Columnista, Colaborador
Antes de comprar un pasaje, muchas familias de Aysén tienen que sacar cuentas una familia de cuatro integrantes tiene que gastar alrededor de $800.000. ¿Cuánto queda para el arriendo, cuánto para la comida y qué habrá que postergar para viajar? A veces se trata de visitar a los padres, atender una urgencia médica o acompañar a un hijo que estudia lejos. Desde aquí, la distancia también se siente en el bolsillo. ¿Como logra viajar alguien que gana el sueldo mínimo? ¿Se hace atractivo vivir en la zona?
Por eso me cuesta separar el precio de los pasajes de una pregunta mayor: ¿cómo quiere Chile fortalecer su presencia en esta parte del territorio austral? Podemos hablar de aviones militares, drones de vigilancia y tanques. Pero también debemos hablar de las personas que se levantan cada mañana para trabajar, educar, cuidar y construir su vida haciendo patria en esta región extrema.
Lo planteo desde una preocupación geopolítica. Un país necesita capacidades para proteger sus fronteras y defender sus intereses. También necesita una sociedad que pueda desarrollarse dentro de ellas. Las escuelas abiertas, los centros de salud con profesionales, los comercios y las organizaciones comunitarias forman parte de esa fortaleza. Allí hay una presencia cotidiana, hecha de personas concretas haciendo soberanía.
Aysén tiene una historia y una cultura que merecen proyectarse. Hay familias pioneras que han construido su vida enfrentando distancias y dificultades que desde el centro del país cuesta comprender. Sus tradiciones, sus conocimientos y su relación con el territorio son una riqueza cultural. Esa historia merece una política que permita continuarla, con mejores condiciones y oportunidades.
Cuando pienso en el futuro austral de Chile en la Patagonia, en su proyección antártica y en la protección de sus recursos naturales, creo que debemos prepararnos con seriedad. Eso requiere conocimiento, instituciones e infraestructura. Requiere también escuchar a quienes viven aquí. Las grandes decisiones sobre el territorio pierden sentido cuando se toman sin considerar cómo transcurre la vida en él.
Esta preocupación tiene un horizonte histórico. El Tratado Antártico, firmado en 1959 y a partir 2048 podrá solicitarse su revisión. Eso invita a preguntarnos con qué capacidades científicas, diplomáticas y logísticas sostendrá Chile sus intereses en dicho territorio durante las próximas décadas.
Fortalecer el espacio austral forma parte de esa preparación, reconociendo las funciones particulares de Aysén y Magallanes. una región conectada, con instituciones sólidas y oportunidades de desarrollo, contribuye a la capacidad nacional de actuar y proyectarse hacia el sur.
Queremos una región fuerte, pero permitimos barreras que dificultan llegar y quedarse. Terminamos siendo nuestro propio obstáculo. No podemos pedirles a las personas que asuman cualquier sacrificio en nombre de la soberanía. El Estado debe hacer su parte.
Modernizar la defensa puede ser necesario. Invertir en la gente de Aysén también lo es. Una comunidad con futuro aporta una fortaleza que se construye durante generaciones. Mientras los altos precios de los pasajes castiguen a quienes vivimos aquí, debilitaremos nuestra propia presencia austral. Por eso, subsidiar los pasajes aéreos a los residentes debe ser una prioridad de Estado. Un apoyo permanente, con reglas claras y beneficios que lleguen efectivamente a las familias, permitiría mantener vínculos y proyectar una vida en la región.
Estoy convencido de que la mejor estrategia de soberanía comienza por respaldar a quienes habitan este territorio. Subsidiar su conectividad es invertir en la gente que, todos los días, hace de Aysén una parte viva de Chile.























