Columnista, Colaborador
Lograr que la región de Aysén vuelva a crecer requiere de trabajo en equipo y eso implica, no sólo una articulación público-privada, sino que también el trabajo y la voluntad de avanzar por parte de todos los sectores públicos. Hace pocos días la Comisión de Presupuesto e Inversiones del Consejo Regional, convocó a los servicios públicos para que pudieran explicar el porqué de la demora en la ejecución o rendición de los recursos.
¿Qué significa esto? Que a poco más de un mes de que finalice el año, sectores como Servicio de Salud, Serviu y la Dirección de Aeropuertos, entre otros, han fallado en avanzar con los proyectos comprometidos. Sea cual sea la causa, la no ejecución de recursos, siempre tendrá el mismo resultado: una comunidad que deja de percibir un beneficio y un impacto negativo sobre los recursos que se entregarán a la región por parte del gobierno central el año que sigue.
No es aceptable que los recursos, que deben transformarse en programas y beneficios concretos para la ciudadanía, queden sin uso o atrapados en la burocracia. Y si bien es cierto, a veces existen razones técnicas, logísticas o administrativas que pueden complicar la ejecución, también es cierto que el problema se ha repetido demasiado y, lo que es más grave, los servicios no transparentan esta situación.
Si los sectores no informan oportunamente, si la ejecución no avanza según lo planificado ¿Cómo se pueden reasignar fondos a otras necesidades no cubiertas? ¿Cómo poder hacer un uso eficiente de los recursos si los servicios no se sinceran ni asumen las dificultades que enfrentan?
A pocas semanas de que termine el año, el Servicio de Salud de Aysén tiene 6 mil millones sin ejecutar, la Dirección de Aeropuertos 2.500 millones y el Serviu otros 300 millones. El Gobierno Regional de Aysén estima que cerca de 10 mil millones de pesos no se ejecutarán sumando lo de diversos sectores ministeriales.
El Consejo Regional está cumpliendo su rol fiscalizador, a través del monitoreo del programa de inversión regional (PROPIR). Pero el desafío va más allá. Requiere voluntad política, capacidad de gestión y un compromiso real de los servicios públicos con los recursos regionales y, en definitiva, con la ciudadanía de Aysén. Cada proyecto que no se ejecuta es un retroceso para quienes esperan soluciones concretas.



















