Editorial, Redacción Más que una fecha de discursos o gestos simbólicos, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en nuestro país y en la región es un llamado urgente a la reflexión y, sobre todo, a la acción concreta. Históricamente, las mujeres han jugado roles vitales en diversos ámbitos, y hoy es casi imposible encontrar un espacio donde no destaquen basándose en su esfuerzo y compromiso. Sin embargo, la brecha para alcanzar una igualdad de oportunidades plena sigue siendo el gran desafío de nuestra sociedad.
En el corazón de la Patagonia, el liderazgo femenino está transformando la ciencia. Investigadoras que estudian desde el impacto de los microplásticos en los mares hasta los mecanismos de la neuroinmunología para un envejecimiento digno, demuestran que la ciencia del futuro debe ser colaborativa, diversa y paritaria. Estos liderazgos no sólo generan conocimiento, sino que crean referentes reales para que las niñas crezcan sabiendo que en áreas como la inteligencia artificial o la tecnología no tienen límites.
En el ámbito de la justicia, el cambio es histórico. La justicia hoy tiene "alma, voluntad y fuerza de mujer", reflejada en hitos como el liderazgo femenino en el máximo tribunal del país y en reformas clave para la asistencia judicial. No obstante, esta misma justicia social es la que nos obliga a mirar hacia aquellas que aún lidian con dramas cotidianos, abusos laborales y la búsqueda del sustento para sus hijos.
La realidad del emprendimiento en Chile revela una carrera con "doble jornada". Aunque el 40,7% de los microemprendedores son mujeres, el 95,6% de ellas debe compaginar su negocio con trabajos domésticos o de cuidados no pagados. A esto se suma la barrera del financiamiento: solo un 12,2% accede a créditos formales, lo que obliga a muchas a emprender por necesidad y no por oportunidad. La igualdad básica para el desarrollo del país exige que ninguna mujer deba elegir entre sostener su negocio o sostener a su familia.
Incluso en los altos niveles ejecutivos y en industrias STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), los obstáculos persisten. Persiste una brecha salarial del 23,3% en Chile y una proyección global de 134 años para cerrar la brecha de participación económica. Además del techo de cristal, existe una barrera interna alimentada por la autoexigencia y el síndrome de la impostora.
El 8 de marzo simboliza la resiliencia de quienes construyen una región más justa. La meta final es la coherencia: que la innovación y el progreso económico sean diseñados y liderados por una fuerza laboral que refleje fielmente la pluralidad de nuestra sociedad. Luchemos para que la igualdad de oportunidades deje de ser una consigna y se convierta en una realidad cotidiana.






















