Columnista, Colaborador
Habitar un espacio, una región, una ciudad o un pueblo, no es simplemente permanecer allí. Tenemos también la responsabilidad de crear comunidad, de darle vida a nuestras comunas en torno a lo que somos, a nuestra identidad. Hay ciudades que se explican por sus edificios. La Región de Aysén, en cambio, necesita ser recorrida, que atravesemos sus caminos y conversemos con sus habitantes.
Nuestra identidad no está solamente en los libros, está en las personas, permanece en los nombres, los relatos familiares, en los oficios, y también en las huellas que han dejado los primeros.
Desde que asumí como seremi de Culturas Aysén, he tenido la enorme posibilidad de recorrer casi todas las comunas. Y en cada viaje confirmo algo que considero fundamental: nuestra tierra también educa. Nos enseña quiénes somos, de dónde venimos y, quizás lo más importante, qué queremos transmitir y hacia dónde queremos ir.
Por eso me han interesado también los cementerios, más allá de una pícara broma que puede causar, también es una forma de leer la historia. En las sepulturas antiguas aparecen apellidos, fechas y vínculos que nos llevan a preguntarnos quiénes fueron, cómo vivieron y qué dificultades debieron enfrentar para levantar nuestros pueblos y nuestras ciudades en esta geografía tan exigente. También nos humaniza, nos muestra la fragilidad de este fugaz camino de la vida.
Quienes nos precedieron hicieron caminos, construyeron viviendas, formaron familias y comunidades, muchas veces enfrentando aislamiento, distancias enormes y condiciones difíciles. Esa historia de esfuerzo debiera acompañarnos particularmente en estos años, cuando comenzamos a mirar hacia los 100 años de nuestras ciudades. Coyhaique los cumple el 12 de octubre de 2029 y antes, el 28 de enero de 2028, Puerto Aysén.
Cumplir 100 años, sin embargo, no debiera ser solo observar fotos antiguas. También es una pregunta sobre el futuro. Porque somos una región joven con una oportunidad extraordinaria que conecta a nuestros antepasados con las generaciones más jóvenes; un diálogo que convierte nuestra historia en creación, investigación, patrimonio. Porque le damos sentido a la política cultural cuando un niño conoce la historia de quiénes fundaron su localidad, cuando un joven encuentra oportunidades para desarrollar su talento artístico sin tener que abandonar necesariamente su comuna, o cuando una familia se reconoce en los festivales que apoyamos.
Nuestro trabajo está puesto ahí, en contribuir a que la cultura nazca, circule y pueda disfrutarse en todos lados; porque cada habitante de Aysén tiene derecho a encontrarse con el arte, reconocer su patrimonio y participar en la construcción de nuestra identidad.
Sabemos que la historia de Aysén todavía se está escribiendo y nuestra responsabilidad es cuidar las páginas que heredamos para que las nuevas generaciones escriban las suyas para imaginar juntos los próximos 100 años.




















