Editorial, Redacción Anecdótico o no, el hecho de que el ministro de Obras Públicas y Transportes haya vivido en carne propia lo que significa no poder aterrizar en el aeropuerto de Balmaceda debería dejarle, al menos, una conclusión concreta respecto de la importancia que tiene para Aysén contar con un terminal aéreo preparado para operar bajo las condiciones meteorológicas propias de esta zona del país.
El ministro no pudo aterrizar en su primer intento debido, entre otros factores, a que el aeropuerto no cuenta con un sistema ILS, instrumental que permite mejorar las condiciones de operación y aproximación de las aeronaves cuando existen condiciones meteorológicas adversas. Se trata de una tecnología que requiere una inversión importante y que, al menos durante este año, no tendría posibilidades concretas de ser incorporada.
La situación vuelve a instalar una pregunta que ya no puede seguir postergándose: ¿está realmente Balmaceda en condiciones de responder a las necesidades de conectividad aérea que tiene Aysén? La experiencia reciente parece entregar una respuesta bastante clara.
El propio gobernador regional Marcelo Santana, la senadora Jimena Órdenes y otros parlamentarios que esperaban al ministro desde temprano tuvieron que esperar varias horas para concretar su llegada. Más allá de la anécdota, lo ocurrido demuestra las dificultades que enfrenta una región que depende fuertemente del transporte aéreo para conectarse con el resto del país.
Y no se trata solamente de turismo. La conectividad aérea es fundamental para quienes deben viajar por razones de salud, estudios, trabajo, trámites y tantas otras actividades que forman parte de la vida cotidiana de los habitantes de Aysén.
El aeropuerto cuenta hoy con un amplio y moderno terminal de pasajeros, lo que constituye un avance importante. Pero una buena infraestructura para recibir pasajeros pierde parte de su sentido si las condiciones de operación no permiten garantizar la continuidad de los vuelos cuando el clima se vuelve adverso.
Por eso se requiere acelerar las inversiones y definir con claridad qué obras e instrumentos necesita Balmaceda para transformarse en un aeropuerto acorde con las necesidades de esta región extrema. No parece razonable pensar en aumentar el flujo turístico durante todo el año si durante el invierno persisten dificultades que pueden impedir el aterrizaje y despegue de aeronaves.
Algo similar ocurrió en Valle Simpson, donde se anunció que 33 localidades apartadas de la región podrán acceder a Internet de mejor calidad mediante fibra óptica. Una noticia positiva que, paradójicamente, quedó parcialmente empañada porque la actividad se realizó precisamente en una localidad que aún presenta dificultades de conectividad digital, impidiendo a varios medios realizar transmisiones en vivo.
Son contradicciones que vale la pena visibilizar. Porque muestran que Aysén puede inaugurar infraestructura moderna y, al mismo tiempo, mantener brechas básicas que dificultan su utilización plena.
La región necesita avanzar en conectividad aérea y digital de manera simultánea. No basta con grandes anuncios ni con modernos edificios. Se requiere que la infraestructura funcione efectivamente y responda a las condiciones reales del territorio.
Quizás la experiencia vivida por el ministro en Balmaceda sirva precisamente para comprender que la conectividad de Aysén no puede seguir esperando. Aquí, llegar y poder comunicarnos no son lujos: son condiciones básicas para el desarrollo regional.
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