Columnista, Colaborador
Por mera casualidad o designios del destino, septiembre alberga algunos de los hitos más importantes de la Izquierda Chilena y del Partido Socialista. En septiembre de 1932, un año antes que se creara el PS, la República Socialista encabezada por Marmaduke Grove llega a su final. El 4 de septiembre de 1970 logra la victoria quien será el primer presidente socialista democráticamente electo del mundo: Salvador Allende, millones volverán a sus casas "con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada". Sólo 3 años más tarde, la traición, la maldad y la corrupción política y moral encabezarán el Golpe de Estado.
Septiembre fue el inicio del sufrimiento de millones de compatriotas, habrán torturados, violados, asesinados y desaparecidos. No obstante, ese septiembre también vio nacer lo mejor de nosotros: hombres y mujeres que, poniendo su vida en juego, lucharán en clandestinidad por el retorno a la democracia, uno de ellos: Camilo Escalona Medina.
Esa mañana de septiembre, hace más de 5 décadas, un niño de 16 años, presidente nacional de los secundarios, ya había decidido su destino: socorrer la democracia, preservar la institucionalidad histórica de Chile y defender la decencia. Se acababa su niñez con la sentencia de su madre: "que no vuelva un cobarde". Deberán pasar 15 años para que vuelva a verla, un exilio y un retorno secreto, 3 lustros de clandestinidad en los cuales no podrá asistir al funeral de su padre, la CNI lo cazaba. Fue después de más de 5400 días que podrá usar su nombre real, ese que retumbará en la historia chilena.
Le he dicho a mi hija Aruna que he tenido el orgullo de vivir en época de gigantes: entre ellos Gladys Marín y Camilo Escalona, a ambos pude conocerlos en persona y con Escalona, al menos por mi parte, cultivar una relación política, de cariño y admiración. Le confesaría en Puerto Tranquilo que "antes de ser socialista, cuando era niño, ya lo admiraba porque era choro".
Fue más valiente que muchos, incluso a costas suyas. Muchos no lo recordarán en su contexto y será más fácil rememorarlo como un simple negociador o el hombre fuerte de la política, alguna vez lo llamaron matón. No, no fue eso, fue tanto más que no existe texto que pueda escribir para honrarlo en justa medida.
En democracia, en la cúspide de popularidad, Escalona sacrificó todo su capital político para defender al PS, a Ricardo Lagos y por cierto y sobre todo de Michelle Bachelet. Nadie hizo ese sacrificio en Democracia y ciertamente lo que hizo en dictadura pocos podrán igualarlo.
Hace más de un año lo llamé cuando supe que estaba enfermo, lloré, algo que contrastó con la serenidad de Camilo, dijo: "tranquilo compañero, los doctores me dejaron volver a la acción política". Hace meses le escribí y le conté que mi hija estaba leyendo los libros que me regaló, uno de ellos dedicado a una niña de 9 años y que hoy a los 16, analiza ser JS. Ahora ya no le podré llamar ni escribir cro.
He vivido entre gigantes, algunos lejos, otros cerca, algunos conocidos y otros familia, imaginarios y reales. Viví en la época de Escalona, el último gran cuadro del socialismo chileno, modelo desde donde germinarán miles de nuevos socialistas, todos con "el valor más importante que tenemos en medio de las dificultades que atravesamos" deberán "constituir una sólida hermandad de militantes socialistas que se mueven con el propósito de avanzar hacia una sociedad más justa, más digna, más igualitaria, de ayudar a los más débiles".
Hasta siempre, compañero Camilo Escalona, cuando llegue a destino abrace fuerte al cro. Allende.



















