E... e... e... (Relato)
Carmen Gloria Parés Fuentes, Columnista - 16-03-2018

-¿El arriendo? 

-No lo tengo todo señora Perla, estoy a punto de conseguirlo, se lo dije a su madre no hace mucho.

-La cosa está así, si tienes tantos problemas para juntar la plata tendrás que buscar una nueva casa donde vivir.

Vaciló Pastora en decirle algo a esa señora tormento recargado, pero guardó silencio, cosa que venía practicando con cierto estándar, estilo y éxito hace algún tiempo. Además, qué podría agregar. Las disculpas económicas agravan la falta. Nadie tiene mucho tiempo ni paciencia para escuchar los prolegómenos de una acuciante situación de carencia. Todos alrededor por estos días impagos corrían la misma suerte del pobre o del inquilino. Se decía en muchos papeles de diario y de libros que la clase media en el país ya no existía. Eras rico, muy rico o millonario, o eras pobre o miserable. Y la suerte de millones la echaban a correr como balón pie unos cuantos diariamente en buró y transacciones, en la bolsa y el bursátil, en la especulativa inversión de pantalla. 

Resignación ¿era un indicador económico del pueblo o un estado? ¿Crédito de tiempo para hipotecas y quiebras o era la riqueza interior del fantasma de la esperanza? Afuera cavilaba la vida de alguien un largo freno de vehículo, algún resignado pensando en sus deudas, su futuro. Pastora torció hacia la indiferencia y se sentó a escribir, después de todo era poeta, más encima. ¿A quién se le ocurre jadear con algo tan poco lucrativo? A unos cuantos, a una estimable cantidad de criaturas nacionales detrás de su pedazo de patria móvil: el libro de poesía, la novela, la vida. 

Pero luego venía el desdén y era mejor acostarse para salir a expatriarse en la mañana en trabajos que resignadamente pensaba que alimentaban la poética. Es que es el lucro sin fin. Este lucro que no tiene precio. Un cigarro, ¿un té o un café? Mate a esta hora, ni pensarlo, pero si quieres escribir esa novela que nunca sale de tu interior a inyectar de imágenes las páginas saladas, ¿no es bueno colocarse algo para evitar dormir? 

Un cigarro y otro y otro, la cajetilla y a esperar entre el crepúsculo y el cáncer. Escribir, ¿qué escribir? Las confesiones de una adicta, el manual contra incendio en los archivos, el tratado de la recuperación de los derechos de agua, la constitución de un estado federal, la poética de los valles, la nueva novela de los que llegaron primero o la novela de los que nunca se fueron…qué escribir.

Pastora hija de todos los sur que existen en el mundo, de todos los fríos y de todos los bosques, el sur de la familia, el sur del origen conyugal, del genealógico, el sur de la cultura, el sur del sin fin. El sur de las palabras que erosionan el silencio. El sur de Pastora. Un sur preparándose paso a paso e ¿inconscientemente? para el estallido, el sur que vencerá al norte explotador del mundo poblacional, de la tierra y sus seres vivos. El sur de los perros y de las cantarias muertas, el sur de los hielos que se derriten, el sur que se mira desde una google satelital para ver su despoblado sitio, el sur que se mira jugando al Tío Rico, como un condado lleno de ríos para electrificar la supervivencia de la elite.

Extracto de un Cuento del primer decenio del segundo milenio.

El Divisadero TV
Teaser Documental Poético "Hacia el Cielo"
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