"Están sonando todas las alarmas": Lo que se puede hacer para salvar a los huemules enfermos de Aysén
Por primera vez, el SAG reconoce que la causa de muerte de un huemul es una enfermedad conocida como LAC. Poco se sabe aún cómo se transmitió desde las ovejas a los huemules. Pero desde el mundo científico existe claridad sobre lo que hay que hacer para enfrentar esta grave situación. Sin embargo, el camino está lleno de desafíos.
Redacción, Diario El Divisadero - 04-12-2020

Las cifras oficiales son claras: en 2018 se registró una muerte de huemul en nuestra región, en 2019 fueron dos y en lo que va del 2020 han sido cuatro. Una de las especies de la fauna silvestre de nuestra zona que más nos enorgullece está en franco peligro. Lo han dicho desde todos los sectores, tanto desde el gobierno como desde la academia, el mundo científico y las organizaciones.

De esas cuatro muertes registradas durante este año, el SAG ha podido recabar antecedentes que dan cuenta de que dos de estos ejemplares mostraban inequívocas pruebas de que estaban afectados por una enfermedad llamada linfoadenitis caseosa (o LAC), provocada por una bacteria conocida como Corynebacterium, que es muy común en el ganado ovino y bovino en nuestra región.

La última muerte ocurrió hace poco, el domingo 22 de noviembre pasado, y la necropsia realizada a la huemula de cinco años fallecida dejó una fuerte imagen del impactante y deplorable estado de salud en que se encontraba, con órganos vitales llenos de abscesos y tumores, con un peso bajísimo para lo normal (39 kilos) y una evidente desnutrición.

El LAC se manifiesta externamente
a través de estos abscesos o tumores

Cómo saber cuántos ejemplares están en la misma condición, cómo se contagian, cómo ponerle un freno a esta situación, son preguntas que aún no tienen respuestas claras. Pero Matías Vial, director del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), organismo encargado de “conservar la flora y fauna silvestre”, entre muchas otras funciones, asegura que que la presencia de esta enfermedad (LAC) en los huemules se remonta al año 2008 “con algunas denuncias de estos abscesos” como signos visibles de que algo estaba ocurriendo con la salud de la especie, pero hoy ya se está trabajando para abordar este problema que solo se registra en nuestra región, hasta ahora.

LAC como causa de muerte

Si bien, cada vez que un huemul (al igual que otras especies en estado de conservación) muere, el SAG se encarga de realizar una necropsia, fueron las últimas dos muertes ocurridas este año las que demostraron el nivel de daño que genera esta bacteria en un animal.

Es cierto que la última necropsia apunta a una “falla multisistémica” como causa de muerte de la huemula, Vial asegura que esa condición se genera “porque internamente, los órganos del huemul se ven afectados, no solo los nódulos linfáticos que son aquellas protuberancias que se pueden ver y que hay muchas más fotos y antecedentes. Esta enfermedad es la linfoadenitis caseosa”. Es decir, la causa de muerte real es esta enfermedad y no otra cosa.

Este aspecto ya representa un avance en cuanto a la forma de abordar este problema, debido a que anteriores necropsias daban cuenta de otras causas de muerte, como ataques de predadores como pumas o zorros, además de perros asilvestrados, atropellos, aunque en muchas de ellas habían indicios claros de la presencia de la enfermedad.

El director del SAG asegura que el conocimiento del estado sanitario de una especie silvestre es un lento proceso de aprendizaje, pero que ha permitido entender un poco mejor el comportamiento de esta enfermedad y cómo reaccionar a ella.

Matías Vial, director regional del SAG

Urge conocer mejor la enfermedad

A partir de este conocimiento será clave tener ayuda especializada y ahí es donde entra a jugar un rol fundamental lo que se pueda hacer desde la academia. 

Es así como un grupo de científicos liderados por la bioquímica y doctora en biología celular María Paz Marzolo, quien se desempeña como académica en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), está trabajando para contar con la mayor cantidad de antecedentes posible y colocar una base sobre la que se pueda trabajar en la búsqueda de soluciones para este problema que afecta al huemul. 

