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El nefasto impacto social de la falta de oportunidades
Redacción, Diario El Divisadero - 21-04-2017

La creencia ciudadana es que gran parte de los jóvenes que delinquen tiene una historia de vida o familiar vinculada al consumo problemático de alcohol y drogas y aún cuando no existe un estudio que avale este juicio de valor, muy pocos se atreven a proponer como otro factor de esta realidad, la crítica falta de oportunidades que tienen quienes pertenecen a este segmento etario, en especial, quienes residen en sectores denominados vulnerables.

Y no estamos diciendo nada del otro mundo, sino que solamente corroborando una realidad que se da prácticamente en todo nuestro país y de la cual por cierto la región de Aysén no está exenta. Todos quienes analizan temas relacionados con delincuencia y consumo de alcohol y drogas, concuerdan en que el segmento juvenil es el más expuesto a ser seducido por esta peligrosa tentación. De hecho en la misión de reclutamiento que siempre ha existido y seguirá existiendo por parte de las redes vinculadas a la comisión de distintos delitos y al propio micro y narcotráfico, los jóvenes, incluso estudiantes, se convierten en un foco de conquista de ese negocio presente, sin distinción alguna, en todo el territorio nacional.

Desde tal perspectiva, un asunto central es la persecución del delito donde quiera que se presente, gestión que llevan a cabo con las instituciones policiales y que luego, asume el sistema de justicia. Sin embargo, no existe estructura policial, de control y vigilancia que pueda contraponer su peso a la tarea delictual.

El contrapeso, obviamente, existe, pero nunca podrá ser suficiente para frenar o terminar con una actividad ilícita que funciona en las tinieblas y que renueva sus métodos de penetración social cada vez que el objetivo así lo impone.

A los sistemas policiales y de justicia que trabajan en las etapas concluyentes de este fenómeno, se suma una instancia anterior que en la región es permanente y que gradualmente se ha ido incorporando al sistema de educacional formal. Es lo que se realiza mediante las campañas de prevención que, con un fondo pedagógico, advierten y mantienen despierta la atención de los jóvenes y de las familias.

Un aspecto no suficientemente formalizado, dice relación con disponer de sistemas de rehabilitación. La Región de Aysén cuenta con una red multisectorial para atender y en lo posible rehabilitar a jóvenes infractores de entre 14 y 18 años, que además de sus problemas con la justicia, sean adictos o consumidores problema de alcohol o de drogas. De esta forma la nueva justicia juvenil, instala un aspecto muy importante para creer en la readaptación y la rehabilitación social; detectar y tratar precozmente a los adolescentes que han caído en el consumo de drogas y alcohol, otorgarles atención clínica, desarrollar factores protectores y fomentar su plena integración.

Y así como se abordar esta arista, hay que potenciar mucho más el acceso de los jóvenes, sin distinción socioeconómica, a actividades deportivas, culturales o de esparcimiento que no les signifiquen un gasto, sino que por el contrario, se valide cada vez más la máxima del derecho y no solo la teoría del acceso.

Lo más seguro es que muchos adolescentes y jóvenes de la región encontrarán un camino nuevo y una nueva opción de vida si encuentran también esas oportunidades y derechos que tanto reclaman.

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