Editorial, Redacción Por estos días se puso oficialmente en marcha Campo Vivo, programa impulsado por el Gobierno Regional de Aysén que busca dinamizar las actividades vinculadas al mundo campesino. Ganadería, horticultura, floricultura y otros rubros forman parte de una iniciativa que se viene trabajando desde hace meses y que será ejecutada en alianza con distintas instituciones, entre ellas INDAP e INIA.
Se trata de una apuesta ambiciosa y necesaria. El campo de Aysén lleva tiempo demandando mejores condiciones para desarrollarse, incorporar tecnología, mejorar sus procesos y generar productos capaces de responder primero a la demanda regional y, posteriormente, ampliar sus mercados.
La oportunidad existe. Los productos asociados al territorio y al sello Patagonia tienen una valoración que puede transformarse en una ventaja para nuestros productores. Pero para que eso ocurra no basta con tener buenos productos. Se requiere capacidad productiva, infraestructura, comercialización, innovación, asistencia técnica y condiciones que permitan a los pequeños y medianos productores crecer.
Campo Vivo también tiene un componente que va más allá de lo estrictamente económico. Aysén nació productivamente mirando hacia el campo. La ganadería y la agricultura fueron durante décadas pilares fundamentales de la economía regional y parte importante de la identidad construida por quienes llegaron a habitar este territorio.
Recuperar esa historia no significa volver al pasado, sino utilizarla como punto de partida para proyectar un campo distinto: más sostenible, tecnificado, competitivo y capaz de generar oportunidades para las nuevas generaciones.
El desafío será que esta iniciativa se traduzca en cambios concretos para cientos de campesinos y personas que viven de las actividades rurales en nuestra región. Que los recursos lleguen efectivamente al territorio, que exista acompañamiento permanente y que las distintas instituciones involucradas trabajen de manera coordinada.
También será importante mirar más allá de los mercados tradicionales. Aysén necesita producir más, pero también agregar valor, diferenciarse y encontrar nuevos canales de comercialización. El objetivo no debería ser únicamente abastecer mejor nuestro propio territorio, sino generar las condiciones para que productos de Aysén puedan llegar a otros mercados nacionales e internacionales.
Campo Vivo puede ser una oportunidad para recuperar una vocación productiva que nunca desapareció, pero que necesita nuevas herramientas para desarrollarse.
El campo sigue siendo parte de lo que somos. Ahora el desafío es que también vuelva a ser, con fuerza, parte de lo que Aysén puede llegar a producir y ofrecer al mundo.



















