Orlando Baesler Heger, Arquitecto Llega un momento en la vida de toda sociedad en que es necesario sacudirse de las ataduras del pasado y comenzar a mirar en grande hacia el futuro desechando rencores y antiguos resentimientos.
Chile se encuentra hoy en una posición inmejorable para comenzar una vertiginosa carrera hacia un primer mundo que en América del Sur solo Argentina ostentó en un pasado no muy lejano y que nuestro país puede alcanzar pese a la pérdida de cuatro valiosos años en los cuales el sistema económico y social de nuestra patria demostró una fortaleza indestructible que soportó un saqueo institucionalizado de las arcas fiscales por parte de gente bastante ineficiente e incompetente que afortunadamente en su parte más dañina, ya se encuentra fuera del gobierno.
Es indudable que el Cobre y el Litio constituyen parte fundamental de nuestra futura capacidad de crecimiento, sin embargo, nuestra producción marítima y agropecuaria, entre otras, también constituyen herramientas que deberán ser optimizadas para recuperar el nivel de vida que teníamos antes de los intentos de destrucción de nuestro sistema económico.
La posibilidad de un crecimiento que convierta a nuestro país nuevamente en un referente para toda América Latina parece haber causado una gigantesca angustia en aquellos cuya única propuesta es la de gastar el dinero ajeno sin saber como producir el propio por lo cual de una manera bastante pintoresca se dedican a criticar todo aquello que haga o diga un gobierno que ha decidido tomar el toro por las astas y terminar con la inoperancia por parte de los servicios públicos , apoyar el actuar de las policías ante la delincuencia desatada y frenar una inmigración descontrolada.
El país está comenzando a funcionar nuevamente por lo cual el progresismo se encuentra nervioso y muy preocupado sin tener en cuenta que el próximo resultado de cientos de auditorías es lo que debiera constituirse para ellos en una principal preocupación.




















