Patricio Ramos, Ciudadano
Costó escribir esta crónica. Debí reducir mis especulaciones y desatinos a 3000 caracteres. Adiós a los cómodos 5000. Esta denuncia sobra, pero con ganas no me puedo quedar, por motivos terapéuticos, claro está.
Heme aquí en Buenos Aires de nuevo ¿Por qué? Porque sí, quién podría culparlo a uno, siempre aquella ciudad aparece como tierra de promisión en todos los ámbitos.
Entre otras cosas buscaba un mate galleta. Este adminículo es un calabazo plano que asemeja precisamente a una galleta. Muy apreciado antaño por los gauchos dada su facilidad de transporte; de hecho, el cronista probó llevarlo en el bolsillo trasero. Funciona.
Hoy encontrar uno de estos avíos es tarea compleja, simplemente porque, siendo su uso vinculado a faenas de campo, ya no es habitual: así como su usuario —el campesino tradicional- es cada día más escaso. Nada nuevo diríamos.
Para ello debí ir a tiendas de antigüedades, donde fue preciso usar la línea Sarmiento que recorre un Buenos Aires que no sale en catálogos de turismo, pero que, sin embargo, representa la verdadera ciudad. Estación Once, Merlo, Ramos Mejía, Moreno, Haedo, Liniers, etc. dan cuenta de ella.
Y es en un barrio, Moreno, donde no encontré aquel mate, pero sí una pléyade de estrellas de la generación del 98: me traje casi a todo Unamuno por unas cuantas monedas, tres títulos de Azorín para completar su obra, la poesía íntegra de Machado, y, un título de P. Baroja; algo de Juan Ramón Jiménez, de la generación del 14, con tres o cuatro títulos; asimismo, su "Viaje a la Patagonia austral" de Francisco P. Moreno, valiosísimo para quienes pretendan entender sucesos que han tenido sus ecos en la Patagonia chilena. Comentario aparte merece la tienda, impensada en un barrio popular de Chile. La masa lectora de este país no tiene nada que ver con la nuestra. Lamentablemente.
Contrariamente a lo pensado, tampoco encontré mi mate galleta en San Telmo, aún así, pude sorprenderme con todo lo que se ve y oye ahí. Bella conexión de estas gentes con su pasado, tan europeo, tan criollo.
Sintetizando esta pasada por la ciudad (recuerda lector solo 3000 caracteres) me enteré que se presentaba, en el barrio de Mataderos, a media hora del centro en "Remis", el Ensamble de vientos andinos del conservatorio Manuel de Falla. Así que partimos a Mataderos.
Y como si el universo me hubiera escuchado, lo primero que veo en un puesto es una muestra de mate galleta, de todos los tamaños y materiales. Me explicó la propietaria que nuevamente los fabricaban pues se han puesto de moda, habiendo total conciencia de su origen, y la necesidad de revitalizar dicha manifestación.
Lo visto es esperanzador, y me pregunté sino es esta una señal de que ahí están mirando de nuevo al campo. Si es así, es digno de imitar.




















