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Atrapados en el circo
Rodrigo de los Reyes Recabarren, Abogado - 12-08-2017

“Perdona hermano mío si te digo que ganas de escribirte no he tenido, no sé si es el encierro, no sé si es la comida, el tiempo que ya llevo en esta vida, lo cierto es que el zoológico deprime y el mal no se redime sin cariño, si no es...por esos niños que acercan su alegría, sería más amargo todavía a ti te irá mejor, espero viajando por el mundo entero aunque el domador, según me cuentas, te obligue a trabajar más de la cuenta, tú tienes que entender, hermano que el alma tiene de villano el no poder mandar a quién quisieras descargan su poder sobre las fieras. 

Muchos humanos son importantes, silla mediante, látigo en mano pero volviendo a mí, nada ha cambiado aquí desde que fuimos separados, hay algo sin embargo que noto entre la gente, parece que miraran diferente…sus...ojos han perdido algún destello como si fueran ellos los cautivos yo sé lo que te digo apuesta lo que quieras, que afuera tienen miles de problemas, caímos en la selva de mármol y miren que piadosas manos su aire está viciado de humo y muerte y quien anticipar puede su suerte volver a la naturaleza seria su mayor...riqueza allí podrán amarse libremente y no hay ningún zoológico de gente cuídate hermano...  yo no sé cuándo pero ese día viene llegando”(“Carta de un león a otro” Chico Novarro-Juan Carlos Baglietto).

La historia de la letra de la canción transcrita más arriba no tuvo un origen animalista o ambientalista, como se cree o comúnmente se piensa. En la década de los icónicos años setenta el Cono Sur estaba gobernado por Dictaduras militares y Cívico-militares. La censura era lo cotidiano y los artistas y creadores perseguidos como delincuentes, buscaban formas de  mantener encendida la llama de la esperanza. Es así que esta canción y su conmovedora letra nació inspirada en la  carta de un preso político uruguayo.

De alguna forma Chico Novarro (Bernardo Mitnik Lerman, un compositor y cantante argentino) tuvo acceso a la carta y la convirtió en letra y en los años ochenta el cantautor Juan Carlos Baglietto la interpretó y ese tema fue el himno de una generación que, en las calles de sus países, gritaba “Libertad”

He recordado esta canción devenida en un himno sobre la libertad de los animales usados, explotados y maltratados en circos, zoológicos y diversos espectáculos, a propósito de la votación en el Senado que rechazó la eliminación de los animales amaestrados en los circos chilenos.

Si bien esta discusión se dio en contexto de la discusión de la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, y existen algunas normas –no orgánicas- que tratan el maltrato animal y el bienestar animal, aún el diseño jurídico institucional es insuficiente.

No debemos olvidar que en Chile las especies silvestres son “protegidas” en una Ley de Caza cuando debiese existir un estatuto jurídico especial, es decir una Ley de Fauna Animal.

Sin embargo la esperanza de que el hombre se humanice no está perdida y como escribió hace décadas un preso político uruguayo, encerrado en lúgubres mazmorras, “…yo no sé cuándo pero ese día viene llegando…”

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