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Reflexiones para una convivencia pacífica y armónica
René Legue Cárdenas, Administrador Público, Licenciado Ciencias Políticas. Máster en Educación y Candidato a Doctor en Di - 20-03-2017

El inicio del primer trimestre del año 2017 ha estado marcado por hechos trascendentes e importantes para la vida de las personas en comunidad, algunos muy apreciados y valorados por todos y otros, más bien negativos, pero que tienen su origen en nuestra propia naturaleza humana, y lo que corresponde en este sentido, es solamente apoyar para ir aminorando el sufrimiento o dolor que estos hechos provocan en las personas y en nuestras familias en general. 

En la región de Aysén, especialmente en los últimos años hemos vivido ciertos hechos que nos llegan a cuestionar el cambio de paradigma cultural que ha experimentado nuestra región, relacionado con hechos de violencia, que alteran nuestra sana convivencia diaria, no solamente porque son provocados por personas en forma individual, sino que también, porque han estado involucrados instituciones de la república que hasta cierto tiempo representaban la reserva moral de la sociedad,  como de otras instituciones que nos garantizaban la tranquilidad, la seguridad y la paz social.

Algo está pasando en nuestro “yo” interior, y a su vez, en nuestras instituciones y como estas se ven cada día más cuestionadas producto de una mala imagen que proyectan a la sociedad, la forma como nos estamos relacionando como seres humanos, no es la mejor, las acciones y las estrategias que utilizan algunos para lograr sus objetivos y metas, tanto individual como colectivas, sin importar, si estos logros dañan o no la dignidad de las personas o que estas acciones van socavando y dañando lentamente los cimientos de una sociedad democrática y profundamente comunitaria, fundada en valores, parece no importar mucho.

En el ambiente se percibe un cambio en nuestra conducta diaria, al parecer nos enojamos y nos alteramos rápidamente cuando establecemos cualquier tipo de dialogo con nuestros vecinos, con nuestros amigos, con nuestros colegas de trabajo, con el ciudadano común, sea en la calle, en la escuela, en la organización donde participamos, existe un afán de querer imponer nuestras ideas, nos cuesta mucho escuchar lo que quiere expresar la otra persona, en muchos casos se llega a un tono fuerte, con descalificaciones, otros imponiendo su poder y vulnerando los derechos de los demás, hablamos mal de otras personas, sin conocer a fondo su historia y forma de vida, pues desconocemos sus problemas, sus angustias, muchas veces sus sueños frustrados por que no tienen trabajo, por problemas interno en la familia, o simplemente por la falta de comunicación entre sus integrantes.

Las instituciones del mundo público y privado, el sistema político, los ciudadanos y el rol que hoy asumen cada uno de ellos, refleja una sociedad que día a día se ve dañada por la conducta del hombre frente al Estado, me refiero a la sociedad toda, es tanto la desconfianza en el sistema y en las personas, que habiendo hombres y mujeres sanas(nos, yo diría la mayoría, que aportan significativamente al desarrollo de sus respectivos territorios, está costando mucho crear conciencia que es posible recuperar la confianza perdida en la ciudadanía y en sus instituciones.

Como región debemos tomar conciencia y hacer un esfuerzo adicional para ir mejorando nuestra relaciones humanas con los demás, a tolerarnos más, a profundizar en el dialogo como mecanismo de solución de nuestros problemas o nuestras controversias, debemos meditar como estamos haciendo y asumiendo nuestro rol como persona en sociedad, como estamos asumiendo nuestro compromiso de vida con los demás y con nuestro entorno. 

Soy un convencido, que somos más los que queremos y tenemos confianza en revertir la incómoda situación de convivencia humana que vive el país y en particular, nuestra región, los ciudadanos estamos consciente de ellos y sabemos en qué persona podemos confiar, por lo que las esperanzas de una vida mejor en sociedad es posible lograr, y que cada uno de nosotros está llamado a realizar un esfuerzo mayor, para ir modificando nuestra conducta diaria, nuestra forma de pensar, sentir y actuar, por lo que es sumamente importante y prioritario que nos respetemos, que cuidemos nuestro lenguaje y nuestra familia, que protejamos a nuestros hijos y los apoyemos con mucho amor, inculcando valores para poder ayudarlos en su crecimiento y en su formación como personas integras, solidarias y respetuosa de una sociedad que los necesita, que le debe dar su oportunidad para lograr un mejor bienestar y un mejor desarrollo para todos(as).

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