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Como dice la canción: un año más

Lunes 14 de Octubre del 2013
Baldemar Carrasco Muñoz



1929- 2013: Ochenta y cuatro años cumple Coyhaique.

Pocos deben ser los que aún viven y tuvieron el privilegio de observar ese magno acontecimiento desde la Pampa del Corral o desde la cancha de carreras que atravesaba nuestra calle Condell, la Plaza de Armas y seguía por Horn hasta perderse allá en Ogana…

Magno acontecimiento decimos, debe haber sido para los que en aquellos años vivían poniéndole el hombro a la soledad, la naturaleza hostil, bella pero hostil: un metro de nieve permanente en  invierno, escarchas superiores a los 20° bajo cero, lluvias torrenciales, ríos que no daban paso a las cabalgaduras, viviendas por donde el viento se colaba a raudales, niños sin escuelas, enfermos sin médicos ni hospitales, caminos plenos de lodazales y troncos, abastecimiento desde Argentina en pilcheros… a qué seguir. Un gobierno que recién despertaba a esta realidad: 108 mil kilómetros cuadrados sin autoridad.

Teníamos un subdelegado que dependía de Chiloé y cientos de campesinos, que a puro ñeque, corazón, decisión y trabajo se habían adentrado por nuestras planicies, cerrilladas y palizadas, volviendo a su tierra chilena, corridos como “maleantes,” desde territorio argentino, convencidos que aquí los recibirían con los brazos abiertos. La realidad es otra: los brazos de Aysén estaban cerrados para acoger a chilenos que se desplazaban desde las pampas argentinas a Chile. Las grandes sociedades concesionarias de terrenos tenían buenos palos blancos en la capital para preservar las tierras sólo para ellas.

Pero hubo hombres, como se dice en nuestra tierra, de pelo en pecho y corajudos, que no aceptaron designios de nadie. Una mañana cualquiera, echan la tropilla por delante, uncen la carreta a los bueyes,  con familia y todo: hijos, perros y colchones y hacen camino… Aquí se cumple una vez más los versos del poeta: “Se hace camino al andar”.

Juan Foitzick, Belisario Jara y tantos más, hicieron camino días y meses para ocupar el Valle Simpson, Balmaceda, Ibáñez, el Galera (estos días, los hijos y nietos celebran los cien años de la llegada de sus padres y abuelos con una obra de teatro, aquí en Coyhaique, hermoso recuerdo. Los Pradenas, los Ehijos, los Orias y tantos otros).

Quedan pocos de aquellos que vieron arribar ese día al Intendente Marchant con su séquito y fundar la ciudad. Sobre una mesa de madera hecha por algún carpintero improvisado, don Lindor Oyarzún a lo mejor -el que ayudó a construir la “Casa Bruja”-, se firma el decreto de fundación de “Baquedano”. Todos los que firman ya no están con nosotros.

Quedan algunos que eran niños aquellos años: Recuerdo hoy con mucho cariño a Evaldo Novoa Barrientos. Vive en una quinta, allí en la Escuela Agrícola, que hereda de su padre, el primer herrero que tuvo la SIA, don Eleodoro Novoa un hombrote grande. Llega a la Región el año 1901 entre los primeros trabajadores que trae la SIA para abrir caminos. Don Eleodoro elabora, ese es el término por la delicadeza con que las hacía, todas las herraduras de la caballada de la Sociedad Ganadera de Aysén, miles en 50 años, además de todas las ruedas de fierro que allí se usaron. Muere trabajando al lado de su fragua. Evaldo, su hijo, trabaja allí toda su vida, llegando a ser administrador de la SIA, pasando por todos los cargos. Hoy descansa con su señora y sus hijos en su hermosa quinta, allí frente a la cocina de los peones, un edificio que aún no se cae y que espera que quienes construyen el museo de Coyhaique, lo reparen pronto.

¿Ha progresado Coyhaique en estos 84 años? Desde luego que sí… Pero, ¿ha avanzado lo suficiente como para ser una ciudad importante y jugar un papel decisivo en el desarrollo de nuestro territorio? ¿Tiene, Coyhaique, una clara identidad como ciudad, que nos vislumbre un camino hacia el futuro? Tenemos nuestras dudas…

Nuestras autoridades, nuestros arquitectos, nuestros municipios, responsabilicemos todos, no hemos tenido una mirada de futuro para ir construyéndola. Las primeras viviendas fueron fruto de la imaginación, de las necesidades, de las posibilidades de construcción habidas en aquellos años: Maestros carpinteros, madera, clavos y pintura, sitios amplios para guardar la leña, el caballo, las gallinas y los perros. El problema vino cuando se empezaron a construir poblaciones sociales y no se tomó jamás medida alguna. Se construyen como se hacían en Santiago y punto. Lo importante era echar gente adentro. Nunca pudimos construir una casa tipo AYSEN, cuánto la pedimos. El no se oye, padre, o el sí, llamaremos a concurso fue la respuesta permanente.

Esperamos que los buenos deseos expresados por el Sr. alcalde en su discurso del 12 en nuestra plaza, con la colaboración del resto de las autoridades, logren darle identidad plena a nuestro pueblo. Nosotros y los viejos colonos que tanto lucharon, seremos sus agradecidos. También, los que buscan hacer turismo preservando nuestra identidad.

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