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La versión de la familia Foitzick sobre la Casa Bruja de Coyhaique

Martes 9 de Febrero del 2010

Me asiste el deseo de escarbar profundamente en las disímiles aristas del testimonio, pensando siempre que en toda investigación uno juega con la lentitud y que de ningún modo está dicha la última palabra hasta no agotar todas las versiones y confrontarlas. Creo que no basta un punto de vista, las aristas vuelven a aparecer y rondan nuevas verdades. Esta es una colaboración más de entre decenas que poseo. Menuda tarea para no caer en la liviandad de las afirmaciones fáciles. El tema que me preocupa es la siempre vigente casa bruja de Coyhaique, sobre la que se han esgrimido muchos argumentos, conociéndose hasta ahora la única versión que es la que protagoniza el pionero Juan Carrasco.

Manuel Muñoz Pérez andaba retozando con la energía de su juventud sin límites por allá por los 16 años, trabajando como carrero para los ingleses de la Compañía junto a Juan Calluqueo. Ahí se encontraban ambos, entreverados en la precipitación necesaria de sus horas laborales, mientras veían avanzar las actividades del nacimiento. En esa ambientación de gente de la estancia, cierta tarde apareció por esos lares un hombre vestido de huaso pero con una montura de cangalla y estribos de chancho, accesorios muy diferentes a las tradicionales monturas de bastos que aquí se usaban, como la bombacha Bridge (pronunciada por ellos briche). Por eso, causó admiración la llegada de este huaso premunido de tan distintas pilchas, a quien no le fue difícil entonces hacer amistad con los gauchos de la compañía, quedándose con ellos toda una tarde a conversar. Al otro día esperó pacientemente que se produjera una oportunidad de conversar con el administrador, quien le informó que tenía una pega para él. Y que fuera a hablar inmediatamente con el capataz. Este le atendió cordialmente, diciéndole que precisaban un tropillero y cuando el huaso aceptó, recibió un caballo por parte del capataz, sin pensar que iba a tener problemas ya que se trataba de un animal arisco. Con mucha calma comenzó a ensillarlo, y cayó en la cuenta de que muchos peones observaban sus movimientos como aprestándose a prestar atención a lo que vendría, ya que todos conocían la fama de bellaco del animal al cual nadie había podido montar.

El afuerino, sintiéndose observado, prosiguió con su faena como si nada ocurriera, comprobando que al frente no tenía un animal fácil. Colocó las riendas con gran  dificultad, sacó un tiento de su montura y acolleró los chanchos por debajo de la panza. Lentamente sus movimientos y su destreza comenzaban a delatarlo como un hombre diestro en animales. Después de acollerar los chanchos se colocó un par de espuelas, montó el caballó y lo jineteó tantos y tantos minutos que el bellaco se cansó. Cuando concluyó la doma, se dirigió de inmediato donde estaba el capataz y lo garabateó hasta donde quiso, por haberle pasado un animal tan arisco. En esta historia aparece ahora el viejo Juan Foitzick, quien un día encontró a nuestro capataz Manuel Muñoz Pérez y le encargó un cerco de voltiada, llevándolo al lugar y anunciándole que él viajaría al norte y que a su regreso tuviera lista la obra. A los dieciocho días regresó don Juan y otro capataz arreando mil ovejas, repartiéndose quinientas cada uno. Al concluir la obra, Foitzick le preguntó a don Manuel si sabía hacer baños para las ovejas, un nuevo desafío para Muñoz, quien terminó el baño en un mes de ardua labor, valiéndose tan sólo de su hacha de mano para labrar toda la madera y concluir algo imposible. Esta notable habilidad del hachero para manejar todo tipo de construcciones, llevó al pionero de La Unión a solicitarle guardar el más grande secreto de todos, cual era, la idea de la construcción de una casa en los terrenos de la Compañía, algo que estaba prohibido terminantemente. A Manuel Muñoz este encargo de Foitzick le provocó una alegría desusada, a tal punto que con  mucha velocidad inició los trabajos de labrado de las piezas de madera que se iban a necesitar para el levantamiento de la casa, los piederechos, las vigas, los tablones, utilizando tanto el hacha como el aserreo mediante el uso de sierra a brazo, algo que con el tiempo dejó de tener la importancia de antaño. Cuando hubo concluido aquella faena de construcción  de las piezas, se inició el proceso de transporte en carros, realizándose éste sólo durante las horas de la noche para que no fuesen descubiertas sus intenciones. En esta versión de la historia se desconocen los nombres de quienes participaron en el levantamiento, caso diferente al de la versión de Juan Carrasco, en la que aparecen los nombres de los carpinteros y del aserradero y el campo de donde se transportaron las maderas. En todo caso, baste con señalar que en este acucioso trabajo de esclarecimiento de la construcción y levantamiento de la casa bruja se une hoy el nombre de Manuel Muñoz Pérez, autor material de la casa. Cabe destacar que en esta versión no se alude ni por un instante al pionero Juan Carrasco, sino a Juan Foitzick, teoría que se confronta a la tan conocida por todos. Por lo pronto, ya me encuentro reuniendo las voces de parientes de ambos gestores, para determinar un punto gravitante, tan necesario en este tipo de trabajos, el equilibrio justo que levantará la simiente de la verdad verdadera. Si usted desea comentar esta crónica, siga el link http://www.eldivisadero.cl/noticias/?cid=49 y escriba su opinión en la sección comentarios.

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