Cámara Chilena de la Construcción, Coyhaique
Imagine usted comprar un terreno en un loteo y descubrir que los dos últimos sitios no tienen acceso propio. Para entrar o salir, sus dueños deben cortar el cerco del vecino, pedir permiso cada vez que necesitan pasar y ajustar su vida diaria a condiciones que no dependen de ellos. Sería una situación absurda, contraproducente, que afectaría directamente su calidad de vida, libertad y posibilidades de desarrollo. Pues bien, esos dos últimos lotes somos las regiones de Aysén y Magallanes.
En nuestra zona austral seguimos conviviendo con pasos fronterizos que funcionan con horario de oficina, aeropuertos de buen estándar, pero con operación limitada, y barcazas, que muchas veces, hacen demasiado lento y complejo algo tan básico como salir o entrar de la región. La emergencia, la actividad productiva, el turismo, la salud y la vida cotidiana no siempre caben dentro de esos horarios.
¿Les suena conocido? No se engañen: no hablamos solo de Aysén. Esta fue parte de la realidad expuesta por la alcaldesa de Puerto Natales, Ana Mayorga, durante el encuentro, "Chile por Chile 2026", desarrollado en dicha comuna y que reunió a los gobiernos regionales de Los Lagos, Aysén y Magallanes.
Fue imposible no advertir que los problemas que por años hemos planteado desde Aysén también se viven más al sur. La desconexión no es una incomodidad aislada: es una condición estructural que afecta a todo el extremo austral. Vivir aquí, muchas veces, implica programar con excesiva anticipación un viaje, depender de una barcaza, de una ventana climática, de un horario fronterizo o de una ruta incompleta. Y eso, en pleno siglo XXI, no puede seguir siendo considerado normal.
El acuerdo Chile por Chile, firmado en abril de 2025, y que sigue en trabajo este 2026, busca avanzar hacia una interconexión soberana, efectiva y permanente entre Los Lagos, Aysén y Magallanes. No se trata de una idea nueva. En Aysén muchos lo hemos planteado desde hace años, al igual que en Magallanes. Por eso resulta importante destacar la palabra "acuerdo": porque existe una oportunidad distinta, una voluntad común y, especialmente, un cambio de enfoque desde la región de Los Lagos que permite dar continuidad y viabilidad a este esfuerzo.
Viajar por tierra desde Coyhaique hacia el norte implica avanzar por la Carretera Austral para cualquiera que conozca nuestra geografía y haya realizado ese tramo, no hay que explicar demasiado: es un viaje exigente, largo, cortado y condicionado.
Sin embargo, también es un trayecto viable. Tan viable que hoy existe interés privado en desarrollar una ruta terrestre de alto estándar que conectaría Chaitén con Ralún, lo que permitiría acortar significativamente el viaje entre Coyhaique y Puerto Montt. Pensar en viajar sin depender de una barcaza, un avión o una frontera extranjera, no es un capricho: es aspirar a una libertad básica de conexión con el resto del país.
En el encuentro "Chile por Chile 2026" se abordaron puntos clave para avanzar en esa dirección: una soberanía real mediante conexión terrestre y marítima directa entre Magallanes, Aysén y Los Lagos por suelo chileno; el fortalecimiento de la ruta marítima Puerto Yungay—Puerto Natales; la aceleración de obras viales, incluida la pavimentación de la Carretera Austral; y una mayor coordinación territorial entre los gobiernos regionales del sur y la Subdere.
Desde Aysén creemos que, a esos objetivos, debe sumarse una coordinación territorial que articule el trabajo entre los gobiernos regionales, el ministerio de Obras Públicas y los gremios. La conexión hacia el norte no puede quedar fuera de esta mirada estratégica. Si hablamos de integración austral, debemos hablar de continuidad completa.
Estamos ante un momento histórico de voluntades, criterios compartidos y trabajo conjunto. Debemos aprovecharlo. Durante décadas, para Chiloé también fue un sueño conectarse físicamente al continente, y hoy ese anhelo está cada vez más cerca con el Puente Chacao. Entonces, pensar en conectar dos regiones con el resto del país no parece descabellado ni poco viable. Al contrario: parece urgente, justo y necesario.
Una obra de esta magnitud no se construye de la noche a la mañana. Requiere etapas, planificación, inversión y, sobre todo, voluntad política sostenida. Por eso, el anuncio del Gobierno de dar continuidad y pavimentar la Carretera Austral va en la dirección correcta. Desde la Cámara Chilena de la Construcción valoramos esa señal, porque entrega respaldo y viabilidad a una visión mayor: que Chile se conecte con Chile y nuestra tarea es procurar que así sea, porque, hoy más que nunca, nuestro norte debe ser conectividad austral para una soberanía real de nuestro extremo sur.



















