Editorial, Redacción Por estos días circulan distintas versiones sobre un eventual recorte al presupuesto de los gobiernos regionales para 2027. Aysén no estaría ajeno a esa situación y el gobernador regional Marcelo Santana ya ha expresado su preocupación por lo que podría significar para la región.
Pero hay algo más en sus declaraciones que resulta interesante. La propia autoridad reconoce que los malos resultados económicos obligan a mirar con más cuidado las expectativas que existían cuando el Gobierno asumió en marzo.
En ese momento se hablaba de que Aysén volviera a crecer. Detrás de esa frase había una expectativa concreta: que comenzaran a aparecer más oportunidades, que la actividad económica recuperara movimiento y que las familias pudieran sentir alguna diferencia en sus bolsillos.
Hasta ahora, eso no ha ocurrido con la fuerza que muchos esperaban.
Es verdad que existen algunas señales positivas. La inversión pública ha permitido sostener empleos y hay proyectos que siguen avanzando. También está por comenzar la temporada turística, que para Aysén mueve personas, servicios y recursos.
Pero el turismo tiene un problema evidente: dura una temporada.
La pregunta viene después. ¿Qué pasa cuando termina el verano y volvemos a una economía regional que todavía depende de actividades que no están pasando por su mejor momento? ¿De dónde vendrá el movimiento que necesitamos durante el resto del año?
Porque mientras se habla de crecimiento, en la vida cotidiana todavía se percibe otra cosa. Hay menos movimiento en algunos sectores, cuesta encontrar nuevas oportunidades laborales y muchas familias siguen mirando con cuidado sus gastos. No es necesario ser economista para darse cuenta cuando una ciudad está más lenta.
Por eso el eventual recorte a los gobiernos regionales genera preocupación. No se trata solamente de cuánto dinero tendrá el Gobierno Regional para ejecutar durante 2027. También está en juego la capacidad de impulsar proyectos, apoyar actividades productivas y generar condiciones para que la economía regional se mueva.
Aysén necesita inversión pública, pero también que esa inversión ayude a generar actividad privada y nuevas oportunidades. El turismo puede aportar mucho, pero no podemos pedirle que resuelva por sí solo una economía que necesita diversificarse y encontrar nuevos motores.
Hay optimismo entre las autoridades y es bueno que exista. Pero el optimismo también tiene que convivir con una mirada realista.
No necesita grandes anuncios. Necesita sentir que hay más trabajo, más movimiento y más posibilidades.
Quizás esa sea hoy la principal tarea: conseguir que la frase "Aysén vuelva a crecer" deje de ser una expectativa y comience, de verdad, a sentirse en la vida diaria de la región.





