El equipo que dirige al equipo multidisciplinario además está compuesto por el médico veterinario y epidemiólogo Fernando Mardones, quien es parte del equipo académico de la Escuela de Medicina Veterinaria de la PUC, y la ecóloga Gabriela Flores del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (Capes).

La Dra. María Paz Marzolo explica que el gran avance que ha tenido el inicio de este trabajo en conjunto con el SAG, Conaf y otras organizaciones como la Agrupación Cultural de Protección al Huemul y Tompkins Conservation, ha sido "visualizar distintas problemáticas. Una de ellas es la situación sanitaria de los animales que es urgente. Es super evidente" y “ya tenemos claro lo que hay que hacer”.

Uno de los primeros pasos es analizar la cepa de la bacteria que se encuentra en los huemules.  El director regional del SAG, Matías Vial señala: “confirmamos que la variedad o la cepa de esta bacteria es ovis, o sea, asumimos que ingresó al menos a través de las ovejas. Eso no quiere decir que el agente causal no pueda ser desde la tierra al huemul, o huemul a huemul. La diseminación de la enfermedad tampoco está clara y no nos cerramos a que exista esa transmisión interna en los grupos”.

Sigue siendo una interrogante, pero las autoridades no descartan ninguna teoría, debido a que hay pruebas de ejemplares juveniles de huemul que no han tenido contacto con ganado ovino y que sí están infectados por esta bacteria, lo que también podría ser explicado “por sus comportamientos, que se lamen o a través de heridas (provocadas) en los cercos”.

Desde la investigación, la Dra. María Paz Marzolo señala que hay que investigar esto tanto en el terreno como en el laboratorio, pues "queremos tener una idea si efectivamente al identificar su material genético y secuenciarlo, esta cepa es la misma que está en ovejas o es distinta, es decir, ha sufrido algún cambio. Eso también nos va a permitir hacer diagnósticos diferenciales de la presencia de esta bacteria”.

La investigadora agrega que es importante determinar e identificar “la presencia de la bacteria en suelo, porque se sabe que el Corynebacterium está en el suelo y es bastante estable. Si se piensa en generar espacios que puedan concentrar huemules, para un centro de rehabilitación, por ejemplo, es importante saber cuál es el tipo de suelo en el que están, si está contaminado o no”.

Crear un test diagnóstico

La otra prioridad es diagnosticar precozmente el LAC en los huemules y en el ambiente para encontrar nichos de resistencia ambiental de la bacteria, algo que no es tan simple como la observación de abscesos y tumores externos en el animal. "Para poder tener un valor estimado de la prevalencia es súper importante el diagnóstico y pensamos que el diagnóstico está siendo un poco tardío y sobre la base de una visualización externa de la patología, cuando eventualmente esto puede partir mucho antes y además hay una presentación visceral de la enfermedad que muchas veces, si el animal no muere, es muy difícil de ponerla de manifiesto”, dice Marzolo.

En la mayor parte de los casos, los tumores aparecen
en la zona del cuello de estos animales, lo que afecta
su aparato digestivo con tumores que les impiden alimentarse.
Esto también termina atentando en contra de su sistema inmune.

“Hay animales a los que no se les ve una protuberancia, pero internamente pueden tener abscesos a nivel hepático o pulmonar y eso es mucho más grave que visualmente se vea afectado”, coincide el director regional del SAG. 

Vial agrega que crear este test “nos ayudaría no solo a diagnosticar las poblaciones que hoy día están en la palestra como la de Cerro Castillo. En Villa O’Higgins, en Cochrane, en otras zonas de la región donde sí hay huemules, poco sabemos de su estado sanitario”.

La Dra. María Paz Marzolo explica que "el diagnóstico temprano del LAC es esencial. Por un lado, permitiría saber con más exactitud qué animales están efectivamente sanos y obtener de ellos muestras de sangre para determinar una línea de base de su estatus inmunológico. Esto se hace mediante hemogramas con diferenciación de poblaciones de linfocitos, y medición de parámetros de inflamación. No sabemos si los huemules pudiesen estar inmunodeprimidos estando “sanos”, lo que los haría más susceptibles al LAC, y cuáles podrían ser las causas de un eventual estado de inmunodepresió. Entre las hipótesis a testear está el el estatus nutricional de los huemules del Parque dado que su hábitat óptimo es tal vez distinto al que existe en esta área protegida. Pudiera ser que los huemules se enferman porque ya están inmunodeprimidos o que la bacteria es más patógena en ellos porque es distinta y los deja en el estado que han sido encontrados. Estas son todas las posibles líneas a investigar”.

