Firme junto a la Convención
Patricio Segura Ortiz, Periodista. psegura@gmail.com - 07-09-2021

Esta columna no será un análisis.  Tampoco un comentario neutral, vestido de falsa objetividad.   Simplemente aspira a entregar elementos para, más que entender, seguir empujando el proceso que partió como una utopía, siguió como un objetivo y hoy es una realidad.  Pero una realidad, como todo en la vida, que puede cambiar.

Será, por ello, algo más honesta que los escritos lanzados desde la cuestionable trinchera de la ecuanimidad, y que apelando a cierta distancia afectiva o intelectual justifican lo propio, condenan lo ajeno.  Práctica de todos los días, no sólo en ellos, los otros, también en nosotros producto de la constante disputa en que se ha transformado la acción política y pública.

Esta columna busca simplemente argumentar a favor de la Convención Constitucional.

La agenda pública de las últimas semanas se ha concentrado en la Lista del Pueblo, claro está.  No sólo por una atención selectiva de la prensa mainstream motivada por intereses de poder, que por cierto los hay, sino por la contradicción interna de un colectivo que ha basado su acción política en barrer con las prácticas de la política tradicional. 

Lo ocurrido con el candidato de la Lista del Pueblo, Diego Ancalao, y las firmas falsas para inscribirse para la Presidencia, no es el estándar de democracia por el que se ha bregado tanto.  Uno que ha cuestionado los padrones abultados, el clientelismo, el cohecho, la corrupción y el financiamiento ilegal de la política al que la prensa insiste en llamar sólo irregular.  Uno que busca desterrar el nepotismo y que los cargos de representación popular se terminen transformando en pymes familiares.

Tampoco es a lo que se aspira lo ocurrido con Rodrigo Rojas Vade, el “Pelao” Vade, constituyente que cobró figuración pública por dar una titánica lucha contra el cáncer.  Algo que en todo caso no ideó para postularse, ya que las imágenes donde daba cuenta de su diagnóstico oncológico son de octubre de 2019, cuando la Convención Constitucional aún no aparecía en el horizonte como posible salida a la crisis.  Lo que sí ocurrió fue que mantuvo la puesta en escena cuando ya la disputa electoral estaba desatada.

Sobre esto, ya mucho se ha dicho. 

Lo principal ahora es que tampoco es estándar de la democracia que apostemos al empate recordando los errores cometidos por el sistema político y empresarial en general, y los horrores de la derecha y la dictadura en particular.  Tal lo sabemos desde hace décadas y es lo que precisamente ha empujado el avance en pos de la transformación.

Menos aún es patrón la justificación a todo evento.  Rodrigo Rojas sufre una grave enfermedad y por lo que se sabe habría optado por ocultarla para no pasar por la estigmatización asociada a ella.  Con él uno puede empatizar en tanto persona, porque debemos insistir en construir una sociedad inclusiva y cuyo sistema de salud nos acoja a todos y todas, como derecho social garantizado.  Eso no está en duda. 

Pero incluso con estos antecedentes, mentir o tergiversar hechos no debe ser modelo a seguir en general, pero menos aún en el ejercicio de la función pública ya que en este caso su batalla contra el cáncer salió de la esfera de lo privado al transformarlo en elemento de campaña.  

El sentido de lo ético no es sólo hacer siempre lo que se considera correcto (nadie está llamado a lo imposible, dicen) sino que lo que para uno es incorrecto lo siga siendo aunque sea uno o los cercanos protagonistas de la acción.

No formamos parte de la Lista del Pueblo, aunque en la pasada elección convencional era uno de los conglomerados con los cuales como lista regional A Pulso “Por el buen vivir”, nos sentíamos más cercanos.  Por eso perturban estos hechos.  Los que deben encausar para algo aprender.

Más allá de la ofensiva por desprestigiar la Convención Constitucional por quienes nunca han creído en ella, en el cambio constitucional ni en la necesaria transformación, es preciso dejar en claro -como se ha hecho en múltiples otras ocasiones con fuerzas adversarias- que hay prácticas que no son aceptables.  

Podría listar decenas de frases para dar cuenta del oportunismo de distintos sectores para emprenderlas en contra de la forma de elección de la Convención Constitucional e incluso en contra del involucramiento de los independientes en política.  Paradójico, cuando en muchos casos han sido ellos y sus partidos protagonistas en socavar la fe pública y la confianza en las instituciones.

Este inédito compromiso con la relevancia de lo público, esta contradicción flagrante, no puede ser motivo para no ver lo necesario.  Incluso aunque se crea que su reconocimiento da municiones a quienes quieren que fracase el proceso.

Porque la solidez de las instituciones no se relaciona sólo con establecer mecanismos para evitar situaciones como éstas, que siempre pueden ocurrir en tanto organizaciones compuestas por personas, sujetas a las mismas virtudes y defectos de los seres humanos que las componen.  La robustez se mide, también, en la respuesta que se da ante su ocurrencia.

Y en este caso, eso es simplemente decir no.  Simplemente no, que es la mejor forma ahora de defender la Convención.

El Divisadero TV
UAysen al día · noviembre 2021
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