Columnista, Colaborador El mes del orgullo, como se está conociendo al mes de junio, se ha desarrollado con muchas actividades de visibilización, reconocimiento y apertura frente a las diversidades sexogenéricas.
Como Corporación Transformando, hemos participado en varias de ellas, como un clan de familias trans que apoya a otras familias con hijas, hijos o hijes que están viviendo un proceso de transición de género. Lo hacemos con mucho amor y respeto porque sabemos por lo que están pasando; la falta de información y educación respecto a las transiciones es abismante y los discursos de odio se van transformando en amenazas que nadie quiere para los suyos. Compartimos el sentir de las familias porque lo hemos vivido y es muy importante escuchar, empatizar y apoyar a ese papá o a esa mamá que siente como su vida cambia porque la persona que uno más quiere en la vida se muestra tal cual es.
En este mes hemos escuchado palabras de autoridades que emocionan por el compromiso que transmiten y hemos visto con hechos concretos que existe apoyo más allá de las palabras. Sin embargo, quisimos darle una vuelta a una frase que se ha pronunciado en distintas ocasiones y en la cual, citando el "Manifiesto (hablo por mi diferencia)" del gran Pedro Lemebel se empatiza con las diversidades sexo genéricas diciendo "Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota y yo quiero que vuelen compañero, que su revolución les dé un pedazo de cielo rojo para que puedan volar."
Estas palabras fueron escritas hace casi 40 años y nos hacen reflexionar si de verdad los niños nacen con una alita rota o es que nosotros como sociedad se las rompemos.
En nuestra cultura heterocisnormada, rompemos "esas alitas" cuando invisibilizamos y no reforzamos a quienes sienten que el género que se les asignó al nacer no les corresponde.
Vamos rompiendo alitas cuando hay burlas y discriminación por parte de los pares hacia aquellos que se muestran tal y como son; como ha ocurrido en comunidades educativas donde la negligencia y desidia frente a estos actos, han causado episodios tan terribles como el suicido de José Matías en Copiapó.
Vamos rompiendo alitas cuando subestimamos el aporte en salud mental y bienestar que significa el acceder a tratamientos hormonales a infancias y adolescencias trans.
Vamos rompiendo alitas cuando no defendemos a nuestros hijos e hijas de las discriminaciones que viven dentro de las propias familias, cuando cuestionamos su forma de vestir y cuando hacemos comentarios homofóbicos y transfóbicos frente a elles.
Vamos rompiendo alitas, cuando los echamos de nuestras casas por falta de comprensión, amor y respeto.
Vamos rompiendo alitas cuando nuestros líderes religiosos propagan mensajes de odio hacia las diversidades sexogenéricas, criticando y denostando a los y las valientes que se atreven a mostrarse tal cual son.
Vamos rompiendo alitas cuando no damos oportunidades laborales o discriminamos a nuestros compañeros y compañeras de trabajo por su orientación sexual o identidad de género.
Creemos que ninguna persona de la comunidad LGBTIQA+ nace con "una alita rota". Nuestra responsabilidad y trabajo debe estar enfocado en que nadie nunca rompa esas alas, para que puedan volar donde ellas quieran.






















