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La caza del siglo XX en el litoral
Carlos Appel de la Cruz - Sociedad de Historia y Geografía de Aisén
Columnista, Colaborador - 14-09-2017

Antes de la colonización efectiva del litoral, siempre hubo incursiones para apropiarse de los recursos naturales. Una de las actividades paralelas a la extracción de ciprés, fue la cacería. Una actividad bien remunerada era la entrega de pieles, que los compradores llevaban a las peleterías para su tratamiento y posterior confección de abrigos.

Esto comenzó en la zona desde los primeros colonizadores. Don Felipe Westoff quien financiaba parte de su Empresa con la venta de pieles en los años 1950 y posteriormente otros personeros adinerados, compraban y financiaban estas cacerías. 

A la entrada de la Laguna San Rafael, se encuentra el Estero Elefantes y el Golfo Elefantes, cuyo nombre se debe a la existencia de muchos años atrás de Elefantes Marinos, (Mirounga leonina), los que habrían sido extinguidos por la caza indiscriminada, no obstante no hay registros de escritos que esta actividad se haya efectuado, menos estadísticas.

En la Región de Aisén se transaban básicamente las Pieles de Huillín, las de Chungungo, las de Coipo, las de Lobos Marinos de un pelo y la de Lobos Marinos de dos pelos.

El Huillín o Nutria de Rio (Lutra provocax) y el Chungungo  o Nutria de Mar, (Lutra felina)  son dos especies de Nutrias que habitan la zona,   muy similares entre ambas,   se alimentan de peces y hacen su madriguera en los bosques a orillas de la costa.  Eran cazadas con escopetas del calibre 16, que llevaban los cazadores en sus chalupas, junto a una jauría de más o menos 10 perros los cuales olfateaban el aire y al captar la existencia de alguna nutria se tiraban al agua a perseguirla, si la nutria no alcanzaba a llegar a la costa se le disparaba en el mar y así matarla y recogerla, y si estaba en la costa o alcanzaba a llegar a ella, eran los perros quienes la perseguían y atrapaban.

Una vez terminado el día, los “gateros” (porque cazaban gatos, (Nutrias) descueraban las presas logradas, y estos cueros eran estirados entre cuatro varillas de madera de manera tal que logren tener la medida mínima exigida o más, pues se pagaba por centímetro de largo, y estas pieles así estaqueadas se colgaban en el rancho para que se sequen, y luego entregarlos a los compradores.

El Coipo, (Myocastor coypus melanops), al igual que el Huillin, se cazaba también con un tiro de escopeta, este se ubica en las explanadas anegadas de agua, entre los pastizales, donde hacen caminos por donde transitan, así, siguiendo los caminos o en los charcos, los encontraban con  la ayuda de los perros, hasta quedar a distancia para dispararle.

Los Lobos Marinos  de un pelo (Otaria flavecens) y Lobos Marinos dos pelos,  (Arctocephalus australis australis), son dos especies de lobos marinos, esta última, ya está extinta en la zona y lograba mejor precio.  Lo más lamentable de esta práctica es que la peletería aceptaba solo los lobos recién nacidos o a punto de nacer. Llegan los cazadores, quienes en un momento de oleaje y marea favorable, se meten en el lugar de las pariciones, y premunidos de un garrote de luma, matan al recién nacido con un certero golpe en la cabeza, y así van avanzando y matando a todo “popito” (lobito) que esté a su paso, luego, despellejarlo y seguir como se describe con los huillines.

Conforme cambiaron los tiempos y el respecto por la vida silvestre, la cacería se fue perdiendo y las peleterías de la capital fueron cerrando, quedando cazadores muy esporádicos, hasta la total prohibición de caza. 

Hoy en día existe permiso de caza para el visón: una especie. Introducida por el hombre que ha diezmado gran parte de la fauna. El Visón no tiene depredadores naturales, ha sabido adaptarse al punto de nadar hasta las islas y depredar los huevos de las aves. Todas estas intervenciones de orden antrópico, han cambiado el frágil escenario de la fauna marina en nuestra Región.

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