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Un hecho histórico imborrable
Redacción, Diario El Divisadero - 11-09-2017

Hoy se cumplen 44 años desde el quiebre institucional del 11 de septiembre de 1973. Sin duda el episodio más triste, desgarrador y doloroso de nuestra historia republicana.

Se trata de una fecha que provoca distintas reacciones, pero pese al paso del tiempo, es sano que se generen los espacios de debate y discusión y aún más, de reflexión, en torno a lo ocurrido aquella imborrable jornada.

Nadie desconoce que aún conviven opiniones diversas sobre las causas que llevaron a la ruptura de nuestra institucionalidad democrática en el tercer año de gobierno del Presidente Salvador Allende Gossens. No ha sido fácil, en todos estos años, advertir señales que permitan creer que las heridas comienzan a cerrarse y a sanarse, en especial cuando muy poco a poco comienzan a reconocerse públicamente algunos de los errores cometidos y que fueron condicionando un momento tremendamente complejo para el país como fue el que se vivió el 11 de septiembre de 1973.

Hay sectores que plantean la necesidad de dar vuelta la página, requisito fundamental para una efectiva reconciliación y unidad nacional. Una suerte de amnistía o perdonazo que facilite algunos gestos para generar puntos de encuentro entre las posiciones más extremas en torno a estos acontecimientos. También están aquellos/as que demandan verdad y justicia como aspectos irrenunciables para que la sociedad chilena se reencuentre y sea capaz de delinear el futuro, con la capacidad de perdonarse y asumir los errores cometidos y que detonaron la crisis política de aquel año.

A 44 años del golpe militar, hay claridad en varios aspectos, por ejemplo, que la tesis de la guerra civil que fue una manera de justificar las violaciones a los derechos humanos, jamás llegó a comprobarse. Pero más allá de cualquier reflexión histórica, los chilenos y chilenas siguen extrañando actos de arrepentimiento, de público perdón, de humildad. Convengamos que 44 años sí permiten pensar y actuar con la mente fría, libre de la pasión que confrontó dos sectores absolutamente polarizados.

Hoy son las nuevas generaciones las que demandan la atención de quienes anhelan ver a Chile en las ligas mayores del desarrollo. Esos que no habían nacido hace 44 años, y que son los herederos/as de una nación que hoy vive en paz y libertad, pero que ciertamente se resiste a olvidar uno de los episodios más tristes de nuestra historia democrática.

Un país que aún no logra reencontrarse en torno a este desgarrador momento, pero que intenta avanzar hacia una justicia efectiva, sin complejos, que no se condicione por el paso de los años ni por las variables que imponen las normas jurídicas imperantes, sino que se sustente principalmente en un apego absoluto al respeto por los derechos humanos y en la legitimidad de la democracia como valores irrenunciables de toda sociedad.

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