Hospital Regional Coyhaique, -
Hablar de salud en la región de Aysén nos obliga a hablar de distancias, familias, y profesionales que han trabajado por años para acercar la atención a nuestra región.
En nuestra región, cada 10 días una mujer recibe un diagnóstico de cáncer de mama. Casi una vez al mes es una mujer menor de 50, y más de la mitad de ellas lo descubrió al notar un cambio en su mama. Y aunque hablamos de cifras, cada diagnóstico cambia la vida de una paciente y su familia.
Nuestra geografía hace que acceder a una evaluación especializada no siempre sea sencillo. Para muchas pacientes implica horas de viaje, gastos y tiempo lejos de sus hogares. Por eso, cada avance en salud tiene un significado especial.
La historia de la Unidad de Patología Mamaria de nuestro hospital comenzó en la década del 80, con el trabajo del Dr. Pedro Pablo Pinto, quien impulsó las primeras atenciones especializadas junto al equipo de Matronería. Lo que comenzó en el Policlínico de Cirugía fue creciendo hasta convertirse en la unidad que conocemos hoy.
En 2005, la incorporación del cáncer de mama al Plan AUGE, actual GES (Garantías Explícitas en Salud), marcó un cambio importante al establecer garantías de acceso, oportunidad y protección financiera. Otro hito llegó en 2015, cuando, gracias a la puesta en marcha de la Unidad de Oncología, el trabajo de este equipo y las gestiones institucionales comenzaron a realizarse tratamientos de quimioterapia. Esto permitió que muchas mujeres recibieran parte de su tratamiento cerca de sus familias.
Con los años, el equipo médico se ha fortalecido con tres cirujanos especializados en cáncer de mama, ampliando la atención de enfermedades malignas y benignas, e incluyendo la resolución quirúrgica de la reconstrucción mamaria y de la hipertrofia mamaria, que mejora la calidad de vida de las pacientes. La apertura de la atención de patología mamaria benigna en Puerto Aysén representa un paso hacia la descentralización.
Las matronas también hemos sido parte importante de esta historia. Coordinamos exámenes, biopsias, controles y derivaciones, vigilamos los plazos de las garantías GES y mantenemos el vínculo con la red asistencial. Pero nuestro trabajo también consiste en escuchar, orientar y acompañar. Coordinar atenciones para aprovechar un mismo viaje puede hacer una diferencia para una paciente y su familia.
Aún tenemos desafíos. Contamos con mamógrafos en Coyhaique, Puerto Aysén, Puerto Cisnes y Cochrane, además de un mamógrafo móvil que recorre la región. Sin embargo, necesitamos seguir fortaleciendo la detección oportuna, la capacidad diagnóstica y el acceso a estudios genéticos ante la sospecha de cáncer hereditario. La radioterapia y algunos exámenes de etapificación todavía requieren traslados fuera de la región.
También debemos avanzar hacia una salud que considere la fertilidad en pacientes jóvenes con cáncer y las necesidades de cada persona, sin olvidar que el cáncer de mama, aunque poco frecuente, también puede afectar a hombres.
Octubre nos invita a hablar de detección precoz, pero la concientización debe ir más allá de un lazo rosado. Se expresa cuando alguien consulta a tiempo, cuando una persona puede recibir una atención oportuna y cuando una paciente puede recibir tratamiento cerca de quienes quiere.
Cada uno de estos logros ha sido posible gracias al trabajo de equipos que, durante años, han buscado acercar la atención a las mujeres de nuestra región.
Todavía queda mucho por hacer, pero también es importante mirar cuánto hemos avanzado.

























