Rosa Pesutic Vukasovic, Secretaria de Finanzas Regional Aysén del Partido Comunista de Chile
El año 2017 marcó un antes y un después en los derechos de las mujeres. Tras un arduo debate ético y moral, con fuerte oposición de sectores conservadores, finalmente vio la luz la Ley 21030 que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales, más conocida como ley del aborto.
Las causales invocadas son riesgo vital, cuando la salud o la vida de la mujer corre peligro grave durante el embarazo; la inviabilidad fetal, cuando el feto tiene una enfermedad grave y letal que no le permite vivir fuera del útero; violación, cuando el embarazo es el resultado de un ataque sexual. Como se ve no es una ley de aborto total y su implementación tiene sus bemoles, como la objeción de conciencia invocada por médicos e instituciones de salud que se niegan a realizar el procedimiento por motivos personales o religiosos.
Aún así, es un avance en reformas que fortalecen la no dominación de ciertos grupos sociales y un actuar más libre de la ciudadanía. Porque, no obliga al aborto, es solamente una opción para aquellas que decidan hacerlo invocando alguna de estas causales.
Cuando la mujer se ve en una situación límite como las mencionadas en el párrafo precedente el contar con esta opción legislativa, aunque no sea perfecta, permite acompañar con empatía y emocionalmente a la mujer en un proceso tan complejo.
Pero, un gobierno ultraconservador, como el de Kast, lo primero que hace al llegar al poder es frenar y quitar derechos a las mujeres. Como restringir el aborto, cuestionar la autonomía de género y defender la familia tradicional, marcada por autoritarismo de género masculino.
De allí que el proyecto de ley "Escucha Su Corazón" tenga la clara intención de suprimir el aborto en tres causales, porque si la mujer se niega a escuchar los latidos, el médico tratante queda legalmente impedido a realizar el procedimiento.
¿Qué sentido tiene escuchar los latidos de un feto que no vivirá fuera del útero o cuando la madre corre riesgo de morir si continúa con el embarazo o cuando ese feto es producto de una violación?
Está claro que cumpliría una función disuasiva, pero por sobre todo, aportaría una gran cuota de crueldad en mujeres que están al borde de su salud física, emocional, psicológica.
No es de extrañar que el proyecto haya sido presentado por Camilo Urruticoechea, del Partido Nacional Libertario y apoyado por diputados del Partido Republicano. Todos ellos ven un riesgo a su dominación, expresada en el núcleo familiar como también en la sociedad. El avance en derechos les provoca una reacción inmediata y esgrimen la tradición, los valores, el orden, como hechos sagrados que deben preservar. Luego vendrá el cuestionamiento del derecho a voto de las mujeres, el ataque a las universidades y a todo espacio de cultura y pensamiento crítico.
¡Debemos avanzar en la profundización de derechos, no volver atrás!





















