El Tiempo, Coyhaique
Busqueda
Las ignoradas facultades ambientales de los juzgados de policía local (X): Sana crítica, elementos
Patricio Ramos, Cuidadano - 12-08-2017

La semana pasada citamos aquel pasaje del Libro de Reyes (23-27) donde Salomón se aplicaba en la resolución de una pugna entre aquellas mujeres por la maternidad de cierto bebé. Efectivamente, el Rey-Juez, haciendo carne el principio de Inmediación (proximidad del Juez con la prueba y las partes) y aplicando lo que hoy denominaríamos Sana crítica, solucionó el conflicto de marras, en un despliegue de sabiduría proverbial.

En efecto,  y como ha dicho otro sabio, las normas de la Sana Crítica son: “las reglas del correcto entendimiento humano; contingentes y variables con relación a la experiencia del tiempo y del lugar; pero estables y permanentes en cuanto a los principios lógicos en que debe apoyarse la sentencia” (Couture, Eduardo: “Estudios de Derecho Procesal Civil”, t. II, Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1979, p. 195.). 

Así, en general, esta manera de apreciar la prueba, y los hechos que se pretende acreditar con ella, involucran la consideración de elementos que no tienen que ver necesariamente con una orden abstracta de la ley, que tasa o le da valor inamovible a ciertas pruebas en sí mismas o en perjuicio de otras.   En este sentido, en primer lugar, en la confección de un fallo, el Juez realiza una operación que obedece a la lógica, y sabemos que la disciplina de la lógica -obedece a su vez- a una serie de principios que son perennes. Siguiendo al mismo autor, nadie dudaría del error lógico de una sentencia en la cual se razonara de la siguiente manera: los testigos declaran que presenciaron un préstamo en monedas de oro; como las monedas de oro son iguales a las monedas de plata, condeno a devolver monedas de plata. Evidentemente, está infringido el principio lógico de identidad, según el cual una cosa solo es igual a sí misma. Las monedas de oro solo son iguales a las monedas de oro, y no a las monedas de plata. De la lectura, pudiera comentarse que estamos frente a una perogrullada, sin embargo, si extrapolamos esta figura base a otras de una naturaleza, acaso más técnica, notaremos la utilidad de tener en vista la lógica al fallar. 

Por otra parte, un pilar de la Sana Crítica es lo que conocemos como las  Máximas de la Experiencia. Un autor, clásico a estas alturas, las define como aquellas “...extraídas de su patrimonio intelectual (del juez) y de la conciencia pública...”.  Manifiesta la utilidad de estas reglas pues “las máximas de experiencia poseídas por él, por lo general, le servirán de premisa mayor para sus silogismos -por ejemplo, la máxima de que la edad avanzada produce en general un debilitamiento de la memoria, le hará considerar en concreto la deposición de un testigo viejo menos digna de crédito que la de un testigo todavía joven-...” (Calamandrei, Piero: “Estudios sobre el proceso civil“, Editorial Bibliográfica, Buenos Aires, 1961, p. 381).

Se tiene entonces  que en aquel episodio que se pierde en la noche de los tiempos existían dos madres: ambas clamando vigorosamente por justicia. Pero mientras la madre apócrifa  estaba dispuesta a que al bebé le partieran en dos, y que si no era de ella, “no fuera de ninguna”, la verdadera madre no solamente reclamaba con desesperación la resolución del asunto, sino que además estaba dispuesta a perderlo a fin de que éste viviera. Por cierto, que un razonamiento en aplicación de las Reglas de la Sana Crítica, empleando las Máximas de la Experiencia, concluiría que es precisamente una regla de la experiencia que el amor de madre, acaso el más intenso, desinteresado y comprometido, es el único que explicaría la renuncia a estar físicamente con su bebé, no dudando Salomón en dar a cada una lo que “le es propio” es decir, haciendo justicia. Continuará…

Videos
Ver todos
+ Artículos de
Twitter
Portada
Editorial
Ver todas
Facebook