Jessica Igor Chacano, Periodista y magíster en Relaciones Internacionales
Hace un par de meses, cuando recién comenzaba en esta aventura de escribir columnas de opinión, planteaba, entre tantos otros temas, el eterno problema de la conectividad y la falta de recursos para la implementación de equipamiento sanitario en nuestra región.
Sin embargo, estos son problemas que conocemos desde hace décadas y que, lamentablemente, no han sido solucionados del todo, sino que muchas veces han recibido respuestas parciales que nos permiten continuar, hasta que una nueva emergencia vuelve a ponerlos sobre la mesa.
Eso es precisamente lo que ocurrió la semana pasada, cuando dos pacientes en estado grave debieron ser trasladadas fuera de la región, ya que nuestro hospital regional no contaba con los equipos necesarios para brindarles la atención que requerían. A la precariedad sanitaria se sumó un problema que tampoco debería sorprendernos, una tormenta de nieve dejó al aeropuerto inutilizado y dificultó aún más la posibilidad de realizar los traslados. Finalmente, un vuelo privado permitió sacar de la región a estas pacientes junto a otra persona que también esperaba ser trasladada por una enfermedad diferente.
Es difícil no preguntarse cuánto de todo esto responde realmente a una emergencia imprevisible y cuánto, en cambio, corresponde a problemas que hace mucho tiempo sabemos que existen. La conectividad de Aysén no es un descubrimiento, tampoco lo son las dificultades que presenta nuestro clima durante los meses de invierno. Mucho menos la necesidad de contar con una red sanitaria capaz de responder a las particularidades de un territorio aislado como el nuestro.
Quienes vivimos en la Patagonia sabemos que una tormenta de nieve no es un fenómeno extraordinario, sabemos que las condiciones climáticas pueden cambiar en pocas horas y que una vía de conexión puede quedar interrumpida. Sabemos también que, cuando se trata de una emergencia médica, el tiempo puede marcar la diferencia.
No basta con preocuparse cuando un aeropuerto queda inutilizado, hay que trabajar antes para garantizar alternativas de conectividad. No basta con lamentar que un paciente deba ser evacuado fuera de la región, hay que preguntarse qué prestaciones, equipamiento y capacidades debiera tener nuestro sistema de salud para disminuir esa dependencia.
Hace algunos días leía la columna de opinión de una parlamentaria que manifestaba su preocupación por situaciones como estas, y pensé que existe una diferencia importante entre la preocupación de un ciudadano y la de una autoridad. Un vecino puede legítimamente decir, "Esto me preocupa". Una autoridad, en cambio, debiera decir, "Esto me preocupa y esto es lo que haré para solucionarlo".
Quienes ocupan cargos de representación no fueron elegidos solamente para observar las dificultades del territorio, comentarlas o lamentarlas. Fueron elegidos para impulsar soluciones, gestionar recursos, fiscalizar, legislar y exigir respuestas cuando estas no llegan. Preocuparse es humano, pero ocuparse es una responsabilidad.



















