Carta al director, Ciudadano (a) A la opinión pública y a las autoridades correspondientes:
Escribo estas palabras con una profunda sensación de tristeza ante una decisión que destruye una de las iniciativas educativas más hermosas y necesarias de nuestro territorio: el programa Jardín a Distancia en la Región de Aysén.
Mi hija de 4 años formaba parte de este programa. Hace dos semanas nos envían un correo informando el término por falta de presupuesto.
Para quienes vivimos o conocemos la realidad de la ruralidad austral, sabemos que el campo no tiene grandes avenidas ni jardines infantiles a la vuelta de la esquina. Ahí, donde las distancias se miden en horas de huella y el invierno aísla vidas, dos educadoras, muy amorosas, con vocación de servicio, realizaban un esfuerzo sobrehumano para visitar tres veces al año a los niños y niñas que habitan los sectores más apartados. Tres visitas anuales pueden sonar a poco para quien vive en la ciudad, pero para nuestras hijas e hijos representaban una ventana al mundo, un abrazo pedagógico, la llegada de libros, juegos y la certeza de que no estaban olvidados.
Resulta incomprensible y doloroso que el gobierno actual haya optado por eliminar este programa. Con un lápiz en un escritorio centralizado se borró de un plumazo el derecho a la educación inicial de la infancia rural. Argumentar presupuestos o reestructuraciones para recortar justamente en la infancia más vulnerable y aislada de Aysén no es solo una falta de sensibilidad, es un abandono de Estado en toda regla.
La educación no puede medirse únicamente por la cantidad de alumnos por metro cuadrado. Los niños del campo valen lo mismo que los de la ciudad y merecen que el Estado llegue hasta el último rincón de la Patagonia para garantizar sus derechos.
Exijo a las autoridades reconsiderar esta medida, mirar a la cara a las familias rurales y restituir un programa que no era un gasto, sino un puente de dignidad y esperanza para nuestros niños y niñas.
Atentamente,
Una ciudadana comprometida con la infancia y la ruralidad de Aysén y una hija apenada por que las tías ya no vendrán a ver.
Paulina Hopperdietzel Ralph




















