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Del desgaste y la desconfianza, a la esperanza de auténticos cambios
Redacción, Diario El Divisadero - 14-07-2017

Si analizamos con tolerancia y razón el discurso de la clase política, creo que coincidentemente llegamos a las mismas conclusiones. Y advertimos un constante intento por utilizar una retórica obsoleta, una oratoria desgastada, en definitiva, carencia total de ideas y la utilización de un lenguaje aburrido, plano y sin espacio para otras alternativas.

Siempre señalamos que las metas, desafíos, anhelos e inquietudes colectivas, se relacionan siempre con aspiraciones absolutamente transversales que se vinculan con una mejor región, un mejor pasar en lo económico y lo laboral, un estado de bienestar y tranquilidad social en todo ámbito.

Múltiples son las tareas que debemos asumir en conjunto para que este territorio comience a hacerse notar por su “factor humano” y sepa poner esas potencialidades como elemento decisivo a la hora de las definiciones. Para cumplir gran parte de estos objetivos, los ciudadanos/as esperan ver señales claras y potentes desde las autoridades para generar certidumbre social, actitudes de verdadera tolerancia y un discurso más consecuente entre lo que se dice y lo que se hace.

Esto porque a veces la distancia entre la teoría y la práctica es abismante, y se genera un clima de mucha incredulidad en la ciudadanía. No es casual que hoy sean la incredulidad y la desconfianza, los aspectos que mejor representa la relación Gobierno-Ciudadanía, y así lo señalan las encuestas, los sondeos y estudios de opinión que se han hecho durante los últimos meses.

Pero pese al escepticismo que hoy existe en torno a la gestión gubernamental y a muchas instituciones de la República, cada habitante de Aysén tiene plenamente asumido su deber de aportar decididamente al desarrollo de este territorio, anhelo que hace rato viene manifestándose con mucha fuerza en el diario vivir de los hombres y mujeres que formamos parte de esta comunidad patagónica.

Este año ha tenido, como muchos otros, sus cosas buenas y malas, luces y sombras, pero desde la función pública, desde la política, desde el Gobierno y la Oposición, las señales han sido decadentes.

Las aspiraciones ciudadanas son absolutamente atendibles en cualquier democracia, pero a veces se tornan algo difíciles de alcanzar por diversos problemas que en este territorio parecen acentuarse por cuestiones de distancia, aislamiento u otros factores. Por eso nos motiva mirar el futuro con optimismo, con la sensación de que lo que viene debe ser mejor. Este año tenemos elecciones generales, en noviembre, una concreta oportunidad para al menos gestar los cambios que todos anhelamos. En todo ámbito pero fundamentalmente, pensando en un mejor país, en una mejor administración de la República.

Esperamos un rol más protagónico de las autoridades y también del sector privado para poder incentivar a nuestra gente sobre la importancia de fomentar una efectiva unidad y certidumbre social. Estamos consientes que el desafío es grande, porque históricamente ha costado unirnos ante objetivos colectivas.

Creemos que es fundamental que aparezcan nuevos liderazgos y motivaciones que estimulen el “ser aisenino”. Debe ponerse en valor el sentido de pertenencia sin caer en chovinismos, y apelar a ese sentimiento de arraigo con esta tierra para impulsar unidad verdadera, auténtica y comenzar así a construir un futuro mejor.

No nos cansa reiterar que Aysén tiene un tremendo potencial en todos los ámbitos, pero en rigor el tema es saber cómo aprovechamos estas fortalezas y las transformamos en nuevos empleos, en mejor calidad de vida y en oportunidades para la gente.

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