Pero lo primero es sentar la base de qué parámetros de salud presenta un huemul sano, para recién comparar los exámenes o muestras que se obtengan de un ejemplar enfermo. Eso se hará mediante lo que el director del SAG asemeja a lo que hoy conocemos como un examen PCR (reacción de polimerasa en cadena) que permite detectar niveles muy bajos del material genético de la bacteria, incluso antes de la manifestación externa de la enfermedad. La Dra. Marzolo indica que en primera instancia, el material para realizar esta detección sería una toma de muestra de las heces de los huemules.

“No hay tratamiento”

“No hay tratamiento. Hoy día no existe. Mucha gente me pregunta, por qué no los vacunan o no les dan un antibiótico. Me encantaría tener esa receta, pero hoy día no existe un tratamiento para esta enfermedad. Pero es algo que estamos abordando”, señala categórico el director regional del SAG.

Cabe destacar que esto también representa un gran avance, en comparación con la visión que el entonces director del SAG del año 2018, Julio Cerda, hacía pública sobre esta situación. Luego de capturar a un huemul enfermo y realizar algunos procedimientos, señalaba que “lo que se hace en las unidades que administra Conaf, es la curación de la enfermedad. Vale decir, si hay un absceso, con toda precaución de abre, se drena, se quita el material purulento y se le pone un antibiótico para que en la maniobra no se contamine más”.

De acuerdo a la bibliografía existente y la opinión de expertos en la materia, una fórmula apropiada para enfrentar esta enfermedad es la creación de una “autovacuna”.

Para entenderlo: Esta bacteria es nueva para los huemules, por lo tanto, su sistema inmune aún no ha aprendido cómo defender al organismo de este ataque. “Cómo le ayudamos al sistema inmunológico del huemul a que se haga cargo de este patógeno que antes no tenía. Para el huemul en su estado silvestre y, probablemente antes de que llegara la ganadería, no existía este agente patógeno. Hoy día está y el huemul se trata de defender, pero su sistema inmune, en algunos casos más y en otros menos, no es capaz de defenderse”, indica Matías Vial.

Respecto de esta "autovacuna", la Dra. María Paz Marzolo explica que "basta decir que es una vacuna. Lo que se necesita acá es encontrar una molécula, por ejemplo, una proteína específica, de esta bacteria que genere una respuesta inmune en el animal”.

Hasta ahora no se sabe cómo está actuando esta bacteria en los huemules. “Lo que aparentemente pasa es que esta bacteria es tan patógena que no está desencadenando una respuesta inmune adecuada en el animal y no sabemos si es porque el animal ya está inmunodeprimido o por que la bacteria de alguna manera bloquea el sistema inmune del animal”, detalla.

Entonces, lo que se busca es alguna proteína que esté en la superficie de la bacteria para purificarlo y asociarlo a otra molécula que aumente la respuesta inmune del animal, algo que ya se ha hecho con otras especies de ciervos, pero que es necesario investigar, probar y ver si es eficaz. “Si resulta, se puede aplicar a otras poblaciones de huemules”, señala la investigadora.

María Paz Marzolo, académica de la Facultad de Ciencias Biológicas
de la Pontificia Universidad Católica de Chile

“La diseminación de la enfermedad no está clara”

Sin embargo, se trata de una materia a seguir estudiando y tomando acciones concretas, sobre todo por que la condicionante presente a lo largo de toda la región es que el hábitat del huemul está atravesado por la Carretera Austral y la actividad humana y ganadera. Es decir, no solo está presente el ganado ovino o vacuno en mayor parte, sino también se marca la fuerte presencia de los perros a lo largo de toda la zona.

