Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida Parece ser inevitable que termine refiriéndome y reflexionando sobre lo ocurrido el 4 de septiembre. Y lo hago de modo personal, un tanto suicida y atrasado pensaran algunos, aunque en lo organizacional también había harto en juego en derechos ambientales y ecológicos. Ya veremos cómo continúa esto.
Ese día, sin preguntarnos, ni legalidad alguna, nos cambiaron la hora en nuestros "teléfonos inteligentes". La mesa de votaciones de toda mi vida (hasta tengo un carné de ella) igual me la cambiaron y así me encontré ante una urna de plástico nuevito (¿chino?) votando en otra escuela a la que acostumbraba. La verdad es que, si te cambian la hora así como así en ese aparato donde mueves tanta información y del cual a estas alturas somos harto dependientes y nos dio lo mismo, ¡vaya saber a qué más estamos expuestos! Todo esto tuvo su sentido premonitorio o al menos simbólico.
Los resultados de ese plebiscito a muchos les parecieron sorpresivos y depresivos. A otros les habrán alegrado. Ojalá al menos sirva para dejarnos más contentos con una constitución mejor. A algunos nos llamó la atención de que en Petorca, las zonas de sacrificio, las comunidades de pueblos originarios y los sectores más marginales ganase el rechazo, cuando se suponía la nueva Constitución era poco menos que para ellos. Es más, la plurinacionalidad fue de los principales caballos de batalla del rechazo y ahora resultaba que a los supuestamente beneficiarios no les gustaba ¿o no entendieron de que se trataba? La cuestión es que en días posteriores se criticó el "roteo" hacia quienes habían votado de esa forma, y claro, no dejaban de tener razón. La verdad es que "rotear", aparte de sus implicancias paternalistas, es simplificar demasiado un asunto aparentemente más complejo. Aunque tampoco hemos visto mayores explicaciones sobre las causas de algo que a primera vista cuesta entender. Una que vi por ahí, aparte de la de las mentiras y manipulación, es que esa gente espera soluciones más inmediatas que una constitución. Otra es la ignorancia. Es como cuando tienes hambre y te regalan un libro. Claro que esa votación va a ser argumento para olvidar o reducir más de alguno de esos derechos constitucionales que se proponía. Si es que llega a haber nueva constitución, porque hay un sector poderoso que definitivamente no la quiere.
¿Y a que se puede deber el resultado del domingo 4? ¿La ignorancia, las mentiras, el gobierno, que la gente no lee y que no entiende lo que lee? Pues, para mí no fue uno solo, sino varios o más bien la combinación de ellos. Cuando en el primer plebiscito el rechazo saco 20% y los constituyentes electos de ese sector no alcanzaron el tercio como para poder influir en el texto ¿Qué hicieron? Pues, decidieron trabajar en desacreditar y aportillar el proceso y a la Convención y hacer campaña por el rechazo en el plebiscito de salida. No les quedaba mucha alternativa, y lo hicieron bien y contaron con buenos aliados. El mejor probablemente fue nuestra acendrada costumbre-deporte nacional por el chaqueteo. Desde los más de dos tercios de la Convención que estaban demasiado seguros y soberbios de su supremacía, con o sin querer, recibieron ayuda gratis. Hasta sin ser político, no cuesta mucho adivinar que si le piso los callos a los poderosos, es más o menos evidente que estos se defenderán con todo. Cuando se escribe una constitución que afecta los intereses de poderosos empresarios, el Senado, la jerarquía de la iglesia católica y las iglesias evangélicas, los nacionalistas y hasta a los medios de comunicación, es obvio estos no se van a quedar de brazos cruzados. Vale agregar, además, que la Convención desde sus inicios fue vista con malos ojos desde los partidos políticos. O sea, tenían en contra a prácticamente todo el "establishment" o "sistema". Así ocurrió que, mientras unos debatían la propuesta constitucional con mala prensa, escaso plazo y hartos obstáculos, los otros llevaron más de un año de ventaja de campaña. Organizar e instalar una campaña demora meses; nuestra experiencia con los megaproyectos en la región es de que nos tomó prácticamente un año en salir a la opinión pública nacional y tomo varios años para influir y llegar a ser mayoría.
Y cuando, finalmente entraron en campaña, con un gobierno inexperto recién asumido, el que desde que fue elegido también estuvo bajo ataque, resulta que la contingencia económica y de inseguridad le vino a dar otra mano al rechazo. Si bien no me atrevería a decir que hubo voto de rechazo al gobierno, sí creo hubo harto voto de protesta por las continuas alzas del costo de la vida y hasta hay quien cree que los votantes obligados también protestaron.
Y finalmente, no menos importante, esta la forma y medios de y con qué hacer campaña. Desde las elecciones del Brexit, Trump y Bolsonaro, con nuevas tecnologías digitales, nos estamos encontrando con nuevos métodos y versiones desconocidas de lo que antes eran las campañas de manipulación. Esa gente cuenta con decenas de experimentados científicos y técnicos como para convencernos de cualquier cosa. J. Goebbels a estas alturas es una alpargata en comparación. Y definitivamente, hay muchos quienes creen más en las conspiraciones y los cuentos bien difundidos, que en la verdad mal difundida. Vale agregar el tremendo poder de influencia que tiene la televisión (que va directo al subconsciente) y donde nada es casual. La verdad es que no era cosa de solo llegar y leer la nueva Constitución y aprobarla por quiénes según el último estudio, 84% no entiende lo que leen. Y no es el único indicador negativo de este tipo que hemos visto en estos días.
La cuestión es que ahora la pelota está de vuelta en las manos del "establishment /sistema" y ya veremos qué pasará.





















