una parte importante de los asientos a beneficio de la comunidad.  Aunque la entrada del público en general por día tuvo un valor de mil pesos, los organizadores pusieron a disposición de las instituciones sin fines de lucro cientos de tickets gratuitos para ser distribuidos entre la gente.  Sólo había que solicitarlo.

Esto es relevante.  El team productor quiso acercar esta actividad al aysenino, tanto así que incluso el sábado y domingo hubo actividades gratuitas al aire libre, como kayak y escalada en roca.  También, sólo había que preguntar.

Creo que así se atenúa en algo la siempre presente crítica de que la actividad de montaña es sólo para una elite.  Con algunos más duros que hablan incluso de una elite extranjera.  Que sólo es para quienes tienen recursos, mientras que el pueblo-pueblo no tendría posibilidades de acceder a ella.

Es claro que para realizar las hazañas de los protagonistas de los filmes vistos hay que contar con recursos económicos, personales o aportados por terceros.  Pero varios de ellos relataron cómo se iniciaron.  Esencialmente con mucho esfuerzo y tesón.

Y es aquí cuando uno, ciudadano de a pie, se pregunta…

¿Hay que tener mucho dinero para ir a caminar a las reservas Huemules y Coyhaique, en el caso de la capital regional?  ¿Hay que tener mucho dinero para visitar el Cerro Mackay?  ¿Hay que tener mucho dinero para alejarse un poco de cualquier poblado de Aysén y aprovechar una naturaleza que llega a ser insultante? 

Por cierto que no.  Si alguien no lo hace es esencialmente porque no quiere, porque la Patagonia nos da a todos la oportunidad de disfrutar de sus dones sin ser necesariamente millonarios, lo cual no siempre ocurre en otras zonas del país.

Y eso, aunque sea simplemente saliendo a recorrer, hay que saberlo aprovechar.  Y, si me apuran un poco, también resguardar.

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