Ivonne Coñuecar, Escritora, periodista y docente coyhaiquina
La historia de las ferias de libros en Coyhaique no ha sido continua. Si bien no existe claridad sobre qué número de versión corresponde, hay que destacar que este año la iniciativa se retomó con fuerza. En abril, con la Feria Independiente del Libro de Aysén y, ahora, con la Feria Internacional del Libro.
La última versión se realizó en 2019. Siete años sin Feria del Libro obliga a revisar años e hitos, autores, autoras, editoriales. Y, haciendo un poco de memoria, gracias al material aportado por Gloria Carrillo, directora de la Biblioteca Regional, la primera feria del libro en Coyhaique se realizó en 1991, organizada por la propia institución. Recuerdo con cariño y valoro el trabajo de Magdalena Rosas y tantas otras personas que hicieron posible aquellas ediciones noventeras en la Casa de la Cultura, ese lugar tan de nuestra memoria, que colindaba con la cancha de patinaje, cuyo espacio hoy ocupa el Centro Cultural. Eran días memorables, entre libros, estufas, mates y conversaciones. Inspiraba esa impronta y dedicación que las personas le impregnaban a la cultura y las artes. Era un ambiente de reencuentro y un hito cultural para la región y para mí, coincidiendo mi entrada a la adolescencia con los primeros años de la transición.
Tras otra interrupción entre 2007 y 2011, el evento se llamó Feria del Libro Encuentro Coyhaique 2011: Patagonia, la tierra donde la Literatura se estremece. En esa versión hicimos un conversatorio en homenaje a Enrique Valdés, quien falleció el 2010, y hablamos sobre su obra junto a Mario González Kappes y Pedro Guillermo Jara.
Las ferias son mucho más que encuentros comerciales o eventos culturales, son espacios de circulación de ideas, que permiten reconocer una cartografía de la producción bibliográfica. Destaco dos editoriales fundamentales, a las que estoy afectivamente vinculada, y las que aprecio por esa resistente labor, al margen del mercado y a contrapelo de una centralización que impacta con fuerza en las zonas extremas. Me refiero a Ediciones Kultrún, fundada por Ricardo Mendoza Rademacher en Valdivia en 1985, y Ñire Negro Ediciones, surgida en Coyhaique en 2010 y consolidada desde 2011, dirigida por Mauricio Osorio. Ambas, han colaborado invaluablemente en la visibilización de autores y autoras de estas latitudes.
Las ferias de libros, y los intervalos que nos obligan a buscar modos para hilar su historia, nos invitan a reflexionar sobre la importancia de generar y preservar estos espacios que reúnen libros, creadores y comunidades lectoras, sobre todo en nuestra región, donde las distancias geográficas condicionan el acceso a los libros.



























