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La democracia y sus matices
Redacción, Diario El Divisadero - 14-09-2017

No se resalta mucho, tampoco es motivo de actos o hitos, pero este viernes 15 de septiembre es el Día Internacional de la Democracia, una fecha que poco se conoce pero que ciertamente representa uno de los valores más apreciados en cualquier rincón del Planeta.

En Chile hemos aprendido a valorar y a cuidar nuestro sistema democrático, y con sus imperfecciones e inconsecuencias, ha logrado validarse y poco a poco, perfeccionarse. Pero no podemos sostener que nuestro sistema representa a las grandes mayorías, porque tanto la apatía de quienes sienten legítimamente que nuestro modelo no está a la altura del verdadero significado de la democracia, como los acontecimientos por todos conocidos, han deteriorado la imagen y las bases de nuestra democracia a niveles realmente peligrosos, donde la legitimidad y la credibilidad están en entredicho.

Algunos sostienen que el sistema electoral era lo que más atentaba o perjudicaba nuestra democracia, pero se pudo lograr avanzar en esta materia e instalar un mecanismo más ciudadano y representativo. Y aunque el adjetivo puede parecer irónico; creemos que ninguna democracia madura, instalada en un país serio como Chile, podía permitir un mecanismo electoral tan anacrónico y sectario como el binominal.

Tal vez fue cómodo para muchos, políticamente adecuado, de transición, pasajero o como se le quiera llamar, pero la mayoría de los chilenos y chilenas ya fijó su opción sobre este mecanismo y definitivamente ese sentir terminó por invisibilizarlo.

Los gobernantes suelen arengar al pueblo señalando que no hay que tenerle miedo a la democracia, y más allá de lo populista o efectista que pudiese parecer, efectivamente las democracias se deben construir así, de cara a la ciudadanía, escuchándola, considerándola y haciéndola protagonista del modelo que se quiere instalar para validar el gobierno de todos y todas.

Pero como en todo, las cosas están cambiando y el país, a través de la representatividad legislativa pero fundamentalmente mediante la atención cada vez más creciente que se le está dando a los movimientos y organizaciones sociales, está avanzando hacia tendencias más progresistas, más liberales, donde si perder de vista aspectos valóricos fundamentales para cualquier Nación, se ha ido instalando una cultura democrática más exigente, más crítica, más acorde al sentir de la comunidad. Una ciudadanía más crítica y cuestionadora con los gobernantes y las instituciones.

Si así lo impone el clamor popular, entendido este concepto simplemente como la voz de las mayorías, hay que ser optimistas y esperar que las transformaciones que Chile requiere para seguir potenciando su democracia, deberán gestarse desde el tejido social y desde los nuevos liderazgos que están cambiándole el rostro a nuestro país, democratizándolo y haciéndolo más inclusivo, diverso y tolerante.

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