Editorial, Redacción Es triste enterarse por los medios de comunicación de la realidad que estarían viviendo usuarios y usuarias del ELEAM de Coyhaique, a partir de denuncias que han sido planteadas públicamente por distintos parlamentarios de la región, incluso en el Congreso Nacional. Pero más preocupante resulta que, hasta ahora, no se conozca una respuesta contundente de las autoridades competentes frente a una situación que requiere explicaciones y, sobre todo, acciones.
Lo dijimos en una editorial anterior: los adultos y adultas mayores siempre han sido presentados como una prioridad por este y por anteriores gobiernos. Pero cuando se solicitan señales concretas que permitan demostrar que esa prioridad existe, lamentablemente muchas veces las respuestas no aparecen con la rapidez que la situación demanda.
¿Qué estamos esperando? ¿Qué tiene que pasar para que nuestros adultos mayores puedan vivir esta última etapa de sus vidas con dignidad, seguridad y mejores condiciones?
Un ELEAM fue concebido precisamente para entregar cuidados, bienestar y condiciones adecuadas a personas que requieren apoyo permanente. Por eso, cualquier denuncia sobre eventuales deficiencias debe ser investigada con seriedad y, si corresponde, corregida con rapidez. No se trata de buscar culpables antes de tiempo, sino de garantizar que quienes viven allí reciban el trato y los cuidados que merecen.
La ciudadanía tiene derecho a preguntarse qué están haciendo las instituciones públicas que tienen competencia en esta materia. También tiene derecho a conocer qué medidas se están adoptando, cuáles son las condiciones actuales del establecimiento y qué se hará para resolver las situaciones que sean efectivamente constatadas.
Y aquí hay algo que no debiera perderse de vista: no todo es un problema presupuestario. También existe una dimensión de gestión, de voluntad y de actitud frente a una realidad que afecta a personas especialmente vulnerables.
Nuestros adultos mayores no pueden convertirse en una prioridad solamente en los discursos, en las ceremonias o en los programas de gobierno. Las prioridades se demuestran cuando existen problemas concretos y se toman decisiones para resolverlos.
Ojalá no tengamos que esperar a que ocurra un hecho todavía más grave para reaccionar. La dignidad no puede ser una promesa para el futuro. Es una obligación del presente.
Si los adultos y adultas mayores son realmente una prioridad, demostrémoslo con acciones. Porque la ciudadanía no necesita más declaraciones sobre cuánto nos importan: necesita ver que las instituciones están haciendo lo necesario para protegerlos y asegurarles una vida digna.





















