Columnista, Colaborador
Hace pocos días, durante un viaje de trabajo a Cochrane y Chile Chico, experimenté nuevamente lo que significa desplazarse por nuestra región. Horas de conducción, interrupciones de tránsito por trabajos de mejoramiento de la carretera y, finalmente, la imposibilidad de regresar utilizando la conexión lacustre prevista. Una situación que puede parecer anecdótica, pero que refleja un problema mucho más profundo: en Aysén, trasladarse por razones laborales puede transformarse en una verdadera operación logística.
La prolongada mantención de la barcaza La Tehuelche, cuyo retorno fue postergado hasta fines de octubre, vuelve a evidenciar nuestra dependencia de medios de transporte que no siempre cuentan con alternativas suficientes. Las barcazas son fundamentales para la conectividad del lago General Carrera. No solamente trasladan pasajeros y vehículos; permiten sostener actividades económicas, abastecimiento, servicios públicos y desplazamientos indispensables para cientos de familias.
A ello se agregan los cortes de tránsito asociados a los trabajos de mejoramiento de la Carretera Austral. Obras necesarias, indudablemente, pero cuyos efectos deben considerarse en la planificación de los desplazamientos. Cuando coinciden restricciones viales, largas distancias y dificultades para embarcar, un viaje de trabajo puede extenderse considerablemente, obligando a modificar itinerarios, asumir gastos adicionales o regresar después de jornadas agotadoras.
¿Quién calcula ese costo humano? ¿Cuántas horas permanecen lejos de sus hogares los trabajadores que deben trasladarse entre Coyhaique, Cochrane, Chile Chico y otras localidades? ¿Cuánto afectan estas condiciones al descanso, la seguridad vial y la vida familiar? La conectividad no puede evaluarse únicamente mediante kilómetros construidos, inversiones anunciadas o frecuencias de navegación. También debe medirse por su impacto en la calidad de vida.
Desde la defensa y la planificación estratégica, estas situaciones tienen una denominación precisa: vulnerabilidades logísticas. Cuando una ruta o medio de transporte resulta indispensable y su interrupción carece de una alternativa suficiente, estamos frente a una dependencia crítica. En una región fronteriza, extensa y geográficamente fragmentada, esa condición merece atención del Estado.
He planteado anteriormente la necesidad de reconocer las particularidades de Aysén mediante un tratamiento especial de sus condiciones de aislamiento. Insisto en ello. Se requiere identificar corredores críticos, establecer capacidades de respaldo, coordinar las restricciones viales con los servicios de barcazas y disponer de planes de contingencia que permitan mantener los desplazamientos esenciales.
Las inversiones en nuevos transbordadores y mejoramiento de caminos son necesarias, pero deben acompañarse de planificación integrada. No basta con mejorar cada componente por separado si el sistema completo continúa exponiendo a sus usuarios a interrupciones y esperas difíciles de prever.
Aysén no necesita solamente mejores caminos y más barcazas. Necesita una estrategia de conectividad que comprenda que detrás de cada viaje hay trabajadores, familias y personas cuyo tiempo, descanso y seguridad también importan.
























