Francisco, no cierres la puerta
Rodrigo de los Reyes Recabarren, Abogado - 13-01-2018

Chile prepara su corazón, engalana los espacios públicos para recibir, por segunda vez en su historia republicana, la visita de un Papa. El Vicario de Cristo en la Tierra. Además jesuita como nuestro San Alberto. Ambos con una marcada opción preferencial por los pobres.

Estos días de reflexión, opiniones, polémicas, recuerdo aquel escrito de San Alberto, que conmocionó  a nuestro país en su momento “¿Es Chile  un país Católico?” El censo dice que sí, las cifran dicen que sí. Nuestras acciones como país, como sociedad, nos indican lo contrario. 

El país que visita Francisco, aún  no resuelve los problemas con nuestros pueblos originarios y la ocupación de sus territorios, las heridas que dejó la dictadura expresadas en los cientos de detenidos desaparecidos siguen abiertas y el destino final de esos chilenos y chilenas sigue sin conocerse. También los casos de sacerdotes ejecutados como Joan Alsina, Antonio Llidó, Miguel Woodward, André Jarlán, Renato Poblete. Los pactos de silencio han sido más poderosos que la verdad que nos hará libres. A esos dolores hemos incluido otros. El trato miserable y esclavista que ciertos “empresarios” otorgan a los inmigrantes que han llegado a nuestro país en busca de una oportunidad. Bien dicen que a la modernidad nuevos vicios, pero los mismos pecados que llevaron a Cristo a expulsar a los mercaderes del Templo.

Sin embargo hay una herida abierta –como una llaga en pleno rostro de Cristo- un dolor de antigua data, pero reciente en la opinión pública.

Conmueve la publicación de periodismo de investigación sobre los ochenta religiosos que han sido acusados por abusos sexuales en Chile en los últimos 15 años. Se trata de cuatro obispos, 66 sacerdotes, un diácono, dos consagrados, seis hermanos maristas y una monja.

Las víctimas han pedido ser recibidas, han pedido ser escuchadas. Y además, deben ser reparadas. 

Ese encuentro que no tiene nada de mediático pero sí mucho de histórico, de paz, de justicia, está empañado por los dichos previos que Francisco tuvo respecto del caso del cura Barros en Osorno. No vamos a repetir sus desafortunadas palabras. Solo pedimos que Francisco escuche a las víctimas, condene a una jerarquía que fue complaciente sino cómplice de los abusos, donde nuestra región no estuvo ajena a ellos.  Francisco, es hora de bajar de la cruz, limpiar las heridas y sacar las espinas a las víctimas. El pueblo cristiano lo exige.

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