Editorial, Redacción Nadie pone en duda el tremendo valor que tiene la Carretera Austral para Aysén. Es mucho más que un camino que recorre la región de norte a sur. Su historia está ligada al desarrollo de este territorio y terminó convirtiéndose también en parte de la identidad de Aysén y en uno de sus principales atractivos turísticos.
Hace 50 años comenzó su construcción. Ese aniversario fue recordado recientemente en Villa Cerro Castillo, donde también se reconoció a muchas de las personas que participaron en una obra que, para quienes conocen esta región, resulta difícil separar de la historia de Aysén.
Pero recordar cómo comenzó la carretera también debería servir para preguntarnos qué queremos hacer con ella durante los próximos 50 años.
Hoy existen distintos tramos en ejecución y se sigue avanzando en su pavimentación. El gran sueño es llegar algún día hasta Villa O'Higgins, donde termina la Carretera Austral dentro de nuestra región. Pero todavía estamos lejos. El objetivo más cercano parece ser Cochrane, y aun así hablamos de varios años de trabajo.
Es ahí donde uno se pregunta si estamos avanzando al ritmo que realmente necesita Aysén.
La carretera ha demostrado con creces lo que puede generar. Ha acercado localidades, facilitado el traslado de personas y productos y, sobre todo, ha permitido que miles de visitantes descubran lugares que antes eran prácticamente inaccesibles. Hoy es parte de la imagen que el mundo tiene de nuestra región.
Entonces, ¿por qué no pensar en ella con una mirada de largo plazo y con una inversión acorde con lo que representa?
Se habla mucho de conectar Chile por Chile, de integrar el territorio y de que las regiones extremas tengan las mismas oportunidades que el resto del país. La Carretera Austral es una de las obras donde ese discurso puede transformarse en algo concreto.
No se trata de pavimentar de un día para otro. Sabemos que las condiciones geográficas, climáticas y ambientales de Aysén hacen que cada kilómetro sea un desafío. Pero una cosa es reconocer esas dificultades y otra es aceptar que los avances necesariamente tengan que ser tan lentos.
El turismo también cambió. Aysén dejó de ser un destino desconocido y cada temporada son más las personas que quieren recorrer la Carretera Austral. Ese interés puede transformarse en empleo, servicios y oportunidades para las localidades que están a su alrededor.
Por eso quizás este aniversario debiera servir para mirar hacia adelante. No solo para recordar a quienes construyeron la carretera, sino también para preguntarnos cuánto estamos dispuestos a invertir para terminarla.
La Carretera Austral ya demostró lo que puede hacer por Aysén. Ahora nos corresponde decidir cuánto queremos que haga por la región que viene.






















