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Apatía y Democracia
Redacción, Diario El Divisadero - 16-06-2017

Los políticos/as, incluidos los parlamentarios, y también los empresarios, hacen permanente mención al tema, porque no cabe duda que hoy, la fuerza de los movimientos ciudadanos o sociales, tiene una dinámica más autónoma y quienes apuestan por una nación más democrática y absolutamente intolerante con la corrupción, saben que en la población están las más relevantes sensibilidades para entender hacia dónde van los anhelos de la gente.

Hoy Chile enfrenta una crisis de credibilidad inédita en nuestra historia reciente, solo comparable a lo que acontecía en dictadura, y los territorios han ido dejando huellas respecto a sus anhelos más sentidos y prioritarios, dejando en evidencia que el país necesita descentralizarse y con la fuerza ciudadana, consolidar un auténtico proceso de regionalización, para que la nación pueda desarrollarse con equidad y armonía territorial.

Y en esta lógica evolutiva de la sociedad chilena y de nuestra democracia, nos vemos enfrentados a nuevos desafíos, y no en vano se pretende iniciar un auténtico proceso de reformas o transformaciones en las más diversas áreas socioeconómicas y culturales, donde está también en el ambiente, el Proceso Constituyente que el Gobierno impulsa.

Y es que efectivamente hoy más que nunca se requiere de la integración y la unidad para superar las dificultades económicas y políticas que enfrenta Chile. Hay que fortalecer las capacidades humanas e invertir en el más valioso capital del que se dispone, las personas, mediante la capacitación y el perfeccionamiento, en especial de los jóvenes, quienes requieren con urgencia de una atención que afiance su proceso formativo, generando, al mismo tiempo, las condiciones para su incorporación al mercado laboral ya que ello es un factor determinante para lograr la baja en los indicadores de pobreza.

Transformar el país es una tarea monumental que pasa necesariamente por el poder de la ciudadanía y por su sentido de pertenencia, pero además, por reformas constitucionales que se deben legitimar con la aprobación de los parlamentarios. No en vano el poder de decisión de las personas es fundamental para lograr este tremendo objetivo, y es a la ciudadanía a la que se le delegan grandes responsabilidades en esta materia.

Es la ciudadanía la que está mostrando un nuevo ímpetu en la búsqueda de reformas que profundicen la democratización de Chile en todos los ámbitos, que legitimen la equidad, la justicia social y la probidad como valores fundamentales de nuestro sistema republicano.

Hay metas colectivas que se deben enfrentar con cohesión social, con unidad y sentido común, con acciones que estén por sobre nuestras legítimas diferencias, pero también con respeto y mucha tolerancia. No guardando silencio ni menos sacarle provecho político a determinadas situaciones.

Los chilenos y chilenas anhelan gestos contundentes de honestidad y decencia, vengan de donde vengan, pero con mayor exigencia se los hacen a las autoridades, políticos, parlamentarios y empresarios. Estamos aún a tiempo de cambiar conductas corruptas e indecentes, y castigar a quienes incursionan en ellas. Si ni siquiera lo intentamos, tendremos que empezar a preocuparnos.

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