“El huemul, los seres humanos y los animales domésticos estamos insertos en esta dinámica. Nos cruzamos, nos movemos y tenemos que ser capaces de abordarlo en su totalidad. Yo no saco nada con abordar a los huemules si no trato a las ovejas, porque estamos sanando al huemul pero después se van a infectar”, señala el director del SAG. 

Y claro que es urgente tomar medidas rápidas de acción, pues Vial advierte que además de los “muchos” ejemplares contagiados en el Parque Nacional Cerro Castillo, “este año constatamos LAC en un lugar que no estaba registrado, pero igualmente cerca del Parque Nacional Cerro Castillo, que es la zona del Lago Paloma y eso sí nos prende otra alerta, porque quiere decir que esta enfermedad se está diseminando. Por eso estamos poniendo foco fuerte en la investigación de la dispersión de estos animales, entender cuánto se mueve un macho o una hembra en época de apareamiento, qué nivel de cruza hay entre poblaciones”.

“Los rangos de dispersión son acotados. No es que un huemul camine cientos de kilómetros en un año. Se mueven en polígonos bastante acotados y eso empieza a generar otras dudas de cómo esto se está dispersando”, agrega.

Incluso, el trabajo puede ir mucho más allá. La Dra. María Paz Marzolo pone el énfasis en lo valioso que es la labor multisectorial. “Es relevante que las comunidades se hagan parte de esto, los ganaderos y todos, como ya está ocurriendo. Pero hay  aún mucho que hacer”, dice.

Gracias al aporte que ya están entregando los propios servicios como el SAG y Conaf, pobladores particulares que comparten el hábitat del huemul, además de organizaciones de protección al Huemul y Tompkins Conservation, "se pueden obtener datos valiosos y nosotros poder generar información relevante para que se tomen decisiones a nivel regional. No somos nosotros los que vamos a solucionar. Creemos que nuestro aporte desde la academia es la de generar información de peso e insumos para los ministerios que abordan estas problemáticas, como el de Agricultura y el de Ministerio de Medio Ambiente. Además, si se aprobara el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, se les daría otro estatus a las áreas que no son áreas protegidas del Estado, donde también puede haber huemules”, agrega la investigadora.

Es cierto que se hace necesario trabajar más en terreno y potenciar los lazos con el sector público y las organizaciones de la sociedad civil. A opinión de la Dra. Marzolo “falta darle más fuerza y recursos, que hubiera un personal netamente dedicado al tema huemul, por la relevancia que tiene. Es una especie que está en peligro de extinción, está en nuestro escudo nacional. Por todas esas razones, se justifica un mayor apoyo y aporte a la institucionalidad a cargo, que son el SAG y Conaf, mientras no exista el Servicio Nacional de Biodiversidad y Áreas Protegidas”.

Hay que trabajar rápido

Desde todos los sectores se valora mucho la disposición a trabajar y a interesarse en el tema. Es una opinión que comparten las autoridades de gobierno con el mundo científico y las organizaciones. Pero falta darle un sustento legal para que con el tiempo se formalicen centros de rescate para la fauna silvestre y existan equipos dedicados a este problema. 

La Dra. Marzolo insiste en que “lo que se está viendo no es solo que hay una población muy disminuida, sino que no se sabe efectivamente cuántos están enfermos; además con los antecedentes de la huemula fallecida es claro que hay un nivel de sufrimiento del animal que es notable. Tiene que haber sufrido mucho este animalito para morir de una falla multisistémica y eso es algo que nos tiene que conmover”.

Sin embargo, pone el énfasis en que para avanzar de forma real es necesario “ponerle valor a las cosas. Las propuestas de trabajo concreto tienen un costo. Si queremos hacer los hemogramas como se tienen que hacer, eso tiene un costo. Si queremos hacer una vacuna yun test diagnóstico también”.

Pero es necesaria la creación de políticas públicas fuertes y que no quede tan solo a la disposición de un grupo de personas que apoya estas investigaciones por simple empatía. “Este caso de la huemula que falleció y el estado en que se encontraba es una alarma… están sonando todas las alarmas. Yo creo que es relevante tratar que esta información sea conocida y llegar lo más arriba posible para que quizás la institucionalidad tenga más apoyo para tratar este problema”, apunta María Paz Marzolo.

 

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