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Desmitificando la muerte: ¿Cómo vivir la idea de morir?
Javier Jiménez Cortés - Psicólogo Unidad de Oncologia y Cuidados Paliativos - Hospital Regional de Coyhaique
Servicio de Salud Aysén, Columnistas - 28-06-2017

Desde mi línea de trabajo y la de muchos otros en salud, corresponde lidiar con el concepto y la experiencia de muerte como parte de la cotidianidad. En este sentido, la idea de la mortalidad y la impermanencia del ser humano son conversaciones usuales que traen una buena carga de ansiedad, tristeza y miedo. 

La idea de que podemos morir, que en general queremos evitar pensar, se hace aún más real cuando enfermamos gravemente, añadiendo nuevas cargas emotivas a la ya difícil experiencia de estar enfermo. Nos encontramos de frente con la condición humana, que nuestro paso por este planeta en esta forma física tiene un principio y un final. Se hacen presentes nuestros apegos, las cosas que no queremos perder, las personas que queremos seguir viendo y las tareas pendientes; reflexionamos sobre nuestras decisiones, sus consecuencias y lo que deberíamos enmendar. 

Trabajar en este lado de la experiencia, hace observar cómo se puede  perder el sentido de la vida y cómo estas situaciones comienzan a crear un contexto de dolor total, no sólo físico, sino también uno que se extiende hacia la experiencia emotiva, familiar y espiritual. 

En estos años he llegado a considerar que la forma como educamos desde la vida familiar, escolar, religiosa y política, debiese integrar de manera más real y desmitificada el concepto de “impermanencia” –muerte-, la noción de que no somos eternos, o, si se quiere mirar desde la ciencia, la entropía (tendencia de los sistemas a decaer).

Trabajando en el área de la salud se aprende la humildad y se puede observar afortunadamente situaciones -que solo parecen teoría en los libros-, en personas en sus etapas finales de enfermedad. He visto sujetos auto-realizados, orgullosos de su paso por este mundo, de haber construido una familia unida y amorosa o por contribuir al bienestar social. Me han enseñado el valor de las pequeñas cosas. He aprendido que se puede vivir sabiendo que te vas a morir, que la vida no se acaba hasta tu último aliento, que no es una lucha contra tu enfermedad, que puedes darle sentido y que a veces necesitamos un empujoncito para atrevernos a no dejar de vivir hasta el final. 

Pero, ¿cómo educarnos y educar en re-aprehender el concepto de “muerte”? ¿Desde dónde obtenemos este tipo de información? 

Las fuentes son variadas y provienen desde miradas religiosas y científicas, que curiosamente en este punto no se niegan entre sí. En general todas las religiones comprenden y enseñan el estado limitado de nuestra estadía en el planeta y ofrecen como parte de esta cosmovisión espacios que vienen a ser descanso después de nuestra muerte. Eduque desde sus creencias religiosas en lo real e inevitable de la muerte y cómo dicha situación no es el final del camino. Esto también ayuda a poder dar un sentido a la vida deseable para la convivencia social, donde nuestras buenas acciones serían garantía de un buen pasar en la siguiente vida. Oriéntese por sus guías religiosos. 

Desde el  punto de vista científico, observe junto a sus hijos el mundo y cómo se encuentra en constante cambio, acompáñelos y edúquelos en la noción de que todo en el planeta nace, crece, cumple su función y muere, y que dicho proceso es parte del ciclo vital. Parta de conceptos simples usando la naturaleza a su favor. 

Si este tema le resulta de interés, compártalo en las reuniones de apoderados, vea qué opina el resto de los padres, hable con los profesores e indague si hay opciones de insertar estas conversaciones en el colegio. 

Valóricamente, observe donde instala sus apegos y qué importancia le entrega a los objetos en su vida. Aprenda a valorar el tiempo con su familia o grupo de pares, entregando un sentido humano al convivir en sociedad, comprendiendo que la compasión y la ayuda mutua son elementos fundamentales para crecer en sociedad. 

Si se encuentra en una situación donde estas conversaciones ya están presentes, no evite conversar de sus preocupaciones, miedos o cualquier otra emoción que esté siendo de difícil manejo. Consulte con sus médicos tratantes la opción de obtener orientación, recuerde que conversar de estos temas permite liberar altas cargas de emotividad que de otra manera solo nos traerán consecuencias indeseables. 

Los invito respetuosamente a conversar sobre la muerte como parte de nuestro ciclo de vida, nuestra espiritualidad y como parte de los motivadores para vivir mejor. 